Sobre a Deficiência Visual

 ║início ║notícias

║a saúde
║dos olhos

║textos
║didácticos

║olhares sobre
║a cegueira
║na literatura

║arte e
║cegueira

║a cegueira
║vista pelo
║cinema

║legislação
║e ajudas

║contactos

hits counter
  textos didácticos

 

Imagem da capa do Guia Bienvenido para pais de crianças cegasguia para padres de niños ciegos
desde 0 meses a 3 años

 Guia para padres Bienvenido

2008

 

   

Introducción

  1. Objetivos básicos del desarrollo de los niños con ceguera o con deficiencias visuales graves
  2. El niño de 0 a 6 meses. Descripción de los objetivos de este período para las distintas áreas del desarrollo
    2.1. Área de comunicación, lenguaje y socialización
    2.2. Área de comprensión sensoriomotora y cognición
    2.3. Área de manipulación
    2.4. Área de motricidad gruesa, esquema corporal y organización espacial
    2.5. Área de hábitos y autonomía
  3. El niño de 6 a 12 meses. Descripción de los objetivos de este período para las distintas áreas del desarrollo.
    3.1. Área de comunicación, lenguaje y socialización
    3.2. Área de comprensión sensoriomotora y cognición
    3.3. Área de manipulación
    3.4. Área de motricidad gruesa, esquema corporal y organización espacial
    3.5. Área de hábitos y autonomía
  4. El niño de 12 a 18 meses. Descripción de los objetivos de este período para las dis tintas áreas del desarrollo.
    4.1. Área de comunicación, lenguaje y socialización
    4.2. Área de comprensión sensoriomotora y cognición
    4.3. Área de manipulación
    4.4. Área de motricidad gruesa, esquema corporal y organización espacial
    4.5. Área de hábitos y autonomía
  5. El niño de 18 a 24 meses. Descripción de los objetivos de este período para las distintas áreas del desarrollo.
    5.1. Área de comunicación, lenguaje y socialización
    5.2. Área de comprensión sensoriomotora y cognición
    5.3. Área de manipulación
    5.4. Área de motricidad gruesa, esquema corporal y organización espacial
    5.5. Área de hábitos y autonomía
  6. El niño de 24 a 30 meses. Descripción de los objetivos de este período para las distintas áreas del desarrollo.
    6.1. Área de comunicación, lenguaje y socialización
    6.2. Área de comprensión sensoriomotora y cognición
    6.3. Área de manipulación
    6.4. Área de motricidad gruesa, esquema corporal y organización espacial
    6.5. Área de hábitos y autonomía
  7. El niño de 30 meses a 3 años. Descripción de los objetivos de este período para las distintas áreas del desarrollo
    7.1. Área de comunicación, lenguaje y socialización
    7.2. Área de comprensión sensoriomotora y cognición
    7.3. Área de manipulación
    7.4. Área de motricidad gruesa, esquema corporal y organización espacial
    7.5. Área de hábitos y autonomía


    ***

    Dame una estrella, madre, si me quieres,             
    ¿No dices que en el cielo hay estrellas a chorros?
    ¡Dame una, madre, para jugar con ella!     
            

Introducción

El presente libro fue desarrollado pensando en los padres de los niños con deficiencias visuales graves. Confiamos en que la sistematización de los objetivos básicos que presentamos, su organización y las orientaciones que se proponen pueda hacer que esta guía resulte un instrumento útil, para los padres que los lleve a un camino de aceptación. Lo que hoy sabemos y deseamos transmitir se lo debemos a otros profesionales, psicólogos, psiquiatras, psicopedagogos y padres que trabajaron con sus hijos, y le observaron con reflexión.

Este documento es una guía del desarrollo de los niños con deficiencias visuales graves desde los 0 meses hasta los 3 años. El titulo, de este libro, hace referencia a una concepción de la aceptación temprana, que la única forma de favorecer el desarrollo del niño es estando con el, apoyándolo en cada momento de su vida. Durante los primeros años de vida los niños ciegos, están en una situación de mayor dependencia respecto de las iniciativas de los padres, por otro lado los niños no videntes reciben mucha información y tienen muchas experiencias sin que hayan sido programadas de forma intencional por los adultos que conviven con ellos, estos niños acceden a muchas experiencias de forma espontánea, pero en términos comparativos dependen mas de un adulto intermediario. En este sentido, es importante proporcionarles oportunidades de experimentación; aproximarles elementos del entorno, que de otra forma quedarían excluidos de su campo perceptivo, ayudarles a integrar e interpretar coherentemente los estímulos del mundo exterior.

Los niños no aprenden pasivamente según lo que los adultos queramos enseñarles, los niños desde muy pequeños van consiguiendo sucesivos logros a partir de sus necesidades y sus deseos. Nuestra responsabilidad como padres, como adultos, e integrantes de su entorno familiar es precisamente estimular estos deseos, darles oportunidades de aprender, presentarles una información asimilable para ellos…y esto es solo posible desde una interacción positiva, en un clima tranquilo y confortable y desde un profundo amor al niño y a sus características particulares.

El título de este libro hace referencia a una concepción, de la Atención Temprana: que la única forma de favorecer el desarrollo del niño es ponernos en su lugar. Esto es, no tomarlo como un sujeto pasivo que nosotros moldeamos, sino como una persona, con necesidades, sentimientos y deseos propios. Esto nos permitirá entender que cada conducta del niño tiene un significado y un porqué. Desde esta concepción, los padres de un niño sin visión y otras personas significativas para él tenemos un papel: ayudarle a descubrir el mundo, a interesarse por él, a amarlo y a comprenderlo.

Es cierto que, durante los primeros años de la vida, los niños ciegos están en una situación de mayor dependencia respecto de las iniciativas de sus padres y/o de otros adultos próximos a ellos. Los niños videntes reciben mucha información y tienen muchas experiencias sin que hayan sido programadas de forma intencional por los adultos que conviven con ellos.

Por supuesto, los niños sin visión también acceden a muchas experiencias de forma espontánea, pero en términos comparativos dependen más de un adulto intermediario. En este sentido, es importante proporcionarles oportunidades de experimentación; aproximarles elementos del entorno, que de otra forma quedarían excluidos de su campo perceptivo; y ayudarles a integrar e interpretar coherentemente los estímulos del mundo exterior.

Creemos que las sugerencias y las orientaciones que incluimos en esta guía para la consecución de los sucesivos logros del desarrollo evolutivo favorecen el acceso a un mundo experiencial más rico e interesante, sin que esto signifique que estas orientaciones deban tomarse al pie de la letra. Ahora bien, proporcionar un ambiente rico no significa, en absoluto, someter al niño a un ritmo de estimulación o actividad continuo o acelerado. Es tan importante proporcionarle estímulos como preservarle de ellos. Es tan importante la actividad como la tranquilidad. En todo caso, los niños no aprenden pasivamente según lo que los adultos queramos enseñarles.

Los niños, desde muy pequeños, van consiguiendo sucesivos logros a partir de sus necesidades y sus deseos. Nuestra responsabilidad como adultos es precisamente estimular estos deseos, darles oportunidades de aprender, presentarles una información asimilable para ellos... y esto es sólo posible desde una interacción positiva, en un clima tranquilo y confortable y desde un profundo respeto al niño y a sus características particulares. Por último, somos conscientes de que a los padres de los niños ciegos, precisamente en uno de los períodos críticos de su vida, los profesionales les exigimos actitudes y comportamientos que no siempre pueden mantener.

Esta guía puede resultarles útil si la toman como referencia para el desarrollo de sus hijos, pero en absoluto pretende convertirse en una exigencia más ni suplir el apoyo que algunos profesionales y familiares pueden brindarles. Si es importante respetar los sentimientos y los deseos de los niños, no lo es menos atender al estado anímico de sus padres. Cualquier ayuda, cualquier orientación, sólo resulta eficaz si se presta en el momento oportuno. Si la lectura de este texto remueve sentimientos muy dolorosos, es mejor aplazarla y relacionarse con el niño de forma natural desde la posición que cada padre adopte espontáneamente.
 

***


1. Objetivos básicos del desarrollo de los niños con ceguera o con deficiencias visuales graves


Objetivos básicos del desarrollo de los niños ciegos:
El niño de 0 a 6 meses

Comunicación lenguaje y socialización:
• Se calma con el contacto
• Sonríe y se ríe en situaciones adecuadas
• Atiende preferentemente a la voz de la madre
• Vocaliza y emite algún sonido consonántico
• Explora el rostro y el pelo de la madre
• Protesta cuando tiene hambre o esta incómodo

Comprensión sensorial motora y cognición:
• Da señales de respuesta a los estímulos externos
• Presta atención al sonido y busca la fuente
• Vuelve la mano para coger el objeto
• Se muestra atento cuando le hablan

Manipulación y conducta adaptativa a los objetos:
• Mantiene las manos preferentemente abiertas
• Juega con sus manos y con las del adulto
• Sujeta activamente
• Chupa los objetos
• Agita para obtener sonido
• Recupera un objeto colocado sobre el pecho

Motricidad gruesa esquema corporal y organización espacial:
• Mantiene la cabeza erguida estando boca abajo en los brazos del adulto
• Puede ponerse de lado estando boca arriba
• Acostado boca arriba se impulsa hacia atrás
• Se mantiene sentado con apoyo
• Juega con sus pies (*)

Hábitos y autonomía:
• Vuelve la cabeza hacia el tete cuando se le coloca en la mejilla
• Abre la boca para recibir el alimento
• Se alimenta con cuchara
• Duerme fuera de la habitación de los padres
• Mantiene hábitos regulares de alimentación y sueño.

(*) Estos objetivos suelen conseguirse al final de este período o al inicio del siguiente
 

Objetivos básicos del desarrollo de los niños ciegos:
El niño de 6 a 12 meses

Comunicación lenguaje y socialización:
• Acepta generalmente las propuestas del adulto
• Reclama y protesta oportunamente
• Hace algún gesto para continuar un juego o actividad
• Establece algunas relaciones diferenciadas con otros miembros de la familia
• Hace extrañamiento
• Tolera periodos cortos de espera
• Bisilabea repetitivamente
• Dice no con la cabeza
• Aparecen las primeras palabras con intención comunicativa
• Hace alguna gracia familiar
• Responde diferenciadamente cuando se le llama por su nombre

Comprensión sensorial motora y cognición:
• Reconoce sonidos familiares y juguetes propios
• Muestra preferencia por un objeto y lo retiene
• Busca entre sus piernas cuando cae el objeto
• Coge por coordinación oído-mano
• Entiende el “toma”
• Retira un pañuelo de su cara
• Retira una pantalla para encontrar un objeto escondido

Manipulación:
• Cambia el objeto de mano
• Golpea horizontalmente
• Golpea verticalmente
• Da palmitas
• Saca objetos de un bote de boca ancha
• Aprieta un muñeco de goma blando para obtener sonido
• Pulsa un botón blandito (*)

Motricidad gruesa esquema corporal:
• Realiza y le gustan los juegos corporales con el adulto
• Se mantiene sentado sin apoyo
• Sentado, hace apoyos laterales cuando se le desequilibra
• Hace rotaciones de boca abajo a boca arriba y viceversa
• Se sienta en una silla baja
• Repta o avanza estando boca abajo
• Se mantiene de rodillas
• Se mantiene de pie con apoyo (*)
• Pasa de tumbado a sentado (*)

Hábitos y autonomía:
• Inclina el biberón y bebe independientemente
• Chupa pan o galletas
• Come sentado en una silla
• Hace algunas conductas de anticipación de situaciones cotidianas
• Se muestra más activo en los hábitos de la vida diaria

(*) Estos objetivos suelen conseguirse al final de este período o al inicio del siguiente


Objetivos básicos del desarrollo de los niños ciegos:
El niño de 12 a 18 meses


Comunicación lenguaje y socialización:
• Echa brazos a la madre desde otro adulto
• Dice adiós con un gesto
• Tira besos
• Acepta a otras personas conocidas
• Tiene alguna jerga expresiva o imitación
• Dice 2 ó 3 palabras con sentido o sonidos consistentes
• Responde a alguna pregunta sencilla

Comprensión sensorial motora y cognición:
• Señala tres partes de su cuerpo
• Muestra interés por los objetos
• Entiende el “dame”
• Busca objetos escondidos en diversidad de lugares
• Tira de una cuerda para conseguir un objeto (*)

Manipulación y conducta adaptativa a los objetos:
• Explora los objetos
• Destapa un bote redondo
• Saca anillas ensartadas en un palo vertical
• Saca las chinchetas del clavijero
• Mete objetos en una cubeta
• Abre puertas y cajones

Motricidad gruesa esquema corporal y organización espacial:
• Se mantiene en un balancín o en un correpasillos
• Salta sobre una pelota o cama elástica, de las manos del adulto
• Pasa de sentado a de pie.
• Se desplaza sentado
• Se desplaza de pie con apoyo
• Camina sujeto a un correpasillos
• Camina de forma independiente (*)

Hábitos y autonomía:
• Toma alimentos blandos y semitriturados
• Bebe de una aza o vaso que se le sujeta
• Conoce el plato y la cuchara y sabe para qué sirven
• Colabora en las tareas de vestirse y desvestirse

(*) Estos objetivos suelen conseguirse al final de este período o al inicio del siguiente.


Objetivos básicos del desarrollo de los niños ciegos:
El niño de 18 a 24 meses

Comunicación lenguaje y socialización:
• Aumenta la ansiedad ante la separación
• Soporta pequeñas frustraciones
• Obedece alguna orden sencilla
• Comprende muchas frases familiares y emplea algunas expresiones con intención comunicativa:
   - Utiliza diferentes entonaciones: pregunta, enfado, pena
   - Expresa deseos o demandas de forma verbal
   - Dice como mínimo entre 4 y 6 palabras con sentido
   - Imita o termina algunas palabras
   - Puede construir frases de 2 o 3 palabras (*)

Comprensión sensorial motora y cognición:
• Mantiene la atención durante períodos de tiempo cortos
• Comprende deprisa / despacio como actividad sensoriomotora
• Comprende arriba / abajo como actividad sensoriomotora
• Inicia el juego del “como si...”

Manipulación:
• Tapa un bote redondo
• Mete una bola en un bote con prensión dígitopalmar
• Ensarta anillas en un palo
• Vuelca el bote para sacar

Motricidad gruesa esquema corporal:
• Trepa a un sofá
• Avanza y controla el correpasillos
• Gatea
• Sube escaleras de la mano sin alternar pies
• Se pone en cuclillas
• Lanza la pelota (*)

Hábitos y autonomía:
• Se quita los calcetines y zapatos como acción de desvestirse
• Toma alimentos sólidos y variados
• Abandona la alimentación con biberón
• Permanece sin chupete durante el día
• Indica cuando tiene el pañal sucio

(*) (Estos objetivos suelen conseguirse al final de este período o al inicio del siguiente).

 

Objetivos básicos del desarrollo de los niños ciegos:
El niño de 24 a 30 meses

Comunicación lenguaje y socialización:
• Besa y acerca la cara para que le besen
• Habla por teléfono con familiares
• Muestra conductas oposicionistas
• Amplia su vocabulario y emplea frases más complejas:
   - Utiliza frases de dos o tres palabras
   - Imita e incorpora muchas palabras que oye al adulto
• Le gusta que le cuenten cuentos (*)
• Se enorgullece de sus éxitos (*)

Comprensión sensorial motora y cognición:
• Comprende los conceptos lleno / vacío
• Identifica objetos familiares por su uso
• Selecciona un objeto entre tres
• Identifica algunos juguetes realistas
• Generaliza acciones de juego a varios sujetos

Manipulación:
• Parte plastilina
• Inicia tareas de apilar
• Mete objetos pequeños en frascos de boca estrecha
• Coloca chinchetas con pinza de tres dedos
• Explora un relieve en una superficie bidimensional

Motricidad gruesa esquema corporal y organización espacial:
• Se desliza por un tobogán
• Se desplaza solo por la casa
• Puede guiarse siguiendo una pared
• Se baja del correpasillos apoyado en un mueble
• Baja escaleras con apoyo
• Chuta apoyándose

Hábitos y autonomía:
• Intenta utilizar la cuchara
• Bebe sosteniendo el vaso
• Controla esfínteres
• Identifica su ropa más común
• Pasa la noche en su habitación

(*) Estos objetivos suelen conseguirse al final de este período o al inicio del siguiente.

 

Objetivos básicos del desarrollo de los niños ciegos:
El niño de 30 meses a 3 años

Comunicación lenguaje y socialización:
• Es capaz de hacer compatibles aspectos positivos y negativos de sus figuras significativas
• Puede soportar la ausencia temporal de los padres
• Establece con el padre una relación específica y significativa
• Comprende y acepta algunas normas
• Empieza a interesarse por otros niños
• El lenguaje oral predomina sobre cualquier otra forma de comunicación gestual:
   –utiliza palabras que no son nombres ni verbos
   –combina al menos 2 palabras para expresar petición
   –responde a preguntas sencillas sobre sus experiencias inmediatas
   –responde a preguntas sencillas de dónde y qué –combina al menos 2 palabras para expresar posesión
   –dice su nombre y los años que tiene
   –habla habitualmente en primera persona
   –utiliza el plural regular

Cognitiva:
• Puede elegir entre dos alternativas propuestas
• Realiza diferentes acciones simbólicas de forma aislada
• Inicia el trabajo en espacios bidimensionales
• Domina los conceptos dentro-fuera
• Inicia la diferenciación de tamaños (grande-pequeño)
• Empieza a distinguir los conceptos encima-debajo
• Inicia la diferenciación de formas: redondo-no redondo
• Inicia actividades de clasificación
• Domina los conceptos mucho/uno/ ninguno
• Recuenta un grupo de 1 ó 2 elementos

Manipulación:
• Realiza una exploración organizada de los objetos
• Desenrosca y casi enrosca
• Hace torres de piezas sencillas con ayuda
• Mete monedas en huchas (*)
• Inserta bolas gruesas en cuerda semirígida (*)
• Dirige una mano donde le indica la otra en espacios bidimensionales
• Encaja círculo en un tablero individual

Motricidad gruesa esquema corporal:
• Se desplaza con intencionalidad
• Maneja el triciclo sin pedales
• Salta con los pies en el suelo con algún apoyo
• Puede correr de la mano del adulto
• Experimenta diferentes formas de desplazarse
• Puede seguir un ritmo.

Hábitos y autonomía:
• Puede quitarse algunas prendas de ropa
• Utiliza la cuchara para remover líquidos
• Abre y cierra grifos
• Intenta secarse las manos
• Pide ir al lavabo
• Tira de la cadena
• Colabora en algunas tareas de orden

(*) Estos objetivos suelen conseguirse al final de este período o al inicio del siguiente.


***

 

2. El niño de 0 a 6 meses:
descripción de los objetivos de este periodo para las distintas áreas del desarrollo


2.1. Área de comunicación, lenguaje y socialización

Se calma con el contacto
Cualquier bebé, de manera espontánea, busca calor y proximidad. Sin ellos no pueden hacerse verdaderamente personas. Esto es así para todos los niños y adquiere, si cabe, especial significado en los niños sin visión. Si el niño llora y se calma cuando lo cogemos en brazos, es señal de que todo va bien. Podemos felicitarnos por ello. Ya habrá tiempo de acostumbrarle a esperar. Los niños sin visión no siempre encuentran la manera de decirnos a los adultos que estamos ahí fuera y que les gusta que les arrullemos. Es más, a veces, cuando los cogemos, aunque estén a gusto, no saben expresarlo como lo hacen otros niños videntes. Si el niño permanece mucho tiempo sin reclamar atención, no debemos creer que está tranquilo y que no necesita nada. Puede que no encuentre la manera de comunicarse con nosotros. Es importante hacerle ver que estamos con él, dispuestos a acariciarle y mecerle.

Sonríe y ríe en situaciones adecuadas
La aparición de la sonrisa en los bebés tiene un componente visual y está favorecida por la respuesta gestual de las personas que les rodean. En los primeros meses, la sonrisa de los niños ciegos suele ser más leve y se da con menos frecuencia que en los niños con visión. Esto no significa que el niño no esté a gusto o que no nos reconozca como padres o figuras de referencia. Para saber si nuestras carantoñas le resultan placenteras podemos observar sus manos, su tono corporal o su nivel de atención, que muchas veces se manifiesta con una cierta quietud. Si mantenemos el juego y el contacto con el bebé comprobaremos cómo, progresivamente, su sonrisa se va haciendo cada vez más clara y su risa más alegre.

Atiende preferentemente a la voz de la madre
Durante nueve meses el bebé ha estado familiarizado con la forma particular de hablar de su madre. Es lógico que ahora prefiera su voz a la de los demás miembros de la familia. Es importante que ella le hable mientras le baña o cuando le tenga en brazos... Esto contribuirá a que la identifique más fácilmente. En general, no es necesario hablarle continuamente, ni hacerlo alzando la voz, sino con naturalidad, como a uno mismo le gustaría que le hablaran si fuese tan pequeño como él. Es aconsejable hablarle antes de cogerlo, como para advertirle: “estoy aquí y voy a tomarte en brazos”. La misión del padre en estos primeros meses es más indirecta pero no menos importante: cuidar y apoyar a la madre para que ella pueda vincularse más singularmente con el niño. Es un imperativo biológico.

Vocaliza y emite algún sonido
Los bebés, desde los primeros meses, disfrutan experimentando con su voz y con los sonidos que emiten. La deficiencia visual no debe alterar directamente el desarrollo del lenguaje y los niños sin visión disfrutan también de estas primeras emisiones. Sin embargo, las vocalizaciones espontáneas suelen ser más escasas y producirse durante períodos más cortos. Ellos emiten estas primeras vocalizaciones como respuesta a las iniciativas de los adultos, pero no pueden usarlas para reclamar activamente su atención. Esto puede, a su vez, reducir estas iniciativas, lo que repercutiría negativamente en la producción del lenguaje. Es bueno hablarle, pero no continuamente. Lo haremos suavemente, dándole tiempo para que él responda. Podemos imitar sus sonidos, variarlos un poco para que él intente repetirlos, ponerle su mano en nuestra boca o en la garganta para que sienta las vibraciones... Es importante que cuando hablemos al niño lo hagamos de forma espontánea, cada uno como seamos. Así él se acostumbrará a los diferentes tonos de voz y expresiones.

Explora el rostro y/o algunos objetos personales de la madre
El rostro humano es una de las primeras imágenes que más interés suscita de manera espontánea. En los niños privados de visión, este interés debe ser inducido, aprovechando sus recursos perceptivos. Para ello, estando frente a él, podemos colocar sus manos en nuestra cara, dejarle que nos toque la boca y juegue con ella, que explore el pelo, la barba, la nariz... o cualquier objeto personal que tengamos: el collar de mamá, la corbata de papá, la coleta de su hermanita, los pendientes de la abuela, las gafas del abuelo... Suele resultar un juego gratificante para el bebé y para los adultos que nos relacionamos con él. Aunque todos juguemos con el niño, es lógico y adecuado que en estos primeros meses prefiera las características particulares del rostro de la madre.

Protesta cuando tiene hambre o está incómodo
Muchos padres, en el afán de atender a su hijo de forma intachable, se proponen que sus necesidades estén siempre cubiertas y sus deseos satisfechos: “el niño no debe llorar, sus biberones han de estar siempre a punto y los pañales secos”. Sin embargo es necesario que, a veces, el bebé experimente pequeñas frustraciones: sensaciones de hambre o incomodidad. Si nos adelantamos siempre a sus necesidades, no podrá experimentar estas sensaciones y no podrá reconocer que existe alguien externo a él que responde satisfaciéndolas. Esto es, no llegará a comprender que es posible protestar y que, cuando lo hace, hay alguien disponible que le resuelve buena parte de sus problemas.


2.2. Área de comprensión sensorio motora y cognitiva.

Da señales de respuesta a los estímulos externos
Desde muy pronto los bebés dan respuestas a estímulos ambientales. Los niños con deficiencia visual también responden tempranamente, aunque no puedan hacerlo a estímulos visuales. Por ejemplo, si el bebé está en la cuna y se escucha un ruido fuerte, una puerta o un objeto que cae, se sobresaltará o irrumpirá en llanto. Un poco más tarde, hacia los tres o cuatro meses, cuando esté tranquilo y le hablemos, le acariciemos o pongamos una música suave, responderá dándonos alguna señal: una sonrisa, una apertura de manos, un movimiento corporal o una actitud de alerta. Ahora bien, es importante tener en cuenta que el exceso de ruido ambiental no le permite centrar su atención y posiblemente refuerce una actitud pasiva y de ensimismamiento. En este sentido, resulta muy inadecuado poner continuamente música o la radio, pensando que eso le calma o le hace compañía. Si el bebé se muestra pasivo y no observamos respuestas al ambiente, es conveniente consultar con algún profesional con experiencia en atención a niños discapacitados visuales y tratar de comprender qué puede estar pasando.

Presta atención al sonido y busca la fuente
Como hemos dicho en el objetivo anterior, los niños, aun sin visión, prestan desde muy pronto atención a sonidos ambientales, a no ser que existan otras dificultades añadidas. Para ayudar al niño a localizar la fuente del sonido podemos hablarle en distintas posiciones, con voz pausada y cariñosa. En un clima de silencio, podemos ofrecerle algún sonajero de sonido no estridente que le resulte atractivo. Cuando dé señales de atención le haremos ver que el sonajero está ahí. Después se lo acercaremos a su mano y repetiremos el sonido un par de veces. Debemos tener en cuenta que los sonidos fuertes y un nivel de ruido alto no favorecen la atención del niño. En cualquier caso, recordemos que es la voz de la madre la más significativa para el bebé y es adecuado que así sea.

Vuelve la mano para coger un objeto
Al finalizar el primer semestre de vida, los niños deficientes visuales inician la conducta de buscar los objetos al contacto con los mismos. Esto es, cuando rozan un objeto, son capaces de girar su mano para asirlo. Cuando el niño haya conseguido coger objetos y sostenerlos en su mano con una cierta facilidad podemos empezar a complicarle la tarea. En lugar de colocar directamente el objeto en su mano se lo ofreceremos rozando el lado externo de ésta, procurando que el niño la vuelva para cogerlo. Al principio, debemos hacerlo con juguetes alargados y de poco peso que son de más fácil prensión y suelen gustarles. Son muy adecuados también para esta actividad los sonajeros sencillos con mango, maracas pequeñas, muñecos blandos de goma o de tela...

Se muestra atento cuando le hablan
Cuando los niños ciegos están atentos suelen permanecer quietos. Es como si dijeran: “sigue contándome cosas que me resultan muy interesantes; no puedo moverme ni hacer ruidos porque me distraigo”. Esta quietud no debe ser interpretada como falta de interés o pasividad. No es conveniente hablarle de forma incesante ni darle muchos estímulos a la vez. Puede aturdirse con tanta sobre-estimulación. Es mejor hacerlo de forma espontánea y tranquila, haciendo pausas para que el niño pueda también participar, emitiendo algún sonido o realizando algún gesto que nos indique que está interesado en el “diálogo” con nosotros. Crear ese clima de comunicación privilegiada es el mejor regalo que podemos hacer al bebé.


2.3. Área de manipulación

Mantiene las manos preferentemente abiertas
Hasta los tres meses los bebés mantienen los puños cerrados la mayor parte del tiempo. A partir de ese momento, el mundo está disponible para que lo exploren. Despertar en los niños ciegos el placer por tocar es el punto de partida para que puedan conocerlo y disfrutarlo. Podemos favorecer la apertura de sus manos colocando nuestro dedo pulgar dentro de su puño; soplando en sus palmas; realizando juegos infantiles como “la buena ventura”; deslizando sus manos por nuestra cara... Pero cuidado, siempre sin forzarle, jugando, jugando, jugando.

Juega con sus manos y las del adulto
Los niños videntes encuentran del máximo interés mover sus manos y pasan muchos ratos observándolas. Para el niño sin visión, durante los primeros meses de vida no hay ningún juguete más estimulante que las manos del adulto. Desde muy pequeño, si le ofrecemos un dedo nuestro comprobaremos cómo se aterra a él, y pronto lo chupará con verdadero deleite. Muchas veces preferirá jugar con nuestras manos que con objetos y sentiremos que las busca cuando estemos próximos a él.

Sujeta activamente
En general los bebés y particularmente los bebés sin visión se sienten más atraídos por el contacto humano que por el mundo de los objetos. Sin embargo, despertar su interés por éstos es también necesario. La privación visual hace que su mundo de experiencias quede restringido y el bebé está en buena medida en una situación de dependencia de las iniciativas del adulto, por lo que somos nosotros los que debemos procurar poner el mundo de los objetos a su alcance. Al principio, el asir es un movimiento reflejo. Ahora se trata de que el niño realice esta función de una forma más intencional. Las primeras veces que le ofrezcamos un juguete, lo colocaremos en su mano para que la cierre sobre el mismo. Le ofreceremos objetos variados que estimulen su curiosidad; aunque siempre debemos tener en cuenta que la forma y el tamaño del objeto sean adecuados a la mano del niño. Los juguetes pueden ser blandos y moldeables (muñecos de goma blanditos, o de trapo rellenos de arroz), o estrechos y alargados para facilitar la prensión. En este caso cuidaremos que el objeto no sobresalga mucho de su mano.

Chupa los objetos
Hacia los tres o cuatro meses los niños pueden controlar ya algunas acciones, como por ejemplo, chupar los objetos que tienen en sus manos. Estas acciones les motivan, disfrutan con ellas y las repiten una y otra vez. La boca es para todos los niños durante los primeros meses la principal fuente de estimulación. De forma natural, tienden a explorar objetos con ella. Si les damos objetos variados con texturas diferentes, enriqueceremos su mundo de sensaciones y experiencias. En el caso de los niños con discapacidad visual es importante también animarles a explorar con sus manos, ya que tienden a prolongar esta conducta y puede restringir otras formas más evolucionadas de experimentación.

Agita para obtener un sonido
En general, los niños sin visión se muestran muy interesados en conseguir sonidos y aprenden pronto a agitar los objetos sonoros, poco después de haber logrado asirlos. Si no lo consigue de forma espontánea, podemos mover suavemente su mano, hasta que él mismo se dé cuenta de que así puede lograrlo. Debemos cuidar que los sonidos no sean reverberantes o demasiado estridentes, que tienden a excitarle excesivamente. Podemos utilizar juguetes comercializados como sonajeros pequeños o maracas, o fabricarlos nosotros mismos con botes estrechos rellenos de arroz, legumbres, arena... Hay que cuidar que los tapones cierren herméticamente y emplearlos siempre en presencia de un adulto. El niño sin visión disfruta mucho agitando los juguetes sonoros, pero esta conducta corre el riesgo de quedar fijada, lo que le impediría encontrar formas más creativas de utilizar los objetos. Si observamos que repite esta actividad insistentemente, intentaremos hacerla evolucionar. Para ello, le ofreceremos juguetes no sonoros enseñándole a golpearlos contra una superficie o darle dos objetos para obtener el sonido que tanto le interesa golpeándolos entre sí.

Recupera un objeto colocado sobre el pecho
Los bebés al principio utilizan cada mano de forma independiente lo que les permite asir y agitar. Pero cualquier conducta exploratoria o el manejo de los juguetes de una forma más evolucionada requiere la utilización coordinada de las dos manos. El primer paso de la coordinación ¿¡manual es que el niño junte sus manos en la línea media. Para facilitar esta posición podemos ofrecerle algunos objetos situados sobre su pecho. Éstos serán preferentemente planos, con texturas o formas que despierten su curiosidad. Resulta útil también prender en la ropa del niño un par de cascabeles o algún sonajero pequeño que le motivarán a jugar con ellos llevando sus manos a la línea media.


2.4. Área de motricidad gruesa, esquema corporal y organización espacial

Mantiene la cabeza erguida estando boca abajo y en los brazos del adulto
A las pocas semanas de vida, la mayoría de los niños videntes levantan su cabeza para mirar y consiguen mantenerla erguida. Los niños ciegos consiguen este objetivo varios meses más tarde. La falta de motivación visual hace que habitualmente permanezcan con su cabeza apoyada sobre la cuna o sobre el hombro de la madre. Sin embargo, es importante que el niño deficiente visual consiga también sostener su cabeza erguida, lo que resulta necesario para un mejor control postural. Para ello, los padres pueden colocar al niño boca abajo sobre sus piernas o su abdomen, sosteniéndole por debajo de las axilas, procurando que eleve levemente el cuello, mientras realizan con él algún juego corporal. Podemos favorecer también esta postura con algunos ejercicios de balanceo boca abajo o colocando una cuña bajo el pecho del niño, mientras le distraemos con algún juguete o le damos un masajito en la espalda.

Puede colocarse de costado estando boca arriba
Los niños, al nacer, ignoran las posibilidades que su cuerpo les ofrece. Será la ejercitación motriz lo que les permitirá tomar conciencia de su propio cuerpo, de sus posibilidades de movimiento y de su ubicación en el espacio. Hacia los tres meses los bebés sin visión, estando tumbados boca arriba en una colchoneta o en una superficie no muy blanda, pueden colocarse de lado. Si el niño no lo hace espontáneamente, podemos ayudarle ofreciéndole uno de nuestros dedos a modo de asidero o apoyo, empujándole a la vez suavemente por la cadera contraria. Por ejemplo, si el niño sujeta nuestro dedo con su mano derecha, le ayudaremos a rotar sobre este costado, empujándole suavemente desde su cadera izquierda, mientras que le hablamos colocados a su derecha y le animamos a que se aproxime a nosotros. Al principio, seguramente el niño tome una actitud más pasiva, debiendo ser nosotros los que le impulsemos a dar el giro. Progresivamente, iremos retirando nuestra ayuda, procurando que tenga un papel cada vez más activo y realice los movimientos de forma más independiente.

Tumbado boca arriba, se impulsa hacia atrás
Hasta que los niños llegan a realizar movimientos intencionales como los cambios de postura, el ponerse de pie o el caminar, hacen movimientos que en principio no tienen una finalidad concreta. El impulso que los bebés se dan hacia atrás en la cuna cuando están tumbados boca arriba es el primer desplazamiento que van a hacer por sí mismos, aunque de forma inicialmente no intencional. Suelen hacerlo por el placer de la ejercitación y por su tendencia a colocarse en los bordes de la cuna, con cuyo contacto se sienten más protegidos. Más adelante aprenderán que ese mismo movimiento les sirve para desplazarse en superficies más grandes o para darse impulso y balancearse cuando les coloquemos en una hamaca o balancín. Para favorecer estos desplazamientos, cuando el bebé esté despierto en la cuna, jugando con sus pies, podemos llevárselos hacia el borde inferior de la misma. De esta forma percibirá que hay un tope sobre el que se puede apoyar y poco a poco irá tomando impulso para desplazarse hacia atrás. Podemos también hacer este ejercicio cuando esté en cualquier superficie amplia: colocaremos las palmas de nuestras manos contra las plantas de sus pies y le presionaremos hasta que él se impulse. También realizará este impulso cuando lo tengamos en nuestras piernas, aunque de momento no es aconsejable que llegue a ponerse de pie, ya que puede ocasionar futuros problemas posturales.

Se mantiene sentado con apoyo
La posición vertical, aunque sea con apoyo, resulta una postura más activa y evolucionada, y permite al niño manejar los objetos con mayor destreza. Pero para que los niños se sienten, los músculos de su espalda deben tener fuerza suficiente. Si intentamos que se sienten antes de que su musculatura esté preparada para sostenerse, puede resultar perjudicial para su espalda. Es conveniente que pasen bastante tiempo tumbados, en un espacio amplio, sobre una colchoneta o una superficie similar que les permita moverse con libertad, antes de adquirir la sedestación. Desde los cinco meses, aproximadamente, podemos recostar al niño sobre almohadones o en alguna hamaca adecuada para esta edad. Podemos también sentarle sobre nuestras piernas de manera que su espalda quede apoyada sobre nuestro vientre. En esta posición el niño estará cómodo y resulta además una postura muy adecuada para experimentar y manejar sus juguetes.


2.5. Area de habitos y autonomía.

Juega con sus pies
Los bebés, antes de los seis meses descubren sus pies, los observan y juegan con ellos. Los niños ciegos encuentran mayor dificultad para descubrírselos, al ser una parte más distante de su cuerpo. Podemos ayudar al niño a que los sienta y los descubra proporcionándole diferentes sensaciones en situaciones cotidianas. Por ejemplo: durante el baño podemos presionar levemente con la esponja sus plantas; darle un masaje con aceite o crema; acariciárselos o hacerle cosquillas; acercárselos a la altura de sus manos para que pueda cogerlos o moverlos nosotros mismos al ritmo de una canción, dirigiéndolos a distintas partes del cuerpo. Para llamar la atención del niño, también podemos colocar en sus pies manoplas atractivas al tacto, o gomas o coleteros con cuentas que produzcan un sonido agradable cuando las golpee entre sí.

Vuelve la cabeza hacia el tete cuando le tocan la mejilla
La crianza implica un proceso durante el cual los bebés parten de una posición más pasiva y van progresivamente desempeñando un papel más activo, lo que les permitirá el día de mañana convertirse en personas independientes. Esto es así para todos los niños, pero muy frecuentemente los niños ciegos prolongan las etapas de pasividad y dependencia, en parte porque ellos tienen más dificultades, pero también porque los adultos que les rodeamos a veces pensamos que el niño carece de recursos para tomar iniciativas y desenvolverse con más autonomía.

Favorecer sus iniciativas es imprescindible desde los primeros meses de vida, aunque todavía en estas edades veamos muy lejano ese futuro. La alimentación es uno de los momentos más agradables en la interacción madrebebé. Es también una ocasión adecuada para favorecer en el niño estas iniciativas. Podemos realizar algunos juegos que le ayuden a tomar una actitud más activa. Por ejemplo, rozar con la tetina del biberón la zona próxima a su boca y animarle a que realice un movimiento de búsqueda, o bien colocar sus manos en el biberón o en el pecho de la madre para que vaya descubriendo de dónde procede el alimento.

Abre la boca para recibir el alimento
Los niños que ven pueden anticipar las acciones antes de que tengan lugar, y los desplazamientos de los objetos según se van aproximando, lo que les permite prepararse para los acontecimientos que van a tener lugar. Por ejemplo, si el niño observa que mamá está preparando el puré sabe que va a comer, o mientras le están dando la papilla observa los movimientos de la cuchara cuando se acerca a su boca.

Es importante que el niño ciego pueda, de alguna forma, anticipar los acontecimientos significativos para él. Si el niño no puede anticipar las situaciones, todos los acontecimientos le pillarán por sorpresa y podrá tener una sensación de desconcierto e imprevisibilidad. Por ejemplo, antes de comer, podemos dejarle que toque la comida del plato y los utensilios relacionados con la alimentación (la tetina, el babero, la cuchara); antes de que la comida llegue a su boca se lo haremos notar con palabras o con algún pequeño juego... En todo caso, recordemos que el niño abrirá más fácilmente la boca si el momento de la alimentación resulta placentero para él.

Se alimenta con la cuchara
Como decían nuestras abuelas, cuando los bebés se sientan, ya podemos empezar a alimentarles con cuchara. En este punto, no debemos tener ninguna reserva porque el niño no vea. En cualquier caso, la edad adecuada para iniciar la alimentación con cuchara viene dada por la maduración general de cada niño y este criterio tiene que establecerlo el pediatra responsable de fijar las pautas de alimentación. Aplazar esta forma de alimento porque el biberón resulte más cómodo o rápido no tiene ninguna justificación y resulta perjudicial para la maduración general del niño. A veces, la discapacidad visual puede aliarse con nuestros propios deseos de mantener el “eterno bebé”. Esto no resulta muy aconsejable ni para él ni para nosotros mismos, por lo que, aunque al principio cueste algo de esfuerzo, debemos iniciar en su momento esta nueva forma de alimentación. Para facilitar esta tarea podemos dejarle que chupe la cuchara manchada sin estar cargada de comida. También dejaremos que el niño ponga su mano en la nuestra mientras que la llevamos del plato a su boca.

Duerme fuera de la habitación de los padres
Antes de los seis meses es aconsejable que los bebés dispongan de un espacio propio e independiente de los estímulos exteriores, que les permita descansar tranquilamente. A muchos padres les cuesta separarse del niño durante la noche. Mil razones para ello: “si el niño llora y no le oigo”; “la habitación está lejos”, “voy a tener que levantarme más veces durante la noche”... Sin embargo, aunque los primeros días supongan un cierto esfuerzo, el niño regulará mucho mejor su sueño sin las interferencias propias de la habitación de los padres. Si se acostumbra a dormir solo desde una edad temprana vivirá su habitación como un espacio protector y no dependerá de la presencia del otro para conciliar el sueño. Esta separación, en última instancia, resulta inevitable y si tardamos mucho en sacarles de la habitación se aferrarán excesivamente a los privilegios adquiridos y pueden vivir la separación como un desplazamiento. Para que este paso se lleve a cabo de una forma natural es importante que los momentos previos a llevarle a su cuna sean momentos de calma, evitando que coincidan con llantos o juegos estimulantes y procurar que su habitación sea un espacio agradable durante el día.

Mantiene hábitos regulares de alimentación y sueño
Desde los tres meses aproximadamente podemos empezar a establecer y respetar los horarios de alimentación y sueño, a fin de ayudar a los niños a regularizar sus ritmos biológicos. Antes de nacer, cuando vivían dentro de la tripa de mamá no había sueño ni hambre, ni frío ni calor; la temperatura era estable y la alimentación continua. Ahora tendrán que adaptarse a un ambiente menos benéfico. Por eso es importante ayudarles en lo posible a que se nutran y descansen de forma regular. Es la única forma de que el organismo mantenga su equilibrio. Además, llevar horarios regulares tiene especial importancia para los niños ciegos, porque les permite comprender el desenvolvimiento de la vida cotidiana, predecir los acontecimientos que se avecinan e interiorizar las secuencias temporales.

***

3. El niño de 6 a 12 meses:
descripción de los objetivos de este periodo para las distintas áreas del desarrollo

3.1. Área de comunicación, lenguaje y socialización

Acepta generalmente las propuestas del adulto
Antes del año los niños ciegos no tienen muchas iniciativas para elegir entre la variedad de juegos y juguetes que puede haber en su ambiente. Todavía los adultos tenemos que ir ofreciéndoles actividades y objetos variados para que se diviertan y, a la vez, vayan progresando en sus aprendizajes. Si el niño rechaza algunas actividades podemos proponerle otras alternativas. Sin embargo, si se trata de una actitud general y ante las propuestas del adulto muestra rechazo, desconfianza o miedo, puede ser la manifestación de algún problema. Si la conducta persiste, habría que consultar con los profesionales especialistas que puedan valorarlo.

Reclama y protesta oportunamente
Que los niños puedan expresar espontáneamente sus deseos y necesidades y que los padres respondan sensiblemente a las mismas es una de las condiciones imprescindibles, en los comienzos de la vida, para un desarrollo sano de la personalidad. Esto no significa que tengamos que responder inmediatamente a todas sus demandas, pero sí que les hagamos saber que les hemos comprendido. Durante el segundo semestre de vida los bebés, aun sin visión, empiezan a adoptar papeles más activos. Se expresan con más claridad y con más fuerza; son capaces de comunicar sus gustos y sus disgustos, y a veces lo hacen de forma contundente. Esto es una señal de que el niño está configurando una personalidad fuerte. En hora buena, aunque más adelante habrá que irle ayudando a soportar pequeñas frustraciones y a adaptarse a las exigencias de la vida.

Hace algún gesto para continuar un juego o actividad
El proceso de crecer implica un camino en el que el niño evoluciona desde una posición más pasiva y dependiente del adulto, hacia otra más activa e independiente. En este proceso, él va tomando progresivamente más iniciativas y va expresando sus deseos. En esta línea de progresión, es esperable que antes del año sea capaz de hacernos ver que quiere seguir un juego o actividad cuando le resulten interesantes. Si, por ejemplo, estamos jugando al caballito, podemos parar un momento hasta que el niño se mueva como pidiendo más. Es importante que hagamos estas pequeñas pausas para que sea él quien vaya tomando la iniciativa. Recordemos que lo importante no es que aprenda a jugar al caballito, sino que comprenda que puede elegir.

Establece algunas relaciones diferenciadas con otros miembros de la familia
Transcurridos unos meses de esa relación privilegiada que los bebés suelen tener con sus madres, entran en escena otras personas que mantienen con ellos un trato habitual. Los padres, los hermanos y los abuelos van a tener un papel muy importante en la vida de los niños. A veces, cuando el niño tiene alguna discapacidad, la madre puede tender a establecer con él una relación muy estrecha en la que los demás no participen. Quizás las madres piensan que nadie puede querer y entender a su hijo como ellas mismas y los padres y los demás familiares tienden a retraerse pensando también que ellos no van a ser tan competentes en el trato con el niño y que los niños sin visión necesitan “algo muy especial”. Sin embargo, esta relación exclusiva en la que nadie tiene cabida resulta peligrosa. El niño tiene que aprender que la madre no está siempre disponible y que otras personas también le quieren para poder ampliar sus relaciones y poder salir con confianza al mundo exterior. En resumen, los papas, los hermanos, los abuelos y otros amigos o familiares significativos deben jugar y relacionarse con el niño desde muy pronto para que él sepa que hay personas que “no son mamá y resultan también bastante "interesantes”.

Hace extrañamiento
Para los niños más pequeños, los adultos son figuras poco diferenciadas, porque todavía no pueden atribuirles características particulares que les individualicen. Hacia los siete u ocho meses, los niños videntes lloran, se asustan o protestan cuando se aproximan personas extrañas. Los niños sin visión manifiestan estas conductas de extrañamiento unos meses más tarde, pero antes del año saben claramente quiénes son sus padres y diferencian a las personas familiares de las extrañas. Han comprendido que “madre no hay más que una”.

A veces los padres pueden pensar que su hijo es muy sociable y no llora cuando la abuelita o la vecina le toman en brazos. Pero esto puede ser más un indicador de indiferenciación que de socialización. Protestar y llorar ante las personas que no reconoce como familiares, es un indicio de salud mental. No hay que pensar por ello que el niño ha dejado de ser sociable. Es un período evolutivo necesario para seguir creciendo tanto desde el punto de vista emocional como cognitivo. Más adelante las conductas de extrañamiento deben remitir y dar lugar a una actitud social más abierta.

Tolera períodos cortos de espera
Hacia el año de edad, los niños deben poder soportar algunos aplazamientos temporales y tolerar algunos períodos de espera cortos. Es lógico que protesten, pero ante las frases tranquilizadoras y animosas de sus padres podrán equilibrarse de nuevo. Así, por ejemplo, cuando el niño llore porque tiene hambre, no debemos apresurarnos ansiosamente a saciar esta necesidad sino que podemos concedernos unos momentos hasta concluir la preparación de la comida mientras le explicamos, tranquilamente, que sabemos que tiene mucha hambre y que su comida estará enseguida dispuesta. Un crecimiento sano implica protestar ante las situaciones de frustración, pero también ir tolerando que la satisfacción de los deseos no siempre es inmediata. No debemos olvidar que tanto el no protestar como el no poder soportar pequeñas frustraciones resultan perjudiciales para su adaptación a la realidad y su desarrollo personal.

Balbucea silabas repetitivamente
Los niños ciegos no encuentran especial dificultad en el área del lenguaje. En este segundo semestre de vida empezarán las emisiones consonánticas y las cadenas silábicas. El niño necesita emitir estos sonidos para experimentar con su propia voz y disfruta escuchándose. Es muy gratificante para él que nos hagamos eco de sus primeros bisilabeos (“ta-ta; ma-ma...”). Podemos repetirlos con él e ir introduciendo sonidos nuevos. Pero no hemos de olvidar nunca respetar el ritmo del diálogo en el que el niño necesita un tiempo para expresarse y otro para escuchar. Aunque todavía no sean verdaderas palabras, existe una comunicación en la que el niño habla y espera ser respondido.

Dice “no” con la cabeza
En este semestre los niños se van haciendo personas más diferenciadas y empiezan a rechazar algunas de nuestras propuestas. Mucho antes de pronunciar el “no” son capaces de expresar gestualmente rechazo u oposición. Decir no con la cabeza es una de las primeras maneras que tiene de hacernos ver que su deseo no coincide con el nuestro. Se inicia en todos los niños de forma espontánea para rechazar el alimento. Cuando nuestro hijo lo haga hemos de hacerle ver que le entendemos y darle un significado coherente a este gesto.

Si le ofrecemos agua y hace un gesto negativo, es mejor que no insistamos y que renunciemos a nuestro propósito. El niño así, al tiempo que se reafirma, generalizará esta forma de expresión y cuando le preguntemos, por ejemplo, si quiere jugar al “aserrín-aserrán”, nos responderá coherentemente de acuerdo con sus deseos.

Aparecen las primeras palabras con sentido comunicativo
Las primeras palabras son verdaderamente “mágicas” para los padres y para los propios niños. Los niños descubren de pronto que cada vez que dicen “aba” aparece el líquido deseado y los padres comprueban sorprendidos que efectivamente el niño dice “aba” refiriéndose siempre al agua. En esta etapa no tiene importancia que la palabra se pronuncie correctamente o se empleen términos muy alejados del lenguaje convencional. Podemos incluso atribuir sentido a sonidos rudimentarios como “mmm” o bisilábicos como “nana” o “tata” para facilitar precisamente la asociación sonido-cosa. Con los niños sin visión es muy importante al principio que pongamos palabras asociadas a la situación en que esa palabra tenga sentido. Por ejemplo, le hablaremos de sus zapatos cuando se los estamos poniendo o cuando el niño los esté tocando; del jabón o de la esponja cuando esté en el baño; del babero o la cuchara cuando esté comiendo... Si no lo hacemos así le resultará difícil comprender a qué nos estamos refiriendo.

Hace alguna gracia familiar
A todos los padres nos gusta ver cómo nuestros hijos hacen gracia repitiendo los gestos que los adultos les enseñamos (“¿hasta dónde estás de mamá?”; “¿cómo hace el borriquito?”). Esta forma de acceder al lenguaje gestual, al tiempo que resulta divertida, hace que el niño participe también de un lenguaje social no verbal específico para cada cultura. Los niños ciegos no pueden imitar algunos de nuestros gestos. Pero si les ayudamos a realizarlos, colocándole por ejemplo su mano sobre su pelo, en ademán de “hasta aquí” y le reímos las gracias, el niño aprenderá estas expresiones y disfrutará haciéndonos reír, al tiempo que nosotros disfrutaremos también con su risa.

Responde diferenciadamente cuando se le llama por su nombre
Durante los primeros tres años de vida, el niño atraviesa un proceso en el que pasa de una situación de cierta indiferenciación con la madre o con la persona; significativa a otra posición en la que se reconoce a sí mismo como un sujeto separado con identidad propia, aunque todavía la madre siga siendo una referencia importante para él. Es necesario favorecer este proceso por el cual el bebé se va sintiendo cada vez más “él mismo”. El reconocerse a sí mismo cuando los demás le nombran favorece la construcción de la identidad. Es conveniente llamarle por su nombre cuando nos dirijamos a él y cuando hablemos de él con otras personas del entorno. Esto es particularmente importante para el niño ciego; le facilita saber que nos estamos dirigiendo a él. Es una forma de reclamar su atención sustitutiva de cuando miramos a los niños videntes antes de hablarles.


3.2. Área de comprensión sensorio motora y cognición

Reconoce sonidos familiares y juguetes propios
Los niños ciegos obtienen habitualmente información de los sonidos del ambiente que les rodea. El quehacer familiar cotidiano está acompañado de diversidad de sonidos y es importante que el niño vaya asociándolos a cada una de las actividades correspondientes. Por ejemplo, el sonido de la batidora al hacer la papilla de frutas; el timbre del teléfono; el ruido peculiar de cualquiera de sus juguetes... Para que pueda dar sentido a cada uno de estos sonidos debe participar en estas actividades de la vida cotidiana y experimentar, en la medida de lo posible, con los objetos que los producen. Ahora bien, debemos procurar que experimente con esos objetos sólo en los contextos en los que las actividades tengan sentido. Por ejemplo: si utilizamos las llaves al salir o al entrar en casa, dejaremos que el niño juegue un poquito con ellas, pero sólo cuando estemos abriendo o cerrando la puerta.

Muestra preferencia por un objeto y lo retiene
Mostrar preferencia por algunos objetos y tratar de conservarlos es una señal de que el niño discrimina las propiedades de las cosas y elige según sus gustos. Es bueno respetar sus preferencias y tratar en lo posible de satisfacerlas. Algunos objetos llegan a ser muy significativos para el niño: lo tranquilizan y le dan seguridad.¡Hemos de ser especialmente cuidadosos con no perder estos objetos, ya que tienen para él un valor especial, sobre todo en algunos momentos: cuando se va a dormir o en situaciones de estrés. Sin embargo cuando el niño se aferra a un número reducido de juguetes y se niega a experimentar con los nuevos, habrá que animarle a diversificar sus experiencias. Es normal que rechace inicialmente algunas texturas: con mucha frecuencia los peluches o la hierba. No debemos obligarle a tocarlos por la fuerza’, pero le ofreceremos objetos con variedad de texturas para que, poco a poco, vaya ampliando su gusto por cosas nuevas.

Busca entre sus piernas cuando cae el objeto
El niño ciego encuentra más dificultades que sus compañeros videntes para comprender que un objeto sigue existiendo cuando no está en contacto directo con él aunque éste permanezca en un espacio próximo. Antes de los 8 ó 9 meses, cuando esté jugando sentado en el suelo y deje caer algún juguete entre sus piernas, puede pensar que lo ha perdido y no hacer intención de recuperarlo. Cuando esto ocurra, no debemos llevar el juguete a la mano del niño, sino que aproximaremos su mano al lugar donde éste se encuentre. Se trata de que el niño entienda que el objeto permanece ahí, a escasa distancia, y pueda ir controlando de momento algunos espacios próximos a su cuerpo.

Coge por coordinación oído-mano
El mundo de los sonidos tarda bastante tiempo en tener sustancialidad para los niños ciegos. Esto es, tardan en comprender que todos los sonidos corresponden a determinados objetos que los producen. Antes de los 7 u 8 meses no extienden la mano para alcanzar un juguete, aunque se lo hagamos sonar. Para conseguir que el niño extienda la mano hacia el objeto que suena utilizaremos juguetes con un sonido corto y no estridente, que a la vez sean agradables al tacto. En un primer paso, lo haremos sonar cerca del niño. Después, rozaremos su mano con el juguete y lo retiraremos brevemente. Repetiremos esta acción en diversas ocasiones hasta que el niño comprenda que es “ese objeto” el que produce “ese sonido” determinado. En general, los estímulos sonoros, como ocurre con el resto de los estímulos, han de ser agradables y limitarse a las situaciones concretas en que resulten adecuados. Los sonidos estridentes pueden alterar al niño, inquietarle e incluso producirle miedo.

Entiende el “toma”
Entender el “toma” es un paso más en el proceso que venimos describiendo de ser capaz de extender la mano hacia un objeto que no está en contacto directo con el niño. Es esperable que hacia el año el niño ciego ya sepa que los objetos familiares siguen existiendo, estén o no en contacto con él, los oiga o no. Sólo cuando haya comprendido este hecho estará en condiciones de entender la palabra “toma” como anticipación de algo que le ofrecemos. Tengamos en cuenta, que a los niños videntes les resulta más fácil asociar la palabra “toma” con el gesto de ofrecimiento. Para que el niño ciego pueda hacer esta asociación debemos sistemáticamente decirle “toma” inmediatamente antes de darle los objetos. Una vez que haya realizado esta asociación, si cuidamos decirle “toma” antes de darle cualquier cosa, él comprenderá que hay algo ahí, y echará sus manos! hacia ello.

Retira un pañuelo de su cara
Jugar a aparecer y desaparecer tiene para los niños una significación psicológica importante, tanto en el área emocional como en la intelectual. Jugando a esconderse el niño entenderá que, ocultas o no, las personas siguen estando en alguna parte. Y lo que es para él de particular interés: que mamá puede ausentarse y volver con él. O sea, “mamá no desaparece”, cosa que le preocupa verdaderamente. Se trata del juego tradicional del “cucú-tras”. Sin embargo para los niños ciegos estos juegos entrañan algunas dificultades y precisan ayuda. Podemos colocar un pañuelo pequeño sobre su cara y luego, guiando sus manos, haremos que sea el propio niño quien retire la tela. Después lo haremos igual, cubriéndonos nosotros mismos y ayudándole haremos que sea él quien nos encuentre. Podemos realizar también este juego colocando y retirando una pantalla entre nosotros y el niño.

Retira una pantalla para encontrar un objeto escondido
Retirar una pantalla para encontrar un objeto escondido es una de las primeras conducta sigue indica que los niños han comprendido la permanencia del objeto esté o no presente y perceptible al tacto. Jugar a esconder y buscar objetos le facilita al niño la adquisición de esta noción. Al principio ocultaremos un juguete bajo una tela flexible que le permita intuir que el objeto está debajo. Le haremos que lo toque y después le ayudaremos para que él mismo retire la tela. Más adelante, cuando el niño ya haya comprendido que los objetos existen independientemente de su presencia, y que pueden ser buscados, podremos emplear escondites diversos (bajo el peto de su pantalón, dentro de su bolsillo, debajo de un bote...)


3.3. Área de manipulación

Cambia el objeto de mano
En el progreso hacia una adecuada coordinación bimanual, de tanta relevancia para los niños con deficiencia visual, el pasar los objetos de una mano a otra es una de las primeras adquisiciones que pueden conseguir poco después de jugar con ellos en la línea media. Esta habilidad les facilitará el manejo y manipulación de las cosas. Para trabajar este objetivo, los juguetes deben ser alargados y estrechos o bien blandos (de goma o trapo). Son también muy adecuados los sonajeros, dados o pelotas con orificios amplios que permiten al niño asir el objeto introduciendo los dedos. Muchos niños aprenden esta conducta espontáneamente, pero podemos también favorecerla reteniendo suavemente por la muñeca la mano con la que esté sosteniendo el objeto, de manera que cuando quiera agitarlo, chuparlo o golpearlo tenga que emplear su mano libre.

Golpea horizontalmente
Poder golpear horizontalmente dos objetos en la línea media es otra de las habilidades que requiere el proceso de coordinación bimanual. Además, es una actividad que facilita el control de las manos y en general de los miembros superiores. Utilizaremos, para alcanzar este objetivo, un par de juguetes iguales que favorezcan movimientos simétricos. Procuraremos que estos objetos sean redondeados y sin aristas para que el niño no se haga daño si se golpea accidentalmente la cara; pequeños, ligeros y con una parte estrecha para que resulten manejables. No debemos emplear para esta actividad juguetes sonoros, ya que lo que pretendemos es que el niño obtenga el sonido sólo al golpearlos. Podemos ayudarle al principio cogiendo sus manos entre las nuestras y dirigiendo suavemente sus movimientos.

Golpea verticalmente
Esta conducta requiere y favorece a la vez el control de miembros superiores, la coordinación bimanual y, en general, la destreza manipulativa. Para la consecución de este objetivo con niños con deficiencia visual utilizaremos un tambor o una caja de lata que colocaremos entre sus piernas. Al principio llevaremos sus manos a golpear la superficie del tambor o de la lata con el fin de que perciba la posibilidad de producir sonido con ellas. Una vez que el niño esté interesado por golpear con sus manos le proporcionaremos una baqueta para que golpee con ella. Esta baqueta no tendrá sonido propio y deberá tener la bola de corcho o de plástico hueco con el fin de que el niño no pueda hacerse daño aunque se dé con ella. La baqueta puede ser sustituida y, de hecho, a veces resulta más fácil, por una cucharilla, tapa pequeña o cualquier otro objeto que el niño pueda manejar fácilmente y que produzca sonido al golpear contra el tambor.

Da palmitas
Además de ser una gracia que todas las abuelas enseñan a sus nietos, es un estupendo ejercicio de coordinación bimanual y favorece el tono y el control muscular de las manos para otras destrezas manipulativas. Pero recordemos que el niño sin visión no puede imitar este gesto espontáneamente. Para iniciarle en este juego, podemos sostenerle por las muñecas y hacerle el movimiento, provocando que suene al chocar sus manos. Otras veces el niño prefiere coger nuestros pulgares y ser él el que abra y cierre nuestras manos. Una vez que lo haya comprendido, le animaremos a que dé palmitas independientemente al ritmo de una canción o como aplauso cuando haga algo bien. Podremos poco a poco ir introduciendo cambios en la fuerza y ritmo (fuerte-flojo; deprisa-despacio...)

Saca objetos de un bote de boca ancha
La conducta de sacar no va exclusivamente dirigida a que el niño extraiga los objetos, sino que pretende también que vaya comprendiendo que existe un recipiente, contenedor, y un objeto, contenido, lo que implica mayor dificultad para los niños sin visión. Para facilitar la adquisición de esta conducta podemos ofrecer al niño un bote y un juguete de textura diferente. Por ejemplo, un bote de lata y una pelota de goma, o un bote de plástico y unos cubitos de madera. Es importante que el contenido del recipiente sea atractivo para el niño y que tenga interés en obtenerlo. Si no es así probablemente se pondrá a jugar con el bote desentendiéndose del juguete que está en su interior. Es aconsejable que el tamaño de los juguetes sea apropiado para la mano del niño: 5 ó 6 centímetros aproximadamente. El tamaño del recipiente debe ser un poco más ancho que su mano, pero no excesivamente, ya que le dificultaría la búsqueda del objeto (unos 10-12 cm de diámetro).

Aprieta un muñeco de goma blando para obtener sonido
Este es un juego sencillo que permite a los niños descubrir un hecho importante en su desarrollo. Que cuando hacen un movimiento determinado obtienen un efecto curioso, lo que significa que algunos efectos dependen de algunas causas. Traducido al pensamiento del niño sería: “yo puedo hacer algo para conseguir cosas”. Es una actividad divertida y no muy difícil para los niños ciegos. Además es también un ejercicio de manipulación encaminado a conseguir una nueva destreza, la de apretar. Al principio daremos al niño muñecos muy blandos que suenen con cualquier movimiento leve, por ejemplo, al agitarlos, para que se dé cuenta de que esos juguetes suenan. Luego, le daremos algunos muñecos estrechos y no muy voluminosos, adecuados al tamaño de su mano, también blandos, pero ésos ya no deben sonar al agitarlos, sino que el niño tendrá que presionar un poco su mano para obtener el sonido. Se trata de que comprenda que es necesario apretar un poco el muñeco para conseguir el efecto buscado. Progresivamente iremos variando este material: muñecos de goma más dura y otros de tela o felpa que produzcan efectos similares.

Pulsa un botón blandito
Hasta ahora, el niño ha empleado sus manos de forma global. Progresivamente irá consiguiendo independizar los movimientos de cada dedo hasta emplearlos hábilmente tanto para funciones de ejecución como de percepción. Pulsar teclas o botones es una de las conductas encaminadas a la extensión del dedo índice. Para conseguir este objetivo con el niño deficiente visual podemos ofrecerle un piano no muy grande, un teléfono o cualquier otro juguete con teclados blandos y cuidando, como es habitual, que no tengan sonidos estridentes. Los juguetes musicales suelen gustarles y disfrutan cuando se dan cuenta de que pueden obtener un efecto cada vez que ellos hacen un movimiento. En algunos de estos juguetes suena una melodía completa cada vez que el niño pulsa un botón. Estos juguetes pueden ser adecuados para otros objetivos, pero no facilitan la asociación entre la acción de apretar y el efecto sonoro. De momento es importante procurar que cada vez que el niño pulse una tecla o botón obtenga un sonido o refuerzo inmediato y breve, lo que además de incentivar la acción de pulsar facilita la relación causa-efecto.


3.4. Área de motricidad gruesa, esquema corporal y organización espacial.

Realiza y le gustan los juegos corporales con el adulto
En la medida en que los padres hayan podido mantener con su hijo un contacto físico suficiente y tranquilizador, éste podrá disfrutar del movimiento y los juegos corporales. Realizar este tipo de juegos no sólo ofrece al niño placer y diversión, sino que le proporciona vivencias y sensaciones corporales imprescindibles para una adecuada integración del esquema corporal y una mejor organización espacial. El niño ciego encuentra más dificultades para disfrutar del movimiento sin un adulto que le sostenga, aportándole confianza y seguridad. En este segundo semestre es necesario entablar con él juegos corporales e invitarle a disfrutar del movimiento de una forma despreocupada. Podemos cogerlo en brazos y bailar con él al ritmo de una melodía; montarle a caballito; jugar al “aserrín-aserrán”; alzarle por encima de nuestra cabeza, bajándole después suavemente... Los juegos motrices deben ser estimulantes pero no sobre-excitantes. En ocasiones sobrepasamos el umbral de estimulación que el niño puede tolerar. Entonces, puede reírse, pero no por estar verdaderamente contento, sino como una respuesta automática a la sobre estimulación.

Se mantiene sentado sin apoyo
La sedestación independiente favorece la autonomía y la destreza manipulativa a la vez que permite una mejor organización del espacio inmediato. Los niños ciegos pueden mantenerse sentados algunos momentos hacia los siete u ocho meses de edad y más adelante, cuando se encuentran cómodos en esta posición, suele gustarles. Antes de conseguir la sedestación independiente, podemos utilizar cojines colocados en sus caderas y su espalda, que les recogen y les quitan la sensación de vacío. Al principio pondremos al niño en esta posición sólo durante periodos muy breves. En esta etapa seguramente se tire hacia atrás por lo que debemos cuidar que caiga en una superficie acolchada. Progresivamente, se irá manteniendo sentado durante períodos más largos y cada vez experimentará más activamente con sus juguetes. En todo caso debemos tener en cuenta que no podemos forzar al niño a mantenerse en esta postura mientras que la musculatura de su tronco no esté madura y haya conseguido la fuerza suficiente.

Sentado, hace apoyos laterales cuando se le desequilibra
La realización correcta de los apoyos corporales fortalece la musculatura, lo que permitirá a los niños moverse con mayor destreza y realizar adecuadamente los cambios posturales. Una vez que el niño se mantenga sentado con un cierta estabilidad, podemos desequilibrarle un poco, ayudándole al tiempo a que realice apoyos laterales, colocando alternativamente sus manos abiertas sobre el suelo. A veces este ejercicio no es muy atractivo para los niños ciegos. O sea que debemos ingeniárnoslas para que resulte al menos tolerable. Sentado en una superficie semirrígida, una colchoneta por ejemplo, podemos balancear suavemente al niño al ritmo de una canción, procurando que apoye alternativamente las palmas de sus manos a uno y otro lado de su cuerpo. Podemos también montarle en una superficie flexible, por ejemplo, una cama elástica o un balón gigante. En estas superficies que son más inestables debemos ser cautelosos y sostener siempre al niño para que no sienta miedo ni se lastime.

Hace rotaciones de boca abajo a boca arriba y viceversa
Los niños con deficiencias visuales, en general, encuentran menos dificultad para mantenerse en posturas estáticas que para la realización de cambios posturales, ya que éstos implican no sólo un adecuado control y maduración motriz, sino un cierto reconocimiento y constatación del espacio que les rodea. Los cambios posturales suelen estar algo retardados en comparación con los de los niños videntes, como consecuencia de la falta de motivación visual. Algunos niños ciegos se “duermen en los laureles” cuando hay que realizar cambios de posturas y tenemos que darles un “empujoncito”. Para ayudar al niño a realizar volteos de boca arriba a boca abajo, cuando esté tumbado sobre su espalda, podemos sujetar una de sus manos hacia arriba, formando un eje con su cuerpo, y rotarle suavemente desde su cadera contralateral. Es conveniente sostenerle el brazo sobre el que va a girar hacia arriba para evitar que al voltear quede pillado debajo de su cuerpo, entorpeciéndole la rotación completa. Para voltear de boca abajo a boca arriba, seguiremos el mismo procedimiento en sentido inverso. Como es habitual, para realizar estos ejercicios aprovecharemos actividades cotidianas (por ejemplo, abrocharle el pijama después del baño) y reforzaremos al niño con nuestra voz y con carantoñas.

Gatea o avanza estando boca abajo
Gatear es una de las primeras formas de desplazamiento. En general, cuando los bebés consiguen realizar esta conducta lo encuentran muy interesante ya que les permite ampliar su mundo de experiencias y obtener muchas de las cosas que antes quedaban fuera de su alcance. Sin embargo, la edad de adquisición de esta conducta es muy irregular entre los niños privados de visión. En ella influye mucho la percepción visual, no tanto en la realización de los movimientos, sino en la motivación para realizarlos. Algunos niños consiguen reptar antes de cumplir su primer año, pero otros se oponen radicalmente a tumbarse boca abajo o bien permanecen pasivos en esta posición sin hacer el más mínimo esfuerzo por avanzar. En general, los niños “gateadores” son los que han mantenido mucho contacto corporal y han realizado muchos juegos motrices.

Algunas estrategias pueden animar al niño:
• Ponerle sobre el vientre de uno de sus padres, quien tumbado hacia arriba, le animará a trepar por su cuerpo.
• Colocarle sobre una superficie deslizante, un suelo de madera por ejemplo, e impulsarle levemente presionando las plantas de sus pies.

Lógicamente, siempre que hagamos estos ejercicios ofreceremos al niño algún objetivo atractivo para él, por ejemplo conseguir su juguete favorito o su chupete, o alcanzar a su propia madre, que a esta edad tiene verdaderamente un poderoso atractivo. En todo caso si rechaza abiertamente estas posturas, no debemos forzarle, ya lo hará más adelante.

Se mantiene de rodillas
Mantenerse de rodillas es una postura intermedia entre estar sentado y de pie, en la que los niños pueden liberar las manos para explorar nuevas superficies y utilizar los objetos. Esta posición además ayuda a fortalecer los músculos de las piernas y la espalda, las rodillas y la cadera, que tan importantes serán para alcanzar posteriormente la marcha. Sin embargo requiere cierto equilibrio, control muscular y, como en el objetivo anterior, motivación visual. De hecho, la mayoría de los niños empiezan a ponerse de rodillas porque desean llegar a coger algo que ven y no pueden alcanzar estando sentados. Es una postura que inicialmente suele resultar complicada para los niños sin visión, aunque podemos favorecerla realizando algunos juegos:

• Colocar al niño de rodillas sobre nuestras piernas, sujetándole por los costados, de forma que pueda tocarnos la cara, jugar con nuestro pelo, etc.
• Sentarnos con él en el suelo y poner a su disposición, a la altura del asiento de un sillón, algún juguete sonoro que conozca y le resulte atractivo, invitándole a cogerlo, a la vez que le ayudamos a colocarse de rodillas, sujetándole por los costados como en el juego anterior hasta que pueda mantenerse él solo y comprenda que en esta postura puede jugar.
• Colocar al niño entre nuestras piernas estando ambos arrodillados. En esta posición, una vez que el niño se encuentre cómodo, podemos enseñarle a apoyar las manos en el suelo, iniciando así la postura de gateo.

Más adelante, mantenerse de rodillas le permitirá incorporarse fácilmente, sujetándose en un mueble o en la pared.

Se sienta en una silla baja
Hacia los 12 meses los niños ya pueden permanecer sentados en una silla bajita con respaldo. Esta postura favorece el control de los músculos de la espalda, algunos cambios posturales y la manipulación de los objetos. Debemos cuidar que los pies del niño queden bien apoyados sobre el suelo y las piernas queden flexionadas en ángulo recto. Desde esta posición le resultará fácil ponerse de pie. Cuando el niño esté a gusto en esta posición, podemos aproximarle una mesa acorde con su estatura, lo que le ampliará enormemente sus posibilidades para manipular objetos de forma más precisa y le permitirá una mejor organización espacial. Por último, esta postura requiere mantener con el niño una cierta distancia física, lo que le proporciona un sentimiento de independencia y autonomía.

Se mantiene en pie con apoyo
Los niños ciegos consiguen los hitos posturales en edades parecidas a las de sus compañeros videntes, aunque encuentran más dificultades para el movimiento. Habitualmente consiguen ponerse de pie hacia el año de edad. Algunos, incluso, intentan hacerlo antes. Cuando el niño tenga fuerza suficiente para sostener su cuerpo, podemos ponerle de pie sujetándole primero por los costados y posteriormente cogido a nuestras manos. Recordemos que no es conveniente forzar esta postura ni animarle a dar pasos hasta que su musculatura esté preparada para ello. Para que el niño consiga un desarrollo motor adecuado y pueda más adelante caminar con estabilidad y sin miedo es importante que realice correctamente los apoyos, es decir, que cargue el peso de su cuerpo sobre sus miembros inferiores, liberando así la parte superior del cuerpo y los miembros superiores. Cuando se sostenga de pie y comprobemos que mantiene un cierto equilibrio, podemos ponerle algunos ratos junto al borde de una mesa o un sillón, donde pueda apoyarse, colocando a su alcance algunos objetos para que juegue mientras con ellos. Al principio el niño puede sentirse inseguro, por lo que debemos permanecer junto a él compartiendo alguna actividad.

Pasa de acostado a sentado
Cuando ya los niños pueden mantenerse sentados sin apoyos, y para conseguir un mejor dominio de los cambios posturales, deben realizar correctamente las rotaciones corporales y los apoyos pertinentes. En los primeros meses de vida, el bebé se incorporaba asiéndose a nuestros pulgares. Ahora es preciso que consiga de forma autónoma pasar desde la posición de tumbado a sentado. Acostado boca arriba, el niño rotará el cuerpo hacia un lado, por ejemplo hacia la derecha. En esta posición, flexionará levemente la pierna derecha, al tiempo que se irá incorporando, apoyado en el antebrazo derecho. Al principio, podemos ayudarle a realizar el impulso permitiéndole que se coja a nuestra mano con su mano libre (en este caso, la izquierda) hasta quedar correctamente sentado. Estos cambios posturales requieren un cierto esfuerzo por parte del niño por lo que le animaremos a hacerlo cuando vayamos a realizar alguna actividad atractiva para él: incorporarse para saludar a papá o ponerse las botas para ir a la calle.


3.5. Área de hábitos y autonomía

Inclina el biberón y bebe en forma autónoma
Beber del biberón es una de las primeras actividades de la vida diaria que el niño realiza de forma autónoma, que le produce gran satisfacción y que no supone especiales dificultades para el niño sin visión. Para el logro de esta conducta le ofreceremos biberones de plástico, más bien pequeños, preferentemente con agua ya que al principio jugará con ellos y seguramente se verterá algo de líquido. Dejaremos que el niño sostenga el biberón con ambas manos y que sienta su peso. Cuando tenga la tetina en la boca elevaremos poco a poco el otro extremo del biberón, sin que deje de sostenerlo, hasta que compruebe que el líquido llega a su boca. Progresivamente le iremos retirando la ayuda hasta que consiga hacerlo solo.

Chupa el pan o las galletas
Respecto a los hábitos de alimentación el deseo de muchas madres es conseguir que los niños coman mucho, rápidamente y que no se manchen, creyendo que si el niño está bien nutrido no hay problemas. A veces creemos que debemos hacer las cosas por él, olvidando que con ello impedimos que se haga una persona independiente. Obviamente si el niño no ve, la tentación se multiplica por mil. Los niños ciegos no deberían encontrar especiales dificultades para el inicio de la masticación y el paso a la alimentación sólida. Sin embargo, a veces, los padres pueden pensar que la deficiencia visual puede dificultar estas adquisiciones. Tanto la masticación como la deglución son logros madurativos que se aprenden de forma espontánea, siempre que demos al niño oportunidades para familiarizarse y experimentar con alimentos sólidos, salvo que exista alguna dificultad añadida como prematuridad o trastornos digestivos específicos. En estos casos, nos atendremos a las instrucciones del pediatra. En general, hacia el año, cuando ya el niño tiene algunos dientes, podemos ofrecerle una corteza de pan o galletas de las que hoy existen en el mercado para iniciar la alimentación sólida, aunque estaremos siempre atentos, sobre todo al principio, a que no muerda algún trozo con el que pueda atragantarse.

Come sentado en una silla
Como ya hemos dicho, es necesario que el niño, desde pequeño, vaya teniendo sensaciones y experiencias propias como una persona independiente de la madre y en general de los adultos que le rodean. Una oportunidad excelente para experimentar estas sensaciones en estas edades es la hora de la comida. Desde que el niño se mantiene sentado con total estabilidad podemos darle de comer sentado en una silla con protección y bandeja. Él tendrá así más libertad de movimientos y se sentirá más autónomo para experimentar con los alimentos y los utensilios habituales para esta actividad. Podemos dejarle el plato y el vaso para que los toque, los conozca y los asocie a la comida o darle la cuchara para que juegue mientras espera a que el puré esté preparado. Estos tiempos facilitan además la anticipación de las actividades de la vida diaria y favorecen la tolerancia a la espera. Las bandejas de las “tronas” son también espacios muy adecuados para manejar juguetes porque tienen rebordes que delimitan la superficie, impidiendo que se caigan.

Hace algunas conductas de anticipación de situaciones cotidianas
Los niños videntes pueden percibir que las actividades cotidianas se suceden unas a otras y darles un sentido coherente. Pueden ver que mamá está en la cocina trajinando con los cacharros de la comida, lo que significa que pronto llegará su puré. Los niños ciegos muchas veces no pueden constatar la secuencia de estas actividades y parece que las cosas ocurren de pronto, sin poderlas prever, lo que puede ocasionarles una sensación de desconcierto. A todos nos gusta saber lo que va a pasar, sobre todo si se trata de lo que nos va a pasar a nosotros mismos. Por otra parte, la sucesión regular de los acontecimientos de la vida diaria y la posibilidad de preverlos ayuda a la interiorización de las secuencias temporales.

Es importante, en el desenvolvimiento de la vida cotidiana, mantener horarios regulares, procurar que el niño participe en los preparativos, ofrecerle información de lo que va ocurriendo a su alrededor y darle algunas pistas. Por ejemplo si es la hora de bañarse, mientras que hacemos los preparativos, podemos situarle en un lugar próximo al baño, dejarle que escuche cómo el agua va llenando la bañera y darle su esponja o alguno de los juguetes de los que utiliza en el agua; si es la hora de comer, podemos hacer que escuche la batidora y dejarle que toque su papillera o la cuchara.

Se muestra más activo en los hábitos de la vida diaria
Ya hemos insistido en muchas ocasiones en la importancia de que los bebés se vayan haciendo poco a poco más independientes y activos. Esta tarea durante los primeros meses sólo puede llevarse a cabo en las actividades cotidianas: comer, vestirse, bañarse... Si le damos oportunidades al niño para que colabore en estos quehaceres, estaremos ayudándole a que descubra y se interese en las rutinas de cada día, lo que le hará participar más activamente en las mismas. Es conveniente que cuando se esté bañando esté sentadito y no recostado; que pueda jugar con el gel antes de abrirlo; que le dejemos el tapón cuando lo hayamos abierto; que le demos algún cubito para que lo llene con el agua de la bañera; que le dejemos tocar la toalla antes de secarse y cuando ya hayamos terminado y esté colgada en el toallero; que intente tirar del pañal o de los calcetines cuando vayamos a desnudarle, aunque todavía no consiga quitárselo del todo; que meta la cuchara en el puré aunque no pueda todavía cargarla; que ponga la mano debajo del grifo antes de llenar su vaso y meta su mano en él después de beber... Por otro lado, recordemos que todo lo que el niño ciego no toca o no experimenta es como si no existiera. Así, si nunca le acercamos la esponja para que la manipule y juegue con ella, las esponjas no existirán para él. Permitirle que colabore activamente en las actividades de la vida cotidiana es ayudarle a comprender su entorno inmediato y a crecer.

***

4. El niño de 12 a 18 meses:
descripción de los objetivos de este periodo para las distintas áreas del desarrollo


4.1. Área de comunicación, lenguaje y socialización

Echa brazos a la madre desde otro adulto
Los niños videntes, de manera espontánea, echan sus brazos a la persona con la que quieren irse cuando ella está delante. Echar los brazos forma parte de un lenguaje corporal que está muy mediatizado por la visión. Por eso, el niño ciego puede encontrar más dificultades para dirigirse a esa persona que, aun estando delante, no está en contacto físico con él. Ese pequeño espacio de separación supone a veces para un niño sin visión un vacío que no controla.

Para favorecer esta conducta y que el niño pueda comprender que la distancia es fácilmente superable, hemos de colocarnos cerca y llamarle, evitando tomarle directamente en brazos, ofrecerle nuestras manos, animarla a que se incline hacia nosotros y alegrarnos con él cuando lo cojamos.

Dice adiós con un gesto
Es importante que desde pequeños introduzcamos a los niños en las costumbres sociales de nuestra cultura. Antes del año ya comprenden lo que significa despedirse y pueden decir “adiós” con la mano. A los niños ciegos les resulta imposible imitar algunos gestos si no les ayudamos a reproducirlos. Para que el niño sin visión pueda identificar y reproducir el ademán de “adiós” tomaremos su mano y le enseñaremos a que la abra y la cierre realizando este gesto. Tendremos que cuidar que esta mímica social, que resulta tan expresiva y tan clara para las personas videntes, no se convierta en el niño ciego en un movimiento vacío o estereotipado.

Por eso le pediremos que lo haga sólo en los momentos adecuados. Cuando se va a la calle por ejemplo. Cuando comprenda que ese gesto es utilizado sólo para despedirse, y que cuando lo hace los demás se ríen y le devuelven otro adiós con palabras, entonces lo empleará con un verdadero sentido social.

Tira besos
El movimiento que hacemos con los labios para expresar afecto no se aprende por imitación visual. Basta que besemos al niño y le pidamos besitos para que él aprenda a hacerlo. Sin embargo, el gesto de tirar un beso a alguien es igual que el del adiós. Forma también parte de un código cultural significativo para el proceso de socialización y tiene importantes componentes visuales.

Para enseñar al niño a hacer el ademán de tirar el beso al aire, podemos colocar su mano sobre nuestros labios y lanzar un beso. A continuación haremos lo mismo sobre la boca del niño esperando que tire el beso y como siempre, festejar el gesto cuando lo realice aunque su ejecución no sea perfecta.

Acepta a otras personas conocidas
Después del periodo de extrañamiento los niños empiezan a aceptar a otras personas y comprenden que también pueden resultar interesantes. Para que los niños puedan estar tranquilos con ellas, es necesario que confíen en que sus padres están ahí, disponibles para cuando ellos los necesiten. Ahora bien, para que el niño confíe es preciso que haya podido establecer con su madre una relación sólida y segura durante los primeros meses de la vida, que después, se separen a ratitos cortos para que el hijo pueda comprobar que “mamá siempre vuelve”.

En los niños ciegos se retrasa el periodo de extrañamiento y, en algunos de ellos, se prolonga más de lo conveniente. Esto es habitual, pero en estos casos el padre y los hermanos, los abuelos y algunos amigos de la familia deberán ayudar para que el niño amplíe su círculo de relaciones y también para que la madre descanse de su “cariñoso pero insaciable hijo”. En algunos casos, son las propias madres, sin querer, las que dificultan este proceso. A veces creen que nadie entiende a su hijo como ellas mismas o sienten celos de otras personas significativas para él. Estos sentimientos son naturales pero si resultan excesivos pueden impedir que el niño crezca y se socialice. Ánimo, será un niño más simpático y tendrá más amigos.

Tiene alguna jerga expresiva o imitación
Como ya hemos dicho, si no hay otros problemas, los niños ciegos desarrollan el lenguaje sin especiales dificultades. Algunos se recrean repitiendo sonidos y parecen disfrutar escuchando su propia voz. Sin embargo, en comparación con los niños videntes, es habitual que empleen menos jerga. No obstante, si remarcamos algunas palabras o sonidos onomatopéyicos, seguramente intentarán imitarnos. Cuando pretendamos que el niño imite algún sonido es conveniente emitirlo dos o tres veces de forma algo espaciada y esperar un tiempo observando el efecto que produce. Podemos repetir esta secuencia un par de veces más, pero no forzar al niño ni insistir demasiado. El lenguaje está directamente relacionado con la intención y el deseo de comunicarse. Si el niño lo vive como una imposición, no sólo no estaremos favoreciéndolo, sino que podemos provocar una actitud de oposición, lo que tendría precisamente el efecto contrario: que se niegue a hablar.

Recordemos que en la comunicación lo más importante es el ritmo del diálogo; escucharemos todo lo que el niño quiera “decirnos” y por nuestra parte le responderemos cuando él haya terminado. Aunque no comprendamos el contenido preciso de su “discurso”, nos esforzaremos por entender el sentido emocional que tiene para él. Puede querernos decir que está contento, que quiere jugar con nosotros o que está enfadado porque su hermano le ha quitado un juguete. Es importante que le hagamos saber que le hemos entendido. Por supuesto, durante este primer período de imitación no debemos pretender que el niño imite los sonidos correctamente. Cualquier intento de comunicación debe ser celebrado por los padres y por otras personas significativas para él. El lenguaje no se modifica a base de correcciones reiteradas sino pronunciando nosotros correctamente. Insistimos una vez más en que es importante que le demos tiempo. Si nosotros hablamos continuamente, el niño no intentará repetir los sonidos.

Dice algunas palabras con sentido o sonidos consistentes
En torno al año, los niños ciegos, al igual que sus compañeros videntes, empiezan a asociar algunos sonidos a objetos o situaciones específicos, aunque la aparición y el desarrollo del lenguaje varía mucho de unos casos a otros. En los comienzos del lenguaje no debemos preocuparnos de cómo pronuncian las palabras. Lo importante es que se refieran con un mismo sonido a una determinada cosa o situación, aunque más adelante los adultos no podamos abusar de este lenguaje. Por ejemplo, “tete” para chupete o “aba” para agua.

En el caso de los niños ciegos, cuando están surgiendo las primeras palabras, es importante hablarles de las cosas sólo en los momentos en que las estén experimentando. Esto no significa que no podamos hablar de forma natural. Pero es importante tener en cuenta que cuando hablamos a los bebés con visión, nos referimos a las cosas nombradas con nuestra mirada cuando el niño puede verlas. En este sentido procuraremos dar también al niño ciego referencias comprensibles para él. Así le hablaremos de la leche y del biberón cuando pueda tocarlo o cuando esté próxima la hora de su comida. Si queremos que aprenda a decir galleta, le repetiremos esta palabra cuando la tenga en su mano o poco antes de dársela. Y si le hablamos de sus zapatos, lo haremos mientras que se los estamos poniendo, o si anda zapateando o, en cualquier otro momento, siempre que la situación sea apropiada.

Responde a alguna pregunta sencilla
El lenguaje comprensivo es anterior al expresivo. O sea que los niños comprenden muchas palabras y frases antes de poder decirlas ellos mismos. El lenguaje comprensivo está estrechamente relacionado con las experiencias vividas. En este sentido es muy importante que proporcionemos al niño ciego ocasiones de experimentar. Por ejemplo: si siempre le damos de comer introduciendo los alimentos en su boca y no le permitimos manipularlos ni “enredar” con ellos, tendrá una representación muy parcial de los mismos y cuando le preguntemos sobre las galletas, el pan, la bolsa de ganchitos... el niño no comprenderá bien a qué nos referimos y probablemente no podrá respondernos aunque los haya comido.

Si cuidamos proporcionarle estas experiencias, resultará sorprendente notar cómo, a pesar de que el niño tenga muy pocas palabras, puede comprender algunas frases familiares y resulta enormemente satisfactorio para él y para sus padres comprobar cómo responde coherentemente a preguntas o peticiones que podamos hacerle. Así, si le preguntamos algunas cosas sencillas como: ¿quieres agua?, ¿dónde está tu nariz?, ¿qué te hace papá?, el niño puede respondernos con palabras o con gestos, coherentemente y con una intención comunicativa clara! Es importante que dediquemos tiempo a la comunicación con los niños desde muy pequeños; pocas cosas tan apasionantes como ver a nuestros hijos iniciarse en el dominio de la lengua.


4.2. Área de comprensión sensoria motora y cognición .

Señala tres partes de su cuerpo
Desde el año los niños pueden empezar a identificar algunas partes de su cuerpo. La boca, el pelo, las manos, los pies y la tripa suelen ser las más fáciles para los niños ciegos. Tendremos que jugar con el niño a nombrarlas y señalarlas, primero en su propio cuerpo y más adelante en el del adulto. Recordemos que este aprendizaje no debe ser meramente verbal y que tendrá gran trascendencia piara él experimentar y vivenciar las distintas sensaciones corporales. Por ejemplo, cuando le hablemos de la boca jugaremos a besar, a morder, etc.; cuando le hablemos de la tripa le haremos cosquillas; al hablarle de la nariz podemos hacer que es un timbre...

Muestra interés por los objetos
Una cuestión de importancia fundamental durante los primeros años de vida de los niños ciegos es que se interesen por su entorno. Este interés no resulta siempre espontáneo, y a veces nos plantea un reto que el niño desee conocer el mundo exterior y disfrutar de él. El ambiente natural del niño es su principal fuente de estimulación y está poblado de objetos útiles e interesantes. Muchas veces, pasan desapercibidos si no cuidamos de aproximárselos en las situaciones cotidianas que se presten a ello.

Insistimos una vez más en que, los objetos que el niño sin visión no experimenta directamente, es como si no existieran para él. Por ejemplo, si no le permitimos que experimente la forma y la textura del plátano, la manzana o la naranja, será prácticamente imposible que los identifique; si nunca le proporcionamos la ocasión de que acaricie o juegue con un perro, no podrá formarse una idea del mismo o se formará una idea muy parcial, sin poder representar qué hay más allá del mero ladrido.

Podemos además ofrecerle en una caja diferentes objetos que puedan despertar su interés, bien porque estén muy próximos a su vida cotidiana (cosas de aseo, de comida...) bien porque resulte divertido tocarlos (llavero con llaves, collares de mamá...)

Entiende el “dame”
Pedir es una de las funciones del lenguaje y un acto relacional muy importante para todas las personas.

A partir del año, los niños empiezan a comprender el significado de la acción de pedir. En un momento en el que el niño tenga algún objeto, siempre que no esté especialmente entusiasmado con él, podemos pedirle que nos lo dé, mientras ponemos nuestra mano junto a la suya sujetándolo. Pero no debemos quitárselo sino tirar un poco mientras le decimos algo así como: “dámelo, por favor, a mí me gusta mucho tu pelota, déjamela un poquito y te la doy otra vez”. Cuando el niño suelte el objeto nos mostraremos alegres y le daremos las gracias por dejarnos su juguete.

También podemos pedirle que nos dé sucesivamente una a una varias pinzas de la ropa que hayamos colocado en un cesto, o las anillas que vaya sacando de un palo. Podemos repetir este juego variando las situaciones pero manteniendo la petición “dame” hasta que el niño comprenda lo que esperamos de él.

Busca objetos escondidos en diversos lugares
Esta es una actividad verdaderamente estimulante. Permite el desarrollo de la inteligencia, consolida la noción de permanencia de los objetos a la vez que favorece el control del cuerpo y del espacio circundante. Podemos jugar con objetos no muy grandes, preferiblemente sonoros y que le resulten atractivos al niño: un cascabel, una pelota o su propio chupete. Los podemos guardar en el bolsillo de su pantalón o debajo de su vestido o colocarlos entre sus piernas tapados con una almohadilla pequeña o un pañuelo. Si el niño no sabe qué hacer, le daremos pistas sonoras o táctiles hasta que los encuentre. Poco a poco iremos complicando el juego, pero el juguete debe encontrarse siempre.

Tira de una cuerda para conseguir un objeto
Una de las adquisiciones que el niño realiza a estas edades es la utilización de un objeto intermediario a modo de herramienta. Esta conducta entraña una cierta dificultad para los niños sin visión ya que requiere un cierto control visual. Podemos enseñar al niño a descubrir cómo tirando de una cuerda consigue aproximar un objeto colocado a una distancia que no puede alcanzar directamente. Al principio debemos ayudarle de forma pasiva y secuenciada. El juguete que pretendemos que rescate debe ser conocido. Antes de colocarle la cuerda, dejaremos que lo manipule y juegue con él. Una vez que se haya interesado por el objeto, se lo presentaremos atado a una cuerda o pañuelo. Le ofreceremos uno de los extremos para que la sujete y lleváremos su mano libre a lo largo de dicha cuerda hasta que descubra que el objeto está prendido al extremo opuesto.


4.3. Área de manipulación

Explora los objetos
Las manos del niño ciego son su principal recurso para conocer el entorno y representarse la forma de los objetos. A fin de que pueda conocer y comprender la diversidad y complejidad del mundo que le rodea, debemos animarle a tocar y curiosear los objetos que forman parte de sus espacios inmediatos. Así, por ejemplo, si estamos en su habitación le invitaremos y ayudaremos a explorar tranquilamente los rebordes de su cama, las puertas del armario, los cuadros colgados en la pared, los cestos de sus juguetes... Es importante que toque de una forma pausada y suave y que esté interesado en conocer el objeto que esté explorando. Para promover estas destrezas podemos ofrecerle juguetes atractivos: con texturas agradables, formas peculiares, con relieves u orificios... Algunos niños rechazan muy contundentemente determinadas texturas. Cada uno tiene sus preferencias y lógicamente debemos respetarlas. Aunque trataremos de diversificar los materiales, las formas, las texturas, los volúmenes, los pesos, etc.

Destapa un pote redondo
Destapar potes es una de las destrezas manipulativas que los niños ciegos pueden conseguir al principio de este período sin mucha dificultad. Para realizar esta tarea podemos ofrecer al niño botes no muy anchos, de fácil apertura, cuidando siempre que en su interior haya algún juguete atractivo para él. Al principio, resultan más fáciles las tapaderas con pomo, con hendidura o con asa. Sujetaremos nosotros mismos el bote para que él tire de la tapa. Tampoco es difícil abrir cajas cuadradas o rectangulares con tapadera de bisagra. Si nosotros sujetamos la caja, el niño aprende pronto a balancear la tapa para abrirla y cerrarla. Procuraremos que éstas no sean mayores de 10 o 15 cm. Luego podemos ofrecerle tapas algo más difíciles, las de apertura clásica. En todos los casos, debemos de procurar que el tamaño del bote sea adecuado al de la mano del niño. Una vez que pueda destapar correctamente sujetándole nosotros el bote, intentaremos que él mismo destape con una mano, mientras sostiene el bote con la otra.

Saca anillos ensartados en un palo vertical
Una de las tareas facilitadoras de la coordinación bimanual es la de sacar anillas ensartadas en un palo vertical. La representación del palo vertical y de los aros ensartables en éste no resulta fácil para los niños que no ven. Es conveniente ofrecerle las anillas y jugar con él a colocárselas como pulseras o a rodarlas y bailarlas sobre la mesa a modo de peonzas. Después le ofreceremos las anillas ensartadas en el palo. Al principio, sujetaremos nosotros el soporte y ayudaremos al niño a realizar el movimiento dirigiendo su mano. Es importante que comprenda que no debe tirar directamente de la anilla, sino que tiene que elevarla para poder desengancharla. También es conveniente que le permitamos experimentar con el palo después de haberlas sacado. Más adelante, deberá aprender a sujetar el palo con una mano mientras que desensarta la anilla con la otra. Al principio, sujetaremos su mano sobre la base del palo hasta que él pueda realizarlo sin ayuda.

Los juegos de anillas del mercado suelen traer muchos elementos apilados por tamaños. Este agrupamiento dificulta la tarea. Podemos retirarlas y dejar solamente una o dos o emplear anillas del mismo diámetro. Son adecuadas también las anillas de cortina o pulseras infantiles de tamaños abarcables por la mano del niño lo que le permite percibir de forma global el perímetro de la anilla y su orificio central.

Saca las piezas del tablero
A lo largo de los dos primeros años de vida los niños recorren un camino que les permite asir y manipular los objetos cada vez con más destreza. Hacia el año, todavía emplean la prensión dígito-palmar, o sea, cogen los objetos colocándolos entre sus dedos y la palma de sus manos. Durante el primer semestre de este segundo año van consiguiendo manejarlos con las yemas de sus dedos, lo que les permite mayor precisión y eficacia en su manejo.

Esta destreza es importante para todos los niños, pero adquiere particular relevancia para el niño ciego. Por eso es necesario que trabajemos y ofrezcamos al niño de esta edad objetos pequeños como botones, cuentas de collares... que favorecen el empleo de la pinza. Cuando utilicemos objetos pequeños debemos estar atentos a que no se los lleve a la boca y los emplearemos siempre en presencia del adulto. Entre las tareas destinadas a conseguir la ejecución de la pinza resulta muy interesante el trabajo con los tableros de chinchetas. Al principio sostendremos el panel y guiaremos la mano del niño para que él tire de la chincheta, sin exigir que lo haga con las yemas de los dedos, sino enganchándola entre sus dedos y la palma de su mano. Paulatinamente, y con nuestra ayuda, irá pudiendo coger la chincheta con las yemas de sus dedos. Es conveniente ayudarle a que sostenga las chinchetas con los dedos índice, corazón y pulgar, lo que le va a resultar muy: útil más adelante para controlar la orientación del vástago a la hora de insertarlo en el panel. Existen en el mercado tableros con chinchetas o pinchitos de plástico de tamaños y formas variadas que serán muy útiles para esta tarea y que más adelante servirán para trabajar conceptos bidimensionales.

En general, a partir del año, para la realización de tareas manipulativas podemos utilizar mesas bajitas en las que el niño podrá estar más cómodo y tener el material mejor organizado. Resulta muy útil para los niños con deficiencia visual colocar listones de madera de unos 3 ó 4 cm. de alto bordeando el tablero superior de la mesa, lo que impedirá que caigan los materiales menudos.

Mete objetos en una cubeta
Colocar un objeto dentro de un bote no resulta excesivamente motivador para los niños ciegos. Posiblemente cuando ellos sueltan un juguete dentro del bote pierden el contacto con él y no pueden comprobar que ha caído en el fondo. Así que no se muestran muy dispuestos a soltarlo. Sin embargo es una tarea que deben aprender a realizar, porque es una destreza manipulativa necesaria y porque contribuye a mejorar la coordinación bimanual. Al principio el niño no sabe muy bien lo que le pedimos, por lo que empezaremos la tarea ofreciéndole un bote grandecito, de 10 o 15 centímetros de diámetro, y una pelota del tamaño adecuado a su mano. Dejaremos que experimente con ambos objetos, separados y juntos. Luego tomaremos su mano con la pelota y se la colocaremos sobre el borde del bote. Le pediremos que la suelte o la guarde; si no lo comprende, le abriremos la mano hasta que la pelota caiga. Lógicamente le permitiremos después introducir la mano y constatar que la pelota está adentro. Mientras esté iniciando este aprendizaje, sujetaremos nosotros el bote entre sus piernas o en una mesa bajita, ayudándole a colocar una mano sobre los bordes del recipiente y a dirigir la otra hacia el mismo. Es importante que obtenga algún refuerzo cuando la pelota caiga en el recipiente. Son aconsejables, por ejemplo, botes metálicos y pelotas de goma maciza, que producen mucha resonancia cuando rebotan.

Como siempre, estos pasos con material específico facilitan la secuencia del aprendizaje, pero son generalizables a cualquier otra situación de la vida cotidiana. Por ejemplo, guardar la fruta en el frutero o la ropa sucia en el cesto.

Abre puertas y cajones
“La curiosidad es sana”. Y es un indicador del deseo de conocer.

Multitud de estímulos se muestran ante los niños videntes y tienen habitualmente gran cantidad de información disponible. Los niños sin visión, en cambio, necesitan explorar con sus manos e ir progresivamente descubriendo los elementos de su entorno. Es natural y supone un verdadero placer “cotillear” cuantos objetos haya disponibles en su casa y otros ambientes que le resulten familiares. Pero si no es así, somos nosotros los que debemos animarles a explorar los rincones interesantes de la casa. No podemos permitirnos el lujo de desaprovechar la riqueza que nos ofrecen estos rincones: tras la puerta de un armario de cocina lleno de cazuelas y otros utensilios se esconden verdaderos tesoros para el deseo de conocer de un niño; dentro de un cajón el niño descubre un mundo sorprendente que no sólo le ayudará a conocer cómo son las cosas que allí estén, sino que le irá despertando más curiosidad para nuevas exploraciones.


4.4. Área de motricidad gruesa, esquema corporal y organización espacial

Se mantiene en un balancín o en un andador
Los balancines, los andadores y otros elementos de psicomotricidad favorecen el control corporal y permiten disfrutar del movimiento. Para los niños ciegos éstos son aún de mayor utilidad, ya que tienen dificultades para moverse libremente y para poder tener algunas experiencias motrices necesitan algún elemento que les dé estabilidad y les sirva a la vez como referencia espacial. Es normal que en un primer momento el niño tenga miedo a un objeto cuyo movimiento le resulta difícil de controlar. Este miedo, siempre que no sea excesivo, es un indicador de que ha adquirido una adecuada conciencia de peligro y sentido de autoprotección. Las primeras veces lo sentaremos nosotros en el balancín, sujetándolo para que no tenga la sensación de que puede caerse.

Poco a poco iremos retirando la ayuda e iniciaremos el balanceo de forma suave. Cuando el niño controle el movimiento, lo moverá con ímpetu y disfrutará meciéndose con la velocidad y el ritmo que él desee. A la par que aprende a manejar el balancín puede empezar a mantenerse sentado en el correpasillos, siempre que le ayudemos a montarse en él. Al principio le permitiremos que se familiarice con el cochecito y más adelante iniciaremos desplazamientos lentos hasta que el niño vaya comprendiendo que puede mantener el equilibrio a pesar de los deslizamientos.

Cuando el niño maneje estos elementos con cierta estabilidad podremos enseñarle a subirse solo, cuidando mantener fijo el correpasillos y proporcionándole el apoyo físico necesario hasta que pueda controlar estos movimientos. Deberá apoyar sus manos en el manillar y pasar una pierna por la parte posterior del asiento hasta quedar sentado a horcajadas. Es importante que el correpasillos tenga estabilidad, que no se deslice fácilmente y que sea proporcional a la estatura del niño, de forma que pueda apoyar sus pies en el suelo cómodamente.

Salta sobre una pelota o cama elástica, de las manos del adulto
La cama elástica y la pelota grande son otros elementos de psicomotricidad que facilitan también el dominio corporal. Pocas semanas después de mantenerse de pie con apoyo y para favorecer el tono muscular en miembros inferiores, podemos jugar con el niño a saltar sobre una cama elástica o pelota grande de goma de las que existen en el mercado (de unos 70 cm de diámetro). Las primeras veces sostendremos al niño con nuestras manos sujetándole por ambos costados de forma que se sienta seguro. Al ritmo de una canción, le haremos moverse levemente sin levantar los pies. Una vez que el niño esté familiarizado con este juego y le resulte divertido, le ayudaremos a dar algunos saltos hasta que consiga levantar ambos pies simultáneamente. Más adelante, le retiraremos parte del apoyo y le ofreceremos únicamente nuestras manos animándole a que sea él el que se impulse. Es una actividad fácil y con la que suelen disfrutar.

Pasa de sentado a de pie
Recordemos que los niños sin visión tienen algunas dificultades para realizar los cambios posturales. Cuando están sentados, la mayoría de ellos intenta ponerse de pie impulsándose con la parte superior del tronco y cogiéndose a nuestras manos o a un asidero. Sin embargo para favorecer el control de su cuerpo y el dominio de los movimientos es preciso que realicen correctamente los apoyos que les permitirán darse el impulso adecuado sin forzar su musculatura. Cuando el niño esté sentado y vaya a levantarse, le ayudaremos a rotar su cuerpo lateralmente, hasta que apoye ambas manos en el suelo en uno de sus costados. Desde esta posición continuará el giro hasta colocarse en postura de gateo. A continuación plantará uno de sus pies en el suelo y apoyándose sobre un mueble bajo o sobre el adulto, se impulsará hasta quedar de pie. Procuraremos que el peso del niño se cargue más sobre sus miembros inferiores que sobre sus brazos.

Se desplaza sentado
La mayoría de los niños ciegos rechazan la posición de gateo y se resisten firmemente a desplazarse gateando. En todo caso, es conveniente que, durante este periodo, consigan alguna forma de desplazamiento que les resulte a la vez segura y agradable. Así por ejemplo, podemos animar al niño a que se deslice “culeando”. Podemos favorecer este tipo de desplazamiento haciendo que, cuando está sentado en el suelo, golpee con sus talones jugando a patalear haciendo ruido, cosa que en general les gusta mucho, incluso a veces demasiado. Debemos tener cuidado de que esta conducta no se haga reiterativa y estereotipada.

Continuando con este juego, podemos ayudarle a que gire sobre sí mismo como si sus piernas fueran las agujas de un reloj. Cuando haya conseguido dominar este movimiento intentaremos que vaya deslizándose por el suelo apoyándose en sus manos. Mientras que el niño realice estos ejercicios procuraremos que esté calzado para evitar que pueda hacerse daño. Lógicamente, para motivar los desplazamientos le ofreceremos algún juguete que despierte su interés. Ya sabemos que las conductas que suponen cambios posturales y desplazamientos entrañan dificultad para los niños sin visión. Si el niño llora o protesta demasiado, no debemos forzarle. Es mejor distraerle y calmarle y dejar la tarea para otro día.

Se desplaza de pie con apoyo
La mayoría de los niños deficientes visuales consiguen, como sus compañeros videntes, mantenerse de pie y dar los primeros pasos con apoyo hacia el año aproximadamente. En general encuentran poca dificultad para mantenerse quietos en esta posición, pero se resisten a moverse y a avanzar. Hemos de tener en cuenta que no controlan el espacio que no está en su entorno inmediato, que pueden temer perder el equilibrio y que, además, hallan dificultades para imitar el gesto de mover alternativamente los pies para dar pasos. A pesar de estas dificultades, algunos niños ciegos comienzan la deambulación con apoyo casi espontáneamente. Pero este desplazamiento supone para otros “una aventura peligrosa”.

Algunas estrategias facilitan al niño esta tarea:

• Poner a su alcance muebles bajos en los que pueda sujetarse y utilizarlos como referencia para desplazarse más tranquilamente.
• Colocarle sobre nuestros propios pies y caminar con él para que sienta este movimiento aunque sea de forma pasiva.
• Coger al niño de las manos y, colocados frente a él, marcar un ritmo con nuestros pies de forma alternante como si estuviéramos andando, esperando que él imite este movimiento.
• Levantar alternativamente los pies del niño cuando esté sujeto de forma segura, al ritmo de una canción.
• Sobre una mesita baja alargada, ofrecerle a cierta distancia una caja de música o un objeto sonoro que le guste para que intente cogerlo desplazándose.

Los niños ciegos pasan mucho tiempo después de dar los primeros pasos con apoyo sin atreverse a soltarse. El espacio es para ellos poco controlable. Su miedo es adecuado. Tardarán un tiempo en caminar solos. No debemos tener prisa.

Camina sujeto a un correpasillos
Como ya hemos dicho varias veces, caminar solo entraña especiales dificultades para el niño sin visión. Paciencia, es imprescindible que respetemos su miedo, aunque le animemos mientras tanto a dar algunos pasos. Antes de conseguir esta conducta el niño habrá estado mucho tiempo caminando de la mano, empleando una pared como guía, sujeto a muebles o utilizando un andador. El correpasillos es un elemento bastante útil en este período intermedio en el que los niños se desplazan seguros con apoyo, pero todavía no se animan a soltarse del todo. Aunque al principio se muestren temerosos por su movimiento, una vez que consiguen controlarlo, les permite sentirse seguros, activos y “poderosos” y disfrutan mucho con él.

No debemos emplearlo hasta que el niño no tenga equilibrio suficiente ni dejarle solo hasta que lo utilice con seguridad. Los correpasillos que empleemos deben tener peso y una base ancha, que garanticen su estabilidad, a fin de que el niño no se caiga.

Si el que tenemos pesa poco o se desliza demasiado deprisa, podemos colocar en él una bolsa de tierra que le dé mayor solidez.


4.5. Área de hábitos y autonomía

Camina de forma independiente
Hacia los 18 meses la mayoría de los niños ciegos empiezan a dar algunos pasos solos, aunque unos lo hacen varios meses antes y otros lo aplazan algún tiempo más. El período de la marcha autónoma entraña para ellos un cierto conflicto. El imperativo de crecer y la dificultad que encuentran para dominar el espacio y realizar una marcha confiada, hace de este período una etapa crítica. Cabe esperar la aparición de conductas temerosas que son adecuadas si se mantienen dentro de unos límites. Los niños pueden responder a estos temores de maneras muy diversas, dependiendo de su personalidad y de las actitudes de los adultos que les rodeamos. Tanto una actitud excesivamente temerosa como demasiado confiada, podrían hacer pensar en la existencia de un problema psicológico al que abría que prestar una atención cualificada.

Lo habitual es que el niño sienta miedo y proteste, pero que acepte la ayuda y soporte la dificultad. La actitud del adulto debe ser protectora y respetuosa, pero a la vez animosa y reforzante. Por ejemplo, podemos animarle a que haga pequeños desplazamientos dirigiéndose a uno de sus padres lo que, en general, les resulta muy motivador. Las distancias al principio tienen que ser muy cortas y debemos festejar su logro por pequeño que sea sin apremiarle cuando no lo consiga. En cualquier caso, si no hay otros problemas en el desarrollo, antes de los 2 años el niño puede desplazarse con seguridad, ir y venir por espacios interiores con intencionalidad y sin temor.

Toma alimentos blandos y triturados
Hacia el año, la maduración biológica permite a los niños iniciar la masticación. Este paso debe ser siempre pautado por el pediatra ya que cada niño tiene un ritmo de maduración particular. En cualquier caso, la deficiencia visual no debería crear dificultades añadidas en la consecución de este objetivo evolutivo. A partir del año podemos ofrecer a los niños alimentos semisólidos y algunos sólidos para que puedan empezar a masticar. Es aconsejable ofrecerles un trozo de corteza de pan suficientemente grande como para que ellos la mantengan en su mano y la vayan chupando. Existen también unas galletas especiales para el comienzo de la masticación. Lógicamente, estaremos atentos para evitar que se atraganten con algún trocito que hayan podido morder.

Podemos pensar que, para facilitar la tarea de la masticación, es bueno incorporar al puré algunos trocitos de alimentos sólidos. En general no suelen gustarles los purés o las cremas con grumos o tropezones. Es más aconsejable empezar con comidas blanditas, como quesitos, jamón de York, trocitos de croquetas, tortilla francesa, etc. En todo caso, tenemos que tener en cuenta que cada niño tiene sus gustos propios. Algunos de ellos prefieren los sabores fuertes: jamón serrano, legumbres, arroz con tomate... mientras que otros muestran verdadero deleite por los alimentos dulces. En el comienzo de la masticación es importante tener en cuenta estas preferencias, aunque poco a poco procuraremos que tengan una alimentación variada.

Bebe de una taza o vaso que se le sujeta
La mayoría de los niños alrededor del año pueden beber líquidos directamente de una taza o vaso. Los niños ciegos no deben encontrar especiales dificultades en la adquisición de esta conducta.

A veces a los padres les resulta más cómodo prolongar el período de los biberones, tratando de evitar que el niño se manche. Pero los niños crecen y nuestra responsabilidad es favorecer este proceso. Prolongar conductas propias de períodos anteriores, aunque a veces parezca que no tiene importancia, contribuye a obstaculizar su desarrollo.

Después de su primer aniversario debemos animarles, pues, a beber sin tetinas. En un vaso pequeño podemos colocar un poco de líquido (leche, zumo, agua). Dejaremos que el niño los sostenga con las dos manos mientras que nosotros sujetamos la parte inferior del recipiente. Debemos procurar que sea él quien vaya inclinando el vaso, aunque le ayudemos a controlar el movimiento. No son aconsejables para niños sin visión los vasos con asas, ya que al sujetarlos por éstas, pierden el contacto con el recipiente y con ello la referencia de su posición. Si observamos que el niño tiene muchas dificultades podemos utilizar como paso intermedio las tapas con boquilla que se encuentran en el mercado.

Conoce el plato y la cuchara y sabe para qué sirven
Recordemos que muchos de los instrumentos cotidianos que son tan obvios para las personas que ven no son descubiertos por los niños ciegos si los adultos que convivimos con ellos no procuramos que los exploren. Si mientras damos de comer al niño le dejamos que toque los utensilios empleados podrá ir comprendiendo cómo y desde dónde llega la comida hasta su boca. Es conveniente dejarle que explore y manipule los vasos, las papilleras y los cubiertos cuando están limpios, pero procuraremos hacerlo en torno a la hora de comer. Además, cuando la comida ya esté servida, trataremos de que el niño ponga la mano en el borde del plato y toque con cierto cuidado el alimento. Privarle de estas y otras experiencias similares, que forman parte de las actividades de la vida diaria, supone colocarle en un vacío experiencial que tendrá para él consecuencias negativas.

Colabora en las tareas de vestirse y desvestirse
Las tareas de vestirse y desvestirse son también actividades de la vida diaria y que el niño tome parte en ellas de forma activa tiene gran interés para su proceso de crecimiento, como ya aludíamos en el tema de la comida.

Durante estas actividades él experimenta sensaciones motrices que le van a permitir integrar mejor su esquema corporal y controlar sus movimientos a la vez que aprender la propia acción de vestirse. Al objeto de favorecer una actitud más activa por parte del niño, nosotros nos mantendremos un poco más pasivos. Por ejemplo, si le estamos poniendo una camiseta, dirigiremos su mano hacia el comienzo de la manga, pero luego esperaremos que sea él el que extienda el brazo y consiga colocarse la manga entera.

Lógicamente tendremos que generalizar esta actitud a los demás movimientos y a otras prendas de ropa. Enhorabuena por cada nueva adquisición. Cada paso que el niño da en su proceso de crecimiento y en la conquista de su autonomía es un éxito de todos.

***

5. El niño de 18 a 24 meses:
descripción de los objetivos de este periodo para las distintas áreas del desarrollo


5.1. Área de comunicación, lenguaje y socialización

Aumenta la ansiedad de separación
Hacia los 18 ó 20 meses se producen algunos cambios en el desarrollo que tienen consecuencias importantes en la personalidad de los niños. En esta edad adquieren una facultad intelectual muy especial: la de poderse representar en su cabeza cosas que antes sólo vivían en el mundo físico, en el ámbito de la experiencia sensorio motriz. Además muchos niños ciegos empiezan en esta edad a caminar de forma independiente, lo que no siempre resulta tranquilizador para ellos y posiblemente para sus padres. Estas dos adquisiciones hacen que los niños se sientan “mayores” y eso en parte les gusta porque desean crecer y conseguir nuevos logros. Sin embargo, al mismo tiempo, toman conciencia de que son independientes, de que algunas situaciones son difíciles de resolver y de que “mamá no está siempre a su lado”.

Esto provoca en ellos una fuerte ambivalencia: por una parte quieren separarse de la madre y hacer cosas por sí mismos y de pronto se dan cuenta de que mamá no está cerca y necesitan comprobar dónde está para poder acercarse a ella cuando las cosas se ponen difíciles. Por esto, en esta etapa, los niños pierden la euforia propia de periodos anteriores, cuando eran más inconscientes y estaban más ajenos a los peligros. Así aumenta la conciencia de la ausencia de la madre y, en consecuencia, aumenta también la ansiedad de separación. En esta etapa es muy importante que la madre esté disponible para cuando el niño la necesite, pero también que se vaya separando a ratitos y le anime a hacer cosas solo, cuando él sea capaz. Esta actitud de la madre que anima a crecer y a superar las dificultades, pero a la vez está disponible, permitirá que el niño se distancie paulatina y voluntariamente de ella y tenga una actitud confiada para experimentar situaciones nuevas e interesantes, siempre que sepa que puede volver cuando él lo desee.

Soporta pequeñas frustraciones
Hacia los dos años es normal que los niños se muestren a veces descontrolados e impulsivos y no sean capaces de esperar para obtener lo que desean. En ocasiones se ponen exigentes y algo tiranos con la familia. En este periodo no sabemos si tenemos ante nosotros un bebé o un niño; está precisamente en el límite. Todavía no podemos aspirar a que se comporte como un niño razonable y bien educado, pero está ya en disposición de comprender que no puede conseguir todo lo que desea y sobre todo que no puede conseguirlo inmediatamente.

Como ya dijimos en su momento, aceptar pequeñas frustraciones y soportar ratitos de espera es esencial para adaptarse a la realidad y repercutirá en el propio bienestar del niño. A veces, cuando el niño tiene alguna discapacidad, tratamos de compensarle dándole todos los caprichos y haciendo que toda la familia gire a su alrededor. Esta actitud le perjudica seriamente y a la larga le acarrea mucho sufrimiento.

No olvidemos que él tendrá que salir del seno familiar y relacionarse con otros niños y en otros ambientes donde será un niño más. Es por esto imprescindible ayudarle desde ahora a tolerar algunos tiempos de espera y algunas prohibiciones. Por ejemplo, si estamos terminando una tarea y el niño quiere un juguete, podemos decirle que se lo alcanzaremos en cuanto terminemos. Aunque este tiempo de espera debe ser todavía corto. Igualmente, si nos pide el cuaderno de un hermano, debemos tranquilamente decirle que no, que ese cuaderno puede romperse y que es algo importante para su hermano. Él lo entenderá y lo aceptará con una condición: que la norma se mantenga firme y clara. No sirve que hoy el cuaderno pueda romperse pero mañana no sea así.

Obedece alguna orden sencilla
Los logros intelectuales y lingüísticos a estas edades permiten ya que los niños comprendan mensajes y puedan responder a ellos. Además realizar algún recadito hará que el niño se sienta muy satisfecho. Sentirá que es mayor y capaz de hacer cosas solo. Y que su madre o su padre están contentos con él porque es un chico eficaz y puede ayudarles.

El niño ciego también puede ayudar a sus padres y realizar algunas tareas dentro del hogar. Si le pedimos que nos traiga sus zapatos, que coloque sus calcetines usados en el cesto de la ropa sucia o que guarde un juguete en el baúl y le agradecemos sinceramente su ayuda, se sentirá orgulloso y nosotros también. Comprende muchas frases familiares y emplea algunas expresiones con intención comunicativa Entre los 18 y los 24 meses tiene lugar una etapa de expansión del lenguaje. No obstante, la evolución en esta área es muy variada y existen diferencias individuales muy marcadas de unos niños a otros,~sin que ello implique necesariamente retrasos o desviaciones del desarrollo.

A los dos años, muchos niños ciegos emplean frases de dos o tres palabras con un estilo telegráfico, como es habitual también entre sus compañeros videntes (“mamá pan”, o “con papá calle”), mientras que otros permanecen aferrados a la palabra-frase que, convenientemente entonada, les permite comunicar casi todas sus necesidades básicas (“agua” por “dame agua” o “calle” por “vamos a la calle”). Recordemos que el lenguaje comprensivo va muy por delante del expresivo. Hacia los dos años, ya pueden comprender la mayoría de las frases familiares que empleamos para dirigirnos a ellos: “vamos a comer”, “ya tenemos que ir a dormir”, “dale el juguete a tu hermano”...

El lenguaje, no sólo como instrumento de simbolización y comunicación, sino en su aspecto puramente fonético, despierta en los niños sin visión un vivo interés. Los sonidos del lenguaje son por sí mismos una fuente de estímulos y acaparan poderosamente su atención. Esto hace que muchas veces aprendan y repitan expresiones verbales aunque éstas no tengan un significado semántico. Este lenguaje repetitivo puede resultar al principio gracioso y algunos adultos tienden a reforzar este tipo de expresiones de forma abusiva, pero esto puede ser perjudicial para los niños sin visión y resulta peligroso para su desarrollo personal y social. Es muy importante cuidar que las expresiones que el niño vaya incorporando tengan una correspondencia significativa para él.

Lo más importante en esta etapa no es que utilice frases más o menos largas, que tenga mucho vocabulario o que pronuncie correctamente, sino que emplee el lenguaje con una clara intención comunicativa; o sea que sepa lo que quiere decir, aunque no sepa decirlo bien. La aparición y el desarrollo del lenguaje, tanto en niños ciegos como en videntes, depende fundamentalmente de cómo haya sido la interacción social con sus padres y otros familiares durante los primeros meses de vida y de las oportunidades de experimentar que hayan podido tener.


5.2. Área de comprensión sensorio motora y cognición

Mantiene la atención durante períodos cortos de tiempo
Una idea muy extendida en nuestra cultura, incluso en el ámbito de la educación infantil, es que a los niños hay que “estimularles”, y cuantas más actividades hagan, mejor. Sin embargo, crecer no es una carrera de obstáculos. Los niños, con discapacidad o sin ella, tienen un ritmo y necesitan tiempo, tiempo para pensar, para asimilar la información, para sentir, para jugar...

Cuando juguemos o trabajemos con el niño procuraremos que esté interesado y atento en la actividad que le propongamos. Despertar en él la curiosidad y el deseo de aprender es más importante que la cantidad de cosas que aprenda o la cantidad de tiempo que esté “trabajando”. En general, en estas edades es conveniente realizar una misma actividad durante períodos cortos. Cuando un niño tiene dificultades para prestar y mantener la atención, debemos preguntarnos qué está pasando. Puede estar cansado o sentir ansiedad, podemos estar dándole más información de la que él es capaz de asimilar, o quizá le estemos pidiendo tareas demasiado difíciles y no nos comprenda o demasiado fáciles y se aburra.

En estos casos es mejor retirar el material y proponerle otra actividad alternativa de otra índole. En cualquier caso si; no sabemos bien qué ocurre y el niño se muestra habitualmente inquieto o muy disperso es conveniente pedir asesoramiento a algún profesional con experiencia en valoración de este tipo de comportamientos.

Comprende “deprisa despacio” como actividad sensoria motora
Uno de los primeros conceptos que los niños pueden aprender de forma vivenciada tras la finalización del período sensoriomotor es el par “deprisa-despacio”. Para facilitar al niño estas sensaciones, que luego serán conceptos, podemos realizar con él algunos juegos: montarle en nuestras piernas y jugar al caballito o juegos similares, mecerle en balancines o columpios o jugar con él sobre un rulo.

Estas actividades pueden producirle vértigo o miedo. Por eso, debemos hacerlo siempre como un juego y no forzar al niño cuando él no quiera. Podemos también jugar con algún muñeco, colocándolo dentro del columpio para que el niño lo balancee. Debemos de tener en cuenta que estos juegos son muy excitantes por lo que evitaremos realizarlos cuando esté nervioso y pararlos cuando veamos que está sobreexcitado.

Comprende “arriba , abajo” como actividad sensoria motora
Igual que los opuestos “deprisadespacio”, los conceptos espaciales “arriba-abajo” deben ser experimentados y vivenciados corporalmente. Los conceptos espaciales se interiorizan en todos los niños desde lo experiencial, pero en los niños ciegos esta consideración adquiere especial relevancia. Únicamente desde las sensaciones propioceptivas y desde la experimentación motriz pueden integrar esta polaridad. Podemos realizar con el niño juegos corporales que le permitan tener sensación de altura: estar encima de la pelota y bajarse cogido de nuestras manos, subir y bajar de la mesa, subir y bajar por el tobogán...

Mientras que el niño permanece arriba le sostendremos con firmeza, quedando frente a él o incluso un poco por debajo. El niño podrá entonces tener sensaciones de que está más arriba o más abajo que mamá o papá. Podemos aprovechar también situaciones cotidianas como subir y bajar las escaleras para reforzar estos conceptos. Como siempre, debemos garantizar que el niño se sienta seguro y protegido y que estos ejercicios resulten divertidos para él.

El juego del “como si”
A partir de los dieciocho meses el niño ciego puede empezar a imitar algunas acciones de la vida cotidiana referidas a sí mismo. Antes de conseguir esta capacidad el niño realiza las acciones únicamente en su contexto real: come, se lava, bebe... Después, puede imitar estas acciones en el juego sabiendo que es “de mentirillillas”: imita la acción de comer, con un plato y una cuchara de juguete, aunque no tenga comida; o coge la esponja y hacer como que se lava los pies sin agua.

Al principio, sólo podrá realizar acciones referidas a su propio cuerpo: lavarse, peinarse, comer, etc. Algo más tarde, empezará a dar de comer a su mamá, peinarla... es un paso importante en el camino a la inteligencia representativa, pero debemos de cuidar que este juego no se realice de una forma mecánica; lo importante es que el niño comprenda que está imitando la acción de comer, y no que golpee el plato o chupe la cuchara sin comprender su sentido simbólico.
 

5.3. Área de manipulación

Tapa un bote redondo
Tapar botes o cajas es una destreza manipulativa básica y una actividad muy útil para que el niño se ejercite en la coordinación bimanual. Como venimos diciendo en referencia a los materiales apropiados para las tareas manipulativas, el tamaño del bote debe ser adecuado a la mano del niño. La tapa debe ser fácilmente encajable, de manera que le permita guardar dentro del bote algún juguete y volverlo a sacar con cierta facilidad. Las primeras veces sostendremos nosotros el bote hasta que él haya comprendido en qué consiste esta tarea. Luego él mismo sujetará el bote con una mano y ajustará la tapa con la otra. Obviamente no se trata de repetir esta tarea sino de generalizarla e incorporarla a las actividades de la vida diaria. Así, le enseñaremos a tapar cajas y botes con formas y cierres variados.

Mete un bola en un bote con prensión dígito palmar
En este periodo, los niños ciegos tienen una coordinación bimanual suficiente para dirigir una de sus manos donde la otra les indica. Por ejemplo, meten un botón o una canica en un bote de unos 4 ó 5 cm de boca o encajan una clavija en un panel. Algunos todavía no pueden realizarlo sosteniendo el objeto con las yemas de sus dedos y realizan esta actividad colocándolo entre sus dedos y la palma de su mano mientras sujetan el bote con la otra. Más adelante esta actividad evolucionará y se realizará más correctamente, pero es aconsejable que en estas edades practiquen algunos ejercicios de este tipo encaminados a la coordinación de ambas manos. Para esta actividad, emplearemos materiales variados: canicas, cascabeles, nueces, cuentas de collares... y botes de formas y materiales diversos.

Ensarta anillas en un palo
Es otra de las tareas recomendadas para facilitar la coordinación bimanual, a la vez que constituye una destreza manipulativa en sí misma: la de ensartar. No obstante, puede resultar a veces difícil y tediosa para niños ciegos. Por eso, aunque resulte interesante como actividad de coordinación bimanual, no podemos abusar de ella.

Como siempre, empezaremos sujetando nosotros el palo y el niño ensartará las anillas al principio de forma azarosa. Luego, debemos enseñarle a mantener una mano sobre el palo, mientras ensarta la anilla con la otra. Procuraremos, para variar, utilizar anillas con materiales, texturas, relieves y tamaños diferentes. Recordemos que también podemos usar pulseras o argollas de cortinas.

Vuelca el bote para sacar
A medida que los niños crecen empiezan a pensar de manera más compleja y van pudiendo resolver problemas más difíciles. Así que nosotros también iremos complicando las tareas. Después de haber aprendido a sacar introduciendo cómodamente su mano, el niño puede aprender a extraer un objeto de un bote de boca estrecha, de modo que sólo pueda conseguirlo volcándolo. Si le damos un bote suficientemente estrecho el niño no podrá introducir su mano directamente y tendrá que buscar recursos alternativos para conseguir el caramelo, la canica o el botón que esté dentro. Son muy adecuados para esta actividad los botes metálicos de algunos medicamentos o las botellas de plástico de agua mineral pequeñas. En esta tarea interviene mucho la visión. Por eso, sobretodo al principio, le ayudaremos a descubrir el truco. Colocaremos las manos del niño de manera que una de ellas quede sobre la boca del recipiente, mientras que lo sostiene con la otra (la que tienda a usar de forma preferente). Le ayudaremos desde esta posición para volcarlo, de tal manera que el objeto que esté en el interior caiga sobre la palma de su mano.


5.4. Área de motricidad gruesa, esquema corporal y organización espacial.

Trepa a un sofá
Una vez que los niños han conseguido tener un control suficiente de su cuerpo pueden trepar a muebles, bancos, escalones o desniveles no muy altos. Al objeto de motivar al niño sin visión a que realice esta conducta colocaremos juguetes atractivos en un sofá, en la cama... reclamando su atención y ayudándole al principio a encaramarse. Posiblemente, él intentará trepar apoyándose en sus brazos y tirará de sus piernas haciendo fuerza con los brazos e impulsándose con la parte superior del tronco. Esta postura fuerza innecesariamente los músculos de la espalda y no le permite realizar los apoyos de los miembros inferiores correctamente para conseguir un buen dominio de los cambios posturales. Si le ayudamos a apoyar la rodilla en el sofá y le impulsamos levemente realizará este movimiento con más facilidad y destreza.

Avanza y controla el correpasillos
Como ya hemos dicho, los correpasillos son elementos que, desde muy pronto, dan bastante seguridad a los niños sin visión. Les proporcionan estabilidad, usándolos algunos incluso antes de caminar, y les protegen de algunos obstáculos. Avanzar hacia adelante requiere mayor control y coordinación de movimientos que hacerlo hacia atrás. Por eso, la mayoría de los niños al principio solo retroceden. Es necesario, pues, ayudarles a conseguir desplazamientos frontales. Podemos colocarnos en la parte posterior del correpasillos, impidiendo así que el coche retroceda. Otra forma de favorecer el avance es guiar nosotros las piernas del niño realizando con él los movimientos necesarios hasta que consiga hacerlo de forma independiente. En todo caso, hay que ofrecerle algún estímulo que le motive a desplazarse y siempre que sea posible que algún familiar se ponga delante, animándole a que se dirija hacia él.

Gatea
El gateo resulta poco motivador para los niños ciegos. De hecho, la mayoría de ellos gatean después de haber conseguido la marcha autónoma, aunque bastante antes logran mantenerse en esta postura. Apoyar sus manos sobre el suelo para utilizarlas en el desplazamiento les impide emplearlas para la exploración, lo que les provoca una sensación de impotencia. Además, el no tener constancia del espacio inmediato les deja más desprotegidos ante los posibles obstáculos. De hecho, con mucha frecuencia, se niegan a gatear, lloran y dan muestras de malestar.

Podemos animar al niño a gatear, pero no debemos forzarle nunca si observamos en él este tipo de conductas. En todo caso, podemos intentar algunas estrategias como:

• Balancear al niño en rulos grandes sobre los que pueda apoyar su tripa.
• Invitarle a pasar por debajo de algunas estructuras a modo de puentes de corta longitud, colocándose el niño en la entrada del puente y llamándole uno de los padres desde el otro extremo.
• Ofrecerle, tumbado boca abajo, juguetes sonoros y atractivos que le colocaremos a corta distancia, aunque no tanto que pueda alcanzarlos sin realizar un mínimo desplazamiento.

Sube escaleras de la mano sin alternar pies
Subir escaleras de la mano o sujetos a una barandilla no supone especial dificultad para los niños sin visión. Aunque la escalera pueda parecer peligrosa, es un espacio fácilmente controlable y con muchas referencias para ellos. Es cierto que pueden tropezar y debemos prevenir un posible incidente. Al principio subiremos con el niño cogido de la mano, apoyando su otra mano sobre la barandilla. Cuando pueda subir solo agarrado a ella, nos pondremos detrás de él, uno o dos escalones más abajo. Lógicamente, es necesario que previamente haya podido explorar los escalones culeando, gateando... En el momento de ir a subir, al comienzo de la escalera, basta que le pongamos su mano en la barandilla y que nosotros le animemos a hacerlo sin miedo.

Se pone en cuclillas
Conseguir agacharse y mantenerse en cuclillas facilita el control del espacio inferior y resulta necesario para la realización de muchas tareas. Es una conducta motriz directamente relacionada con el equilibrio y con la coordinación visomotora por lo que muchos niños ciegos tienen dificultades para conseguirla. No obstante es importante que aprendan a agacharse manteniendo la verticalidad hasta quedar en postura de cuclillas. De esta manera podrán evitarse algún golpe con obstáculos que pueda haber delante y sus manos quedarán libres para rescatar un objeto que se ha caído, coger los zapatos para ir a la calle, acariciar al perro... Es necesario, por tanto, ayudarles a realizar algunos ejercicios encaminados a favorecer la agilidad, la flexibilidad y el equilibrio. Podemos proponer al niño juegos que impliquen cambios posturales pasando por la posición de cuclillas.

Lanza la pelota
El juego de lanzar una pelota es otra de las actividades que requieren coordinación visomotora y es poco habitual que los niños deficientes visuales lo realicen espontáneamente. Sin embargo, es un juego divertido y un excelente ejercicio de coordinación y ejercitación motriz. Al principio jugaremos sentados, posición en la que el niño deficiente visual de esta edad tiene mucha más estabilidad. Si hay dos adultos con el niño, éste se sentará entre las piernas de uno de ellos con las suyas abiertas. Tomará la pelota entre sus manos y el adulto que está detrás le ayudará a elevarla e impulsarla enviándosela al otro. Cuando éste la haya recogido, le reforzará verbalmente, felicitándole por el logro y se la devolverá procurando que caiga entre sus piernas. Si sólo hay una persona con el niño pueden ambos colocarse frente a una pared a una distancia no muy grande a fin de que la pelota rebote y pueda recuperarla. Para este juego utilizaremos siempre pelotas de tamaño mediano, sonoras y preferiblemente no muy rígidas.Una vez que aprenda a lanzar la pelota, podrá hacerlo como él prefiera.


5.5. Área de hábitos y autonomía

Se quita los calcetines y los zapatos como acción de desvestirse
En la línea de favorecer la autonomía en la realización de las actividades de la vida diaria, quitarse los calcetines y los zapatos es quizá una de las actividades más sencillas y que antes consiguen aprender en relación con los hábitos del vestido. Además andar descalzos resulta un placer y permite percibir sensaciones que no se aprecian con los zapatos puestos. Todos los niños se alegran cuando consiguen hacer cosas solos. Aprovechemos pues las ocasiones en las que quieran y puedan descalzarse para permitirles que lo hagan de forma independiente. Algunas veces las prisas hacen que no demos tiempo a los niños y nos adelantemos haciendo nosotros tareas que podrían realizar ellos mismos. El tiempo que parece que perdemos será sin duda el mejor rentabilizado.

Toma alimentos sólidos y variados
Antes de los dieciocho meses la mayoría de los niños toman ya alimentos sólidos, aunque algunos padres pueden contribuir involuntariamente a retrasar o hacer un problema del paso a la masticación. A veces creemos que tomando purés están mejor nutridos y que “lo más importante es que el niño coma”. Sin embargo, ya sabemos que nuestra labor es ayudarles en su proceso de desarrollo general y apoyarles en los cambios que deben irse efectuando durante su crecimiento. La masticación es una función imprescindible para una correcta nutrición. Además, favorece una mejor articulación del lenguaje. El paso a la alimentación sólida no debe ser en absoluto conflictiva como consecuencia de la deficiencia visual, a no ser que vaya acompañada de alguna alteración orgánica que lo justifique. Si les damos a probar de todo un poco y no les forzamos cuando no tengan apetito, probablemente se despertará en ellos el gusto por comer.

Les resulta también motivador dejar que toquen y manipulen algunos trocitos de comida que pongamos en sus platos. Seguro que no nos gusta que se manchen pero “son gajes del oficio”.

Abandona la alimentación con biberón
Tanto el biberón como el chupete cumplen una función necesaria durante los dos primeros años de vida. El biberón es una prolongación, además de haber podido ser una sustitución, de la lactancia materna, que cumple su cometido hasta que los niños están en condiciones de acceder a una alimentación sólida y variada. Sin embargo, el biberón se presta a ser utilizado por el niño de forma excesiva precisamente por haber proporcionado una forma de alimentación placentera. Puede resultar tentador para algunos padres seguir viendo en su hijo un bebé. Quizá porque desearían ahorrarle, quizá ahorrarse, el esfuerzo que inevitablemente implica acceder a nuevas etapas del desarrollo. Pero todos debemos ir renunciando a gratificaciones infantiles y soportar ciertas frustraciones si queremos madurar como personas y adaptarnos satisfactoriamente al mundo social. El precio que pagamos por no hacerlo es demasiado alto: permanecer eternamente como niños grandes. Por eso, aunque el empleo del biberón pueda resultar para los padres muy cómodo y el niño se aferré a él, después de los dos años es necesario ayudarle a despedirse de él de forma definitiva.

Permanece sin chupete durante el día
El chupete tiene para los niños una función tranquilizadora y acompañante que les proporciona consuelo en los momentos de angustia, tristeza o sueño. Sin embargo, poco a poco tendrán que ir aprendiendo a calmarse solos y a prescindir de él. A veces, el chupete se convierte en hábito y el niño lo usa para todo, incluso cuando se encuentra a gusto. Esto puede interferir su proceso de crecimiento y además puede resultar perjudicial para la boca.

Llegando a los dos años, aunque el niño siga pidiéndonos el chupete podrá entender que le digamos que sólo es para dormir y tolerar la espera. Es importante que le ayudemos a aplazar sus deseos. Ahora bien, si el niño se niega rotundamente a renunciar al chupete, puede estar indicando una cierta dificultad para mantenerse tranquilo y solo o para soportar los momentos de frustración. En este caso, es aconsejable consultar a un profesional que pueda valorar la situación.

Indica cuando tiene el pañal sucio
Antes de empezar a controlar esfínteres, pasan unos meses, durante los cuales, los niños se dan cuenta de que están sucios e indican ya a sus padres o educadores que tienen caca en el pañal. Este gesto es el primer paso evolutivo que nos indica que el niño está tomando conciencia de las sensaciones relacionadas con el control de los esfínteres. Para enseñarle a indicarnos cuándo tiene el pañal sucio, sólo tenemos que observar cuándo ha hecho caca, decírselo con naturalidad y tocarle o llevarle su mano al pañal para que empiece a asociar la palabra caca a esta sensación.

A partir de los 18 ó 20 meses, poco a poco, podremos ayudarle a entender algunas cuestiones previas al control de esfínteres y que ayudarán a que éste se haga de una forma más natural y rápida cuando llegue el momento: podemos decirle que los mayores no llevamos pañal, que hacemos pis y caca en el váter; puede ayudarnos a tirar el pañal a la basura cuando se lo quitamos... Es también importante no decir caca a las “porquerías” que encontramos por el suelo y que el niño coge o a aquellas cosas con las que el niño no debe jugar, con el fin de no confundirle.

***

6.  El niño de 24 a 30 meses:
descripción de los objetivos de este periodo para las distintas áreas del desarrollo

6.1. Área de comunicación, lenguaje y socialización.

Besa y acerca la cara para que le besen
La proximidad física y el contacto corporal son necesidades universales de todos los seres humanos. La conducta de besar es la expresión de una actitud afectuosa que manifestamos con este gesto y sólo puede imitarse en el contexto privilegiado de una relación afectiva. Besar en nuestra; cultura es un signo de afecto y saludo. No es necesario un método especial para que los niños sin visión aprendan a besar. Podemos colocar la mano del niño en nuestra boca para que sienta el movimiento de nuestros labios, pero espontáneamente él besará si nosotros tenemos costumbre de hacerlo y le pedimos con nuestra mejilla en su boca que él también lo haga. Resulta imposible enseñar al niño a besar como si se tratara de una adquisición motriz que deba ser “aprendida”.

Habla por teléfono con familiares
Poco después de que los niños sean capaces de expresarse con frases cortas, pueden ya hablar por teléfono con personas familiares. Muchos niños ciegos bastante antes de los dos años se muestran muy interesados por las conversaciones telefónicas que los mayores mantienen en su presencia. Pero, como siempre, es necesario que les demos la oportunidad de descubrir en qué consiste “ese aparato mágico” y experimentar directamente con él. Así, cuando llame papá, la abuela o cualquier persona muy conocida del niño, le ofreceremos el auricular para que los oiga e intercambie con ellos algunas palabras. Al principio, no entenderá muy bien que alguien le pueda hablar sin estar presente, pero pronto estará encantado de jugar con el teléfono y “conversar” con las personas que él quiere.

Muestra conductas oposicionistas
Los dos años es la edad del egocentrismo. Los niños están construyendo su identidad. Necesitan saber que son alguien, distintos a su madre y a los otros. Por eso se muestran oposicionistas y muchas veces testarudos. Una manera elemental de afirmarse frente a los demás es decir “no” a cualquier propuesta o imposición. No debemos desesperarnos porque esta etapa se pasará en unos meses. Hacia los tres años son mucho más razonables y se puede negociar mejor con ellos. Es una conducta necesaria para crecer con conciencia de ser una persona independiente. De hecho, debemos preocuparnos más si el niño se muestra dócil y sumiso y acepta sin protestar las iniciativas de los otros. Algunos niños ciegos manifiestan esta tendencia, sobre todo cuando les facilitamos demasiado las cosas y no estimulamos sus iniciativas. Esta excesiva protección acrecienta en ellos un sentimiento de inseguridad e incapacidad que puede resultar muy perjudicial en su desarrollo futuro.

En general, no es concontradecirles veniente frontalmente. Cuando las actividades no sean absolutamente obligatorias, puede resultar útil preguntar o sugerir en vez de imponer. Por ejemplo, “podemos salir al parque” en vez de “hay que salir al parque”. A veces podemos darles algunas alternativas como: “vamos a la calle, ¿quieres llevarte el coche o la pelota?” No es aconsejable interrumpir sus juegos o actividades placenteras de forma brusca. Es conveniente avisarles con un poco de antelación de las actividades que se avecinan, sobre todo si son innegociables. Por ejemplo, “cuando acabemos de jugar, tenemos que ir a cenar”.

Cuando sea necesario que el niño ceda y no haya otro remedio, le conduciremos físicamente, sin violencia y sin enfadarnos. Por ejemplo, si es la hora del baño, le llevaremos en brazos o de la mano, mientras le decimos: “hay que bañarse; si quieres puedes meter tu pato y jugamos un rato; luego, durante la cena podemos oír música o un cuento”. Por último, en cuestiones que no sean importantes debemos ceder nosotros y concederle su derecho a decidir.

Amplía su vocabulario y emplea frases más complejas
Los niños ciegos, siempre que no haya alguna otra alteración asociada que lo justifique, cuando se desenvuelven en un ambiente sano y favorecedor de su desarrollo, adquirirán con bastante rapidez un lenguaje rico y comunicativo que facilitará su relación con los demás y constituirá un recurso inestimable para su propio desarrollo. La mayoría de ellos empieza en esta etapa a utilizar frases relativamente complejas, todavía no muy largas, pero que les permiten ya comunicarse con bastante acierto. Amplían día a día su vocabulario e incorporan vertiginosamente palabras y expresiones de su entorno. No obstante, algunos niños se muestran más reticentes y después de cumplir los dos años andan todavía rezagados sin que debamos preocuparnos excesivamente. Ahora bien, sí debemos prestar atención a algunos aspectos cualitativos que ya mencionamos al referirnos al lenguaje en el periodo evolutivo anterior. Nos referimos al riesgo de que se desarrolle un lenguaje repetitivo o ecolálico, o un lenguaje muy verbalista.

Al principio las repeticiones son formas evolutivas propias del comienzo del lenguaje. Por ejemplo, cuando decimos a un niño: “¿ponemos música?”, probablemente nos responda repitiendo la frase en vez de afirmar. En general, estas formas ecolálicas del lenguaje infantil son normales cuando guardan relación con el contexto y se emplean con un fin comunicativo. Por ejemplo, cuando un niño se dice a sí mismo, repitiendo lo que sus padres le dicen a él: “despacio, despacio”. Es también normal que algunos niños ciegos se pongan más repetitivos cuando están nerviosos o se encuentran en una situación estresante para ellos. Por ejemplo, en las reuniones donde hay mucho ruido o cuando van al médico. Las ecolalias pueden indicar que el niño desea contacto con el adulto, que no comprende lo que pasa, o simplemente que está ensayando alguna producción verbal nueva.

Cuando estas repeticiones son descontextualizadas o demasiado frecuentes y llegan a interferir la comunicación, por ejemplo cuando el niño repite insistentemente eslóganes publicitarios, o habla con un lenguaje poco comprensible, son un indicador de alteración del desarrollo y debemos acudir a un profesional con experiencia que valore la problemática que pueda estar aconteciendo y dé las orientaciones oportunas.

Por otra parte, como hemos dicho, el niño ciego no encuentra problemas para imitar el lenguaje de sus familiares y frecuentemente goza repitiendo palabras y frases que escucha. Si la experiencia y las palabras que la categorizan son paralelas, y no hay problemas asociados a la deficiencia visual, el niño desarrollará un lenguaje rico y comunicativo. Si los adultos que convivimos con él no cuidamos asegurarnos de que cada expresión verbal tenga un correlato experiencial, hay riesgo de que se desarrolle un lenguaje verbalista y falto de significado. Por ejemplo: puede decirnos que su camiseta tiene “margaritas” sin saber qué son las margaritas o refiriéndose exclusivamente a unos bultitos que percibe en ella.

Le gusta que le cuenten cuentos
A todos los niños les gusta que les cuenten cuentos, incluso antes de entender con precisión sus argumentos.

A los niños deficientes visuales, que tienen un particular interés por todo lo verbal, si cabe, les resulta aún más placentero. Más adelante, los niños irán comprendiendo mejor el significado de las palabras y el sentido de las narraciones y se interesarán por ellas. Por el momento, se recrean más en la melodía de la voz de los padres que en el contenido de los relatos. El tiempo dedicado a los cuentos es un tiempo muy agradable, de calma y de contacto afectivo. Resulta especialmente adecuado contar o leer cuentos a los niños a la hora de irse a la cama o cuando estén inquietos o preocupados y queramos tranquilizarles. A esta edad es preferible que los padres les cuenten personalmente los cuentos, aunque más adelante les gustará también mucho escucharlos grabados.

Se enorgullece de sus éxitos
Antes de los dos años los niños se ponen contentos cuando hacen algo bien porque saben que van a ser aplaudidos o premiados por sus familiares o por sus educadores.

Cuando son más mayorcitos empiezan a tener un sentimiento de satisfacción personal por el hecho en sí de haber realizado una tarea con éxito. Así se ponen contentos cuando consiguen ellos solos llevarse la cuchara cargada de “petit suisse” a la boca por el hecho mismo de haberlo conseguido (aunque no haya sido del todo perfecto), además de por saber que a los papás les agradará. Este sentimiento de alegría por haber conseguido realizar una tarea por sí mismos está íntimamente relacionado con un proceso de crecimiento sano que les llevará a desarrollar una personalidad más independiente.

A veces a los adultos y particularmente a algunos padres les cuesta mucho trabajo soportar la dificultad del niño ciego al iniciar nuevas tareas y le prestan más ayuda de la necesaria. Esta actitud puede llegar a obstaculizar seriamente su autonomía y su proceso de crecimiento y además le priva de un sentimiento de satisfacción que viene de “sentirse capaz”, lo que empobrecerá la imagen de sí mismo.

Comprende los conceptos “lleno-vacío”
La adquisición de los conceptos opuestos “llenovacío” tiene lugar en esta edad en todos los niños y no entraña particular dificultad para los niños sin visión. Para que comprendan más fácilmente estos conceptos, es necesario trabajar con los pares opuestos: lleno de arena-vacío de arena... No resulta difícil proporcionarle al niño experiencias con recipientes llenos y vacíos: agua, arroz, canicas... Podemos dejarle que toque vasos llenos de líquido y otros vacíos, o bien ofrecerle materiales fácilmente manipulables como botones, judías, nueces... para que llene o vacíe algún recipiente. Como siempre, aplicaremos estos conceptos a situaciones de la vida cotidiana, como llenar o vaciar la bañera de agua, el plato de puré o la boca de comida.


6.2.  Área de comprensión sensoria motora y cognitiva

Identifica objetos familiares por su uso
Ya hemos aludido en varias ocasiones al hecho de que los niños videntes reciben mucha información sin que los padres o los educadores se lo propongan intencionalmente. A esta edad, los niños ciegos están familiarizados con los objetos que experimentan cotidianamente y suelen saber para qué sirven. Por ejemplo, que el cásete es para escuchar música, el pijama para acostarse y el abrigo para salir a la calle.

Sin embargo no es infrecuente comprobar que un niño sin visión no sabe para qué sirve una jarra, una cafetera, una panera, una cazuela, un tostador de pan, un cepillo de dientes, una maquinilla de afeitar, una escoba, etc.

Por eso es muy importante procurar que participe lo más activamente posible en los hábitos de la vida diaria y se familiarice con los objetos y su uso. Así, por ejemplo, a la hora de poner la mesa podemos invitarle a que nos ayude a extender el mantel, hacerle que toque la jarra de agua antes de servir los vasos o darle el abrebotellas y los palillos para que los lleve a la mesa. A veces nos cuesta tener presente que el niño con ceguera accede únicamente a una realidad parcial y que nuestra misión como padres y como educadores es, en buena medida, acercarle el mundo a sus capacidades perceptivas.

Selecciona un objetó entre tres
A los dos años y medio, la mayoría de los niños tienen ya un vocabulario relativamente amplio. Pero a veces los niños sin visión aprenden y utilizan algunas palabras sin saber exactamente a qué cosa se refieren. Es importante que nos aseguremos de que las palabras que el niño va incorporando tengan un verdadero significado y un referente con el que haya tenido una experiencia directa. Recordemos cuando decíamos que debemos hablar en los contextos apropiados.

Para comprobar si el niño está adquiriendo un vocabulario real, con sentido, podemos colocar dos o tres objetos conocidos y pedirle que encuentre uno de ellos, por ejemplo colocarle sobre una mesa una galleta, una nuez y un caramelo y pedirle que busque alguno de ellos. Lógicamente podemos ir complicando la tarea progresivamente. Este juego puede resultar entretenido y supone, además, la ejercitación de capacidades de orden diferente. El niño debe prestar atención, organizar los objetos en un espacio y manejarlos correctamente.

Generaliza acciones de juego a varios sujetos
Poco después de iniciar el juego del “como si” los niños pueden representar en el juego una acción y aplicarla a distintas personas: hacen como que comen y dan de comer a la mamá, al papá, al hermano, etc. Al niño ciego le resulta más difícil hacer esta generalización y somos los adultos los que debemos inducirle a ello. Tengamos en cuenta que en esta actividad interviene en buena medida la imitación que está muy mediatizada por la visión. Por eso a veces debemos tomar nosotros la mano del niño y ayudarle a realizar los gestos y movimientos implicados en las distintas acciones, a la vez que le decimos: “dale de comer al hermanito”, “un poquito para mí”, “dale un poco a papá”... Los niños videntes incorporan muy pronto los muñecos a los que peinan, lavan y dan de comer con facilidad.

Sin embargo, reconocer en esos muñecos la representación de “bebés de verdad” no es tan inmediato para un niño sin visión. Posiblemente, y durante un tiempo, los ignore y no comprenda el significado del juego. Es importante que realicemos un trabajo previo de identificación del muñeco y de sus elementos significativos a la vez que el niño los reconoce en su propio cuerpo, “¿dónde está el pelo del muñeco?, ¿y el tuyo?; ¿qué tiene el muñeco en los pies?, ¿zapatos como los tuyos?” Acunar y cantar al muñeco, y enseñarle al niño a que lo haga, favorece la vivencia y la comprensión de que ese muñeco representa a un bebé.


6.3.  Área de manipulación

Parte plastilina
La plastilina es un material muy adecuado para ser manejado por los niños y favorece las destrezas manipulativas. A veces a los niños ciegos les cuesta trabajo entrar en contacto con materiales nuevos, por su textura, por su densidad o por la humedad o temperatura de los mismos. Debemos ser pacientes y darles tiempo para que se vayan familiarizando con los mismos.

Cuando trabajemos con el niño, procuraremos darle trozos de plastilina no muy grandes y que no esté muy dura. Si la plastilina está fría suele endurecerse, por lo que podemos previamente amasarla con nuestras manos para que quede más moldeable. Para enseñarle a partirla, le ofreceremos una barra larga y estrecha que deberá sostener en una mano, ayudándole a doblarla y tirar simultáneamente con su mano libre. Una actividad encaminada a favorecer la prensión en pinza es pellizcar pedacitos de plastilina que el niño irá cogiendo utilizando las yemas de sus dedos corazón, pulgar e índice.

Inicia tareas de apilar
En la realización de torres con cubos, la coordinación visomotora juega un papel relevante. Por eso se retrasa unos meses en los niños sin visión que deben hacerla por coordinación bimanual. Desde los dos años, incluso antes, los niños sin visión pueden jugar a apilar una torre de vasos colocados boca abajo.

Sin embargo, la maduración de la coordinación bimanual todavía no les permite hacerlo solos. Antes de intentar que el niño aprenda a construir torres, le permitiremos que toque torres construidas por nosotros. Luego le daremos dos o tres cubos ya apilados, y sobre ellos iremos colocando con el niño los siguientes. A los 2 años y medio ya tienen noción de la verticalidad y colocan los cubos correctamente, pero aún suelen necesitar ayuda para sostener las piezas inferiores que han sido apiladas previamente. Así, si nosotros colocamos dos o tres cubos y los sujetamos, él colocará el cuarto sin problemas, pero cuando lo intenta hacer sin ninguna ayuda, puede tirar los anteriores al intentar colocar el elemento superior de la torre. Los elementos más fáciles de apilar son los cubiletes redondos de plástico duro del mismo tamaño porque se encajan sin mucha dificultad y no se caen.

Existen en el mercado cubos apilables de tamaño creciente que podemos también utilizar si ayudamos al niño a seleccionar el que corresponda en la serie. Algunos de ellos tienen un reborde que facilita su encaje y proporciona a la construcción algo más de estabilidad, aunque construir estas torres requiere bastante control y precisión de movimientos. Más adelante podremos trabajar con construcciones de formas y tamaños variados. Es importante que el niño adquiera la noción de verticalidad y el mecanismo de apilar, aunque se retrase algo su ejecución independiente.

Mete objetos pequeños en frascos de boca estrecha
Esta tarea implica y a la vez favorece dos destrezas manipulativas fundamentales en el desarrollo de los niños sin visión: la coordinación bimanual y la ejecución de la pinza. Para que el niño ciego emplee sus manos de forma hábil y eficaz debe coordinarlas de manera que pueda dirigir una de ellas al sitio preciso donde le indica la otra. Recordemos que en cualquier tarea manipulativa tiene que utilizar su mano no dominante como una guía. Ésta le orientará, sustituyendo la percepción visual de los niños videntes. Mientras, la mano dominante se encargará de la ejecución de las tareas.

Por otra parte, también es necesario adquirir destreza, movilidad e independencia suficiente en los dedos para asir y manejar objetos con las yemas de los mismos sin que sea necesario emplear la palma de la mano. Muchas actividades de las que hemos ido recogiendo requieren y favorecen estas destrezas: sacar, meter, destapar, tapar, extraer un vástago o una anilla, etc.

En esta etapa los niños ya pueden introducir objetos pequeños, canicas, botones, en botes de boca estrecha, de dos o tres centímetros, lo que implica bastante control de ambas habilidades motoras.

Podemos ofrecer al niño una bandeja o caja con objetos pequeños y variados como canicas, cascabeles, botones, caramelos, dados, etc. y un frasco del tamaño apropiado a su mano con una boca estrecha. El niño deberá abrazar la boca con su mano no dominante, colocando los dedos índice y pulgar en sus bordes. Mientras, y sin perder esta posición, le iremos ofreciendo o irá tomando él mismo las pequeñas piezas para introducirlas en el frasco, cuidando en lo posible que las tome entre sus dedos. Por supuesto, podrá jugar con todo el material y no le obligaremos a realizar la tarea de forma sistemática. Todavía es normal que cambie de mano al ejecutar la tarea, hasta que la lateralidad esté definida, pero debemos procurar que no cambie continuamente. Le dejaremos que sea él mismo el que elija una mano y trataremos, en la medida de lo posible, de que finalice el ejercicio con la mano elegida.

Coloca chinchetas en un clavijero con pinza de tres dedos
Una importante adaptación que los niños ciegos deben realizar es la forma como deben colocar sus dedos para sujetar los objetos en pinza. Los niños videntes sostienen un vástago “en pinza”, colocándolo entre los dedos pulgar e índice y, en esta posición, son capaces de insertarlo en un orificio. Sin embargo, los niños sin visión precisan ayudarse con el dedo corazón al objeto de recoger información sobre la posición que ocupa dicho objeto. Así para colocar una chincheta o vástago en posición vertical y que se introduzca correctamente en el tablero, el niño ciego tendrá que emplear los tres dedos para poder percibir la orientación del vástago y presionar con el índice para introducirlo.

Explora un relieve en una superficie bidimensional
Los niños ciegos obtienen a través de sus manos mucha información. Además de reconocer objetos tridimensionales y poder conocer el mundo que les circunda, sus manos les servirán para la lecto-escritura en relieve y la percepción de representaciones gráficas. La percepción de formas y texturas variadas y agradables invita a la exploración táctil. Se pueden elaborar fichas sencillas, utilizando papel grueso tipo caña o cartulina satinada, de tamaño aproximado Din A 4. El material empleado para las figuras debe ser suave y permitir que los dedos se deslicen sobre él sin ofrecer demasiada resistencia. Los materiales más aconsejables para los comienzos de estas actividades son los fieltros, terciopelos, cauchos blandos y corchos, cuidando que los bordes no se levanten y no raspen; existen planchas de material adhesivo que son muy cómodas para cortar y pegar y producen un efecto táctil muy agradable. Podemos utilizar también algunos cuentos o cuadernillos con texturas disponibles en algunos centros especializados en educación de niños con deficiencia visual.


6.4.  Área de motricidad gruesa, esquema corporal y organización espacial

Se desliza por un tobogán
La privación visual supone dificultades importantes para las actividades visomotoras que requieren control remoto del espacio. Sin embargo, cuando el niño dispone de un elemento de psicomotricidad con el que puede estar en contacto directo, obtiene puntos de apoyo y referencias claras que le permiten moverse con mayor seguridad y agilidad. Dominar un tobogán es un objetivo relativamente sencillo para el niño ciego. Aunque a los padres pueda asustarles al principio, tiene una estructura fija fácil de reconocer y, con las precauciones lógicas para evitar accidentes, podrá disfrutar subiendo y bajando por el mismo.

Los primeros toboganes deberán ser pequeños para que sean abarcables por las manos del niño y nos permita ayudarle. Antes de subir le enseñaremos la estructura del tobogán, colocándole a un lado del mismo y recorriendo las barandillas de subida y de bajada con sus manos. A continuación podemos jugar a lanzar una pelota o un coche por la rampa. Para aprender a utilizar el tobogán, el niño se situará frente a la escalera sujetándose a ambos lados de la barandilla y, colocándonos nosotros detrás de él, irá subiendo. Una vez arriba le ayudaremos a sentarse y le sujetaremos mientras baja para que se sienta seguro y frenemos así el descenso. Una vez que interiorice los movimientos y coja seguridad, podrá hacerlo solo.

Se desplaza solo por la casa
Después de los dos años los niños ciegos tienen ya capacidad para controlar sus movimientos y desplazarse con tranquilidad por espacios interiores, aunque necesiten orientarse siguiendo superficies de muebles o paredes.

A esta edad no pueden todavía tener interiorizadas estructuras espaciales, pero se orientan con bastante eficacia en trayectos cortos, siguiendo elementos conocidos que les sirven de referencia. Por ejemplo, saben que si continúan la línea del sofá encontrarán la mesa donde está el radiocasete. Hacia los dos años y medio, muchos niños ciegos pueden dirigirse también a una habitación utilizando pistas sonoras u olfativas que les ayudan a localizar el punto de destino. Por ejemplo, se dirigen al baño cuando la bañera se está llenando, o a la cocina cuando se está guisando. No obstante, el hecho de que un niño de esta edad se desoriente dentro de la casa o no localice la meta que pretende no puede ser interpretado todavía como un indicador de retraso evolutivo.

Es conveniente que les dejemos desplazarse por la casa con libertad, aunque al principio lo hagan con cierta vigilancia. Procuraremos mantener estable la distribución de los muebles y de aquellos elementos que puedan ser una referencia para ellos, una papelera, un revistero o un banco, y retirar en estos meses aquellos objetos que puedan resultar peligrosos: estufas encendidas o adornos de cristal o cerámica. Aunque no es necesario realizar grandes cambios. Sí tenemos que tener la precaución de mantener las puertas de la casa abiertas de par en par, colocando la hoja sobre la pared, o cerradas. Las puertas a medio abrir son obstáculos especialmente peligrosos para las personas con deficiencia visual.

Puede guiarse una pared siguiendo
Antes de empezar a caminar muchos niños sin visión emplean la pared como un elemento de apoyo para dar sus primeros pasos cuando todavía avanzan con marcha lateral. Poco después de comenzar a caminar ya sin apoyo la utilizarán como un elemento “guía”, esto es, ya no como un apoyo motriz para no desestabilizarse, sino como una referencia espacial. No debemos interpretar que el utilizar una pared, una barandilla o algún mueble como referencia es señal de miedo, desorientación espacial o retraso motor. Por el contrario, saber buscar y utilizar referencias es un indicador de una buena estructuración espacial y augura una movilidad intencional y eficaz.

El niño caminará con marcha frontal, deslizando suavemente su mano por la pared, de forma continua o intermitente, sin apoyarse en ella, pero sin perder su función de guía. Aunque al principio es difícil que lo hagan, procuraremos que la mano no se deslice por la pared completamente abierta, sino semicerrada, de forma que sean los nudillos y no directamente las yemas de los dedos los que tropiecen con los obstáculos de la misma.

Se baja del correpasillos apoyado en un mueble
Una vez que los niños manejan el correpasillos con habilidad, suele gustarles jugar con él como si fuera un coche, ir y venir por espacios conocidos, y aparcarlo cuando se cansan de ir motorizados.

Sin embargo, a veces necesitan un poco de ayuda para descender porque pueden tener miedo de perder el equilibrio. Por eso podemos explicarles que si se acercan a un mueble sólido y se apoyan en él, pueden tranquilamente pasar una de sus piernas por encima del asiento del correpasillos y salir sin temor. Cuando tengan más estabilidad, podrán bajar apoyándose sólo en el volante y pasando la pierna por encima del asiento.

Baja escaleras con apoyo
Bajar escaleras, aun no siendo un ejercicio motriz especialmente complicado, entraña riesgos para todos los niños, por lo que hay que tomar algunas precauciones por si tropezaran en algún escalón y pudieran resbalar. Lógicamente, antes de enseñar al niño con deficiencia visual a bajar escaleras sujeto sólo de la barandilla, habremos bajado muchas veces con él de la mano. Mientras que esté aprendiendo, debemos colocarnos un par de escalones por debajo y descender con él hasta que adquiera destreza suficiente. Es importante explicarle que debe hacerlo despacio y sujeto siempre a la barandilla.

Algunas actividades motrices, como bajar escaleras, no suponen gran riesgo para niños tranquilos, pero pueden serlo para niños hiperactivos y/o con poca conciencia de peligro. En estos casos es importante proporcionar al niño un ambiente tranquilo, reducir el nivel de estímulos y mantener nosotros mismos la calma. En todo caso, si su inquietud no es transitoria y en general muestra rasgos de ansiedad o nerviosismo, sería conveniente consultar con un especialista.

Chuta apoyándose
Chutar o lanzar la pelota son actividades que pueden resultar divertidas, pero complicadas para los niños sin visión. Son ejercicios motores que favorecen el equilibrio y la coordinación de los movimientos, pero se basan en buena medida en la coordinación visomotriz. Sin embargo, algunos niños se manejan muy bien y disfrutan mucho chutando la pelota, aunque haya que hacer para ello algunas adaptaciones. Para aprender a chutar es conveniente situarnos en un pasillo o corredor estrecho, que podemos improvisar con dos vallas paralelas, lo que permite, por una parte, que el niño pueda apoyarse y orientarse y, por otra, acotar el itinerario para no perder la pelota. Al principio guiaremos el pie del niño para realizar el movimiento de chutar. Una vez que controle este movimiento y que haya comprendido el efecto de la patada, nos colocaremos frente a él, al otro extremo del pasillo y jugaremos intercambiándonos la pelota. Para este juego es adecuado utilizar pelotas sonoras, grandes y rígidas o semirrígidas.


6.5.  Área de hábitos y autonomía

Intenta utilizar la cuchara
El que el niño empiece a comer solo es una escena temida por muchos padres (“se manchará”, “tirará todo el puré al suelo”...) Es cierto que los niños sin visión tienen más dificultades y tardan algo más en conseguir esta conducta, pero hacia los 30 meses, si los padres tienen un poco de paciencia, pueden aprender a realizarla. Es conveniente empezar con alimentos algo espesos y preferentemente untosos para que no se caigan. Esto hará que la cuchara se mantenga cargada aunque se incline un poco. Por ejemplo, son adecuados los “petit suisse” u otros alimentos de densidad similar y purés o legumbres con poco caldo.

Es inevitable que al principio tiren algo de alimento y se manchen. Tampoco es tan grave. Podemos proteger al niño con un babero grande, no darle la cuchara cuando esté vestido con ropa de calle, colocarnos en la cocina en una superficie o sobre un suelo fácil de limpiar y hacerlo en un momento en el que no haya muchas prisas.

Aunque al principio resulte un poco complicado, es muy importante para el niño adquirir estas habilidades. Se sentirá orgulloso y capaz de hacer cosas por sí mismo. La mayoría de los niños ciegos a los tres años pueden ya manejar la cuchara correctamente para comer, si los padres son pacientes y perseveran en este intento.

Bebe sosteniendo el vaso
Esta tarea no es fundamentalmente una tarea de coordinación visomotora, sino que depende del control que el niño haya logrado de sus movimientos y en particular de sus miembros superiores. Antes de intentar esta habilidad habremos estado un tiempo durante el cual el niño sostenía el vaso con sus dos manos mientras que nosotros lo sujetábamos ayudándole a regular los movimientos. Una vez que haya conseguido él control suficiente para inclinar el vaso suavemente hasta que el agua llegue a sus labios, le dejaremos que lo haga solo. Él podrá coger el vaso con ambas manos y beber, aunque todavía puede derramar algo de agua, pero progresivamente controlará el recipiente y beberá solo con mayor destreza.

Es aconsejable emplear vasos no muy grandes, sin asas y de plástico duro. Al principio le daremos vasos con poco líquido por si se vierte, aunque no debemos ponernos nerviosos si el niño se moja. El agua no mancha y es también una experiencia necesaria.

Controla esfínteres
El control de esfínteres tiene una importante significación emocional tanto para los niños como para los padres, y particularmente para las madres. Para la mayoría de los niños es un motivo de satisfacción, tanto el agradar a los padres como el sentirse ellos mismos limpios y secos. Pero el significado de los excrementos y del control de los esfínteres varía para cada niño en función de sus sentimientos y relaciones. Los productos de su cuerpo despiertan en ellos un profundo interés y muchos desean tocarlos, olerlos, etc. Reaccionan también de manera muy diferente ante el orinal o el inodoro. Algunos se asustan ante el ruido del agua de la cisterna y temen ser tragados por ella; otros se sientan alegremente en el orinal aunque no comprendan bien lo que se espera de ellos.

En general debemos ser respetuosos con estos miedos y con los ritmos que cada niño tenga y, sobre todo, no debemos reñir ni castigar cuando el niño esté en este proceso. Muchos padres se sienten deseosos de quitar al niño los pañales, pero no es aconsejable apresurarse. Una actitud ansiosa de los padres puede despertar una respuesta ansiosa en el niño. Las prisas son inútiles, además de contraproducentes, ya que el control de esfínteres no está ligado tanto al aprendizaje como a la propia maduración orgánica. En general no es aconsejable iniciar el control antes de los dos años.

El niño deficiente visual no halla dificultades especiales en el proceso del control de esfínteres y puede conseguirlo a la misma edad que sus compañeros videntes.

El primer paso es que el niño nombre y reconozca que lo que tiene en el pañal es pis o caca. Poco tiempo después observaremos que permanece seco durante períodos algo más largos. Así hacia los dos años aproximadamente podemos invitarle a sentarse en el orinal asegurándonos de que se encuentre cómodo y en una postura estable, y que los tiempos sean cortos (unos 3 ó 4 minutos), aunque no consiga hacer pis. Es importante que el niño esté tranquilo. Podemos hablarle y mostrarnos contentos con sus éxitos. Pasarán algunas semanas desde que comencemos a sentar al niño en el orinal hasta que pueda prescindir de los pañales, y aún así, una vez que lo haya conseguido, pueden producirse “incidentes” esporádicos, o algunos periodos en los que el niño puede volver a no retener, normalmente como consecuencia de algún episodio como el nacimiento de un hermano, un viaje de los padres, el inicio de la escuela infantil... La paciencia es nuestro mejor aliado en estos casos. El control nocturno, se consigue más tardíamente y está en estrecha relación con la maduración biológica.

Identifica su ropa más común
Hacia los dos años y medio los niños pueden ya conocer muchas prendas de su ropa y nombrar algunas de ellas. Estas no son difíciles de reconocer para los niños sin visión ya que son fácilmente perceptibles ¡al tacto. Al principio suelen identificarlas por las texturas que resultan típicas de cada prenda: el jersey de lana, los pantalones de pana, la camiseta de algodón, los tirantes elásticos...

Procuraremos que el niño toque estas prendas antes de ponérselas, y las iremos nombrando mientras le vestimos. Es importante que el niño participe activamente en esta actividad: puede traer la chaqueta que está en su percha, sacar los calcetines del cajón, terminar de colocarse las mangas de la camiseta, ponerse los zapatillas...

Cuando está vestido podemos alabar lo bonito que es su jersey o lo guapo que está con esos pantalones, o pedirle que nos señale alguna de las prendas que tiene puestas o que se las enseñe a algún familiar que venga a verle.

Pasa la noche en su habitación
Muchos niños que dormían ya en su dormitorio desde los seis meses y lo hacían tranquilamente, durante el tercer año de vida pasan malas noches, se despiertan sobresaltados y reclaman ir a la habitación de los padres. Y en esto, los niños deficientes visuales no son una excepción. Es normal que los padres se preocupen porque el niño llore o grite con angustia, sin poder despertarse, lo que puede hacerles pensar que quizá le esté pasando algo. Sin embargo, si no se trata de alguna enfermedad, en esta edad las pesadillas son habituales y no indican necesariamente que haya problemas especiales.

Por razones muy diversas, no es raro que los padres cedan fácilmente a la petición del niño y caigan en la tentación de llevarle a su cama o acostarse con él. A veces porque al día siguiente hay que madrugar y lo más importante es que se calle, duerma y deje dormir, sea como sea. Otras veces porque les da pena y creen que le están ayudando. En ocasiones son los propios padres los que desean dormir con el niño; esto es más frecuente en familias monoparentales o cuando uno de los miembros de la pareja debe ausentarse periódicamente del hogar. Esta respuesta desencadena una situación, que resulta después difícil de superar. Conseguiremos quizá ahorrarnos una mala noche, pero estaremos garantizándonos un problema eterno, ya que el niño aprenderá que si él llora, sus padres acaban cediendo. Por otra parte, y esto es lo más importante para el niño, asociará el estar solo en su habitación a las sensaciones de inquietud o miedo, lo que perjudicará seriamente su proceso de crecimiento y su propio bienestar.

Algunas estrategias ayudan al niño a poder estar solo y tranquilo: • Podemos acudir a su lado un rato hasta que se calme, tomarle en brazos, hablarle bajito, darle un poco de agua y quedarnos con él hasta que vuelva a conciliar el sueño.

• Es conveniente tener horarios regulares y establecer rutinas, lo que ayuda mucho a los niños física y psicológicamente.
• El dormitorio debe ser un lugar agradable para el niño, de forma que le apetezca permanecer en él durante el día, lo que le ayudará a sentirse cómodo y seguro en ese espacio durante la noche.
• También es importante no estimularle antes de acostarse para que no esté excitado, lo que dificulta mucho poder conciliar el sueño. En general, si los padres son tranquilos y se muestran firmes pero pacientes, el niño se acostumbrará a dormir en su habitación toda la noche.

***

7.   El niño de 30 meses a 3 años:
descripción de los objetivos de este periodo para las distintas áreas del desarrollo

7.1. Área de comunicación, lenguaje y socialización

Es capaz de hacer compatible aspectos positivos y negativos de sus figuras significativas
A partir de los dos años y medio aproximadamente, los niños pueden tener una imagen de su madre relativamente estable. Los más pequeños no pueden entender que la mamá que se enfada y la mamá que les mima y les cuida es la misma mamá. A partir de esta edad empiezan a comprender que mamá es una única persona que a veces está enfadada pero les sigue queriendo. Si en general, la relación entre la madre y su hijo es básicamente buena, el niño podrá soportar algunas regañinas y prohibiciones sin pensar que mamá es una “bruja malvada”. Quizá se enfade y crea que mamá no tiene razón o que está de mal humor, pero confiará en que dentro de un rato, pasará la tempestad y mamá volverá a estar contenta. Esta confianza básica en su madre se va extendiendo a otros adultos, y le permitirá enfrentarse al mundo con una actitud más segura y esperanzada. Esto le hará soportar mejor las situaciones adversas o los momentos de frustración.

Para que este proceso tenga lugar es importante que los padres se muestren en general cariñosos, tengan en cuenta y respeten los sentimientos y los deseos del niño aunque a veces haya que contradecirle, y que cuando establezcan normas y límites a su comportamiento, lo hagan sin cuestionar su afecto por su hijo ni su valía como persona.

Puede soportar la ausencia temporal de los padres
Para que los niños puedan tolerar la ausencia temporal de sus padres sin demasiada angustia, deben haber adquirido algunas capacidades previas. Entre otras, la internalización de la figura de la madre como alguien bueno y confiable y una cierta noción del tiempo. La representación interna de las figuras significativas del niño como personas emocionalmente estables tiene lugar en el curso del tercer año, lo que va a proporcionarle consuelo aún en su ausencia física. El que esto llegue o no a suceder depende de cómo se han ido produciendo las etapas anteriores. Si ha habido una predominancia de experiencias positivas, la imagen global resultará protectora permitiendo la separación y favoreciendo un crecimiento sano.

Por otra parte, en esta edad comienza a desarrollarse un sentimiento del tiempo y de las relaciones espaciales y con ello una mayor capacidad para tolerar la demora de las gratificaciones y para soportar la separación. Conceptos como “más tarde” o “mañana” se han vivenciado en relación a las “idas y venidas” de la madre, pero ahora empezarán a usarse como organizadores de la experiencia. Para que en esta etapa pueda tener lugar una separación sana y no traumática es necesario que anteriormente se haya establecido con el niño una relación positiva que le permita, paulatinamente, soportar periodos de separación en la confianza de que sus padres van a regresar sin ninguna duda.

En esta etapa también es común plantearse la incorporación del niño a la escuela. Es el momento adecuado, pero resulta necesario hacerlo sin prisa. Es conveniente que el niño tenga relación con personas distintas a las que integran el núcleo familiar. Es también aconsejable que el niño pueda estar una noche en casa de los abuelos o que salga a dar un paseo con familiares o amigos que mantengan con él relaciones frecuentes. Por último la incorporación a la escuela debe ser un proceso lento, ya que en ella suele haber un cúmulo de estímulos que no son fácilmente controlables para un niño sin visión. En resumen, el proceso de separación es imprescindible para que el niño se haga persona, pero el ritmo debe ser respetuoso con su proceso de maduración.

Establece con el padre una relación específica y significativa
El papel del padre, en esta edad, es decisivo para que la relación tan fuerte que había entre el hijo y su madre vaya abriéndose y permita la incorporación del niño al mundo social.

A partir de los dos años y medio o tres años, el niño se da cuenta de que papá y mamá tienen entre sí una relación muy especial de la que él está excluido. Esto no le gusta nada y pretenderá colocarse en medio, con el fin de retener para sí a uno de los dos miembros de la pareja y que el otro “moleste lo menos posible”. Esto resultaría muy cómodo, pero condenaría al niño al infantilismo eterno. Renunciar a estos amores infantiles y a esta situación privilegiada en la que papá o mamá colman todos los deseos es ineludible para adaptarse a las exigencias del mundo exterior, poder tener amigos y emprender la vida propia.

El padre desempeña un papel clave en este proceso porque él, que también quiere mucho a su hijo, le puede ayudar a desprenderse paulatinamente de la madre y a renunciar a algunos deseos para conseguir determinados logros. A él le corresponde la tarea de hacer ver al niño que, aunque exija algunos esfuerzos, el mundo exterior también es atractivo, y que hacerse mayor tiene algunas ventajas. A veces, cuando el niño tiene alguna discapacidad, los padres tienden a retraerse y a no exigirle la aceptación de las normas que sí le exigirían si no tuviera discapacidad. Piensan quizá que “estos niños tienen muchos problemas”; que “ya tendrán tiempo de sufrir”; y que “de momento están mejor con la madre”.

Estas actitudes suelen acarrear importantes problemas de adaptación para los niños. Acaban siendo caprichosos y poco respetuosos con las necesidades y los sentimientos de los demás y, a la larga, suelen ser rechazados, lo que les reporta a ellos mismos un sentimiento de insatisfacción y soledad. Por otra parte, padres y madres son modelos de identificación. O sea, el niño irá tomando de cada uno aspectos de su conducta o rasgos de su personalidad, que incorporará a su propia identidad como chico o chica que pertenece a una cultura determinada. En este sentido, los varones se identificarán más con los padres y las mujeres con las madres. En la práctica esto implica que los padres (varones) deben jugar con sus hijos, bajar con ellos a la calle para realizar algún cometido, escucharles, contarles cuentos, etc. En definitiva, deben establecer con ellos una relación propia particular y diferente de la que tienen con las madres.

Comprende y acepta algunas normas
A los tres años los niños son capaces de entender que en muchas ocasiones deben aceptar y atenerse a algunas normas para conseguir un objetivo o una gratificación. Al principio obedecen para conservar el afecto y la aprobación de los adultos. A los tres años comprenden ya que para alcanzar una meta es necesario realizar determinadas acciones.

Hay dos tipos de reglas que a esta edad ya se pueden interiorizar: las que hacen referencia a los hábitos de vida diaria y que tienen gran trascendencia en la socialización, por ejemplo, que para salir a la calle hay que ponerse los zapatos, que después de bañarse hay que ponerse el pijama... Y las que se refieren a las tareas manipulativas, cognitivas o motoras encaminadas prioritariamente al aprendizaje, como por ejemplo: mantener atención y orden suficiente para ejecutar una torre, organizar un material para clasificarlo...

No obstante, es natural que no siempre estén dispuestos a tolerar estas reglas y que a veces intenten saltárselas y “salirse con la suya”. Es importante que las normas sean firmes, pero que no resulten arbitrarias. Las reglas están para favorecer la adaptación a la realidad y la eficacia en las tareas y no deben variar en función del ánimo de los adultos que las impongan. Así, si unos días los padres prohíben que el niño duerma en la habitación con ellos y otros días se lo permiten porque están más cansados, o si unos días se le permite jugar con el mando de la televisión y otros días se le prohíbe, el niño pensará seguramente que no existe ninguna razón para respetar las normas y que es simplemente el capricho del adulto el que impone su criterio. Por otra parte, tampoco se pueden poner excesivas normas que restrinjan demasiado las posibilidades de acción del niño. Hay que ser estrictos en las cuestiones más importantes y permisivos en aquéllas otras que tengan una importancia secundaria.

A veces, la deficiencia visual, o cualquier otra discapacidad, hace que los padres no pongan límites suficientes a sus hijos. Sin embargo en este aspecto, no tendría que haber diferencias con respecto a otros niños sin déficit, ya que unos y otros han de adaptarse necesariamente a la realidad. No obstante, si a pesar de mantener en casa unas normas coherentes, el niño después de los tres años o tres años y medio se opone sistemáticamente a la aceptación de las mismas, es conveniente consultar con un profesional con experiencia en este campo.

Empieza a interesarse por otros niños
Durante los primeros dos años de vida los niños suelen tener un mundo de relaciones restringido a su familia, amigos de ésta y algunos otros adultos de su entorno. Hasta esta edad sus juegos han sido individuales o con adultos y su interés por los iguales ha sido escaso. Este mundo suele están algo más reducido en el caso de niños con discapacidad. A partir de los dos años o dos años y medio el niño empieza a observar con cierto interés las actividades que realizan otros de su misma edad.

Empieza a percibir que a esas “personitas” de su mismo tamaño no sólo le une la estatura, sino muchas cosas más: les interesa “su juguete”, le hablan con su misma “lengua de trapo”, lloran como él y reclaman también a sus mamas... así que “algo de interesante tendrán”. Sin embargo, en esta edad, están todavía lejos de una verdadera interacción. No son capaces de mantener juegos cooperativos y no están dispuestos a compartir sus juguetes. Su actividad sigue siendo individual, aunque la realizan en paralelo con otros niños de forma que unos imitan los juegos de los otros. Habitualmente, el niño ciego ha permanecido más apegado a sus padres, y a otros adultos allegados a la familia.

En general la relación con otros niños ha estado más limitada, aunque cuando hay hermanos, primos, vecinos... la interacción con los iguales se facilita mucho. La falta de visión dificulta cualitativamente la comunicación gestual, la observación y la imitación, que tanto peso tienen, en esta edad, en la relación con los iguales. Estas dificultades se hacen especialmente patentes en esta etapa, en que el lenguaje es todavía incipiente y la movilidad grande.

El niño ciego tiene más dificultades para identificar a los otros y reconocer a cada uno por su voz; saber dónde están; elegir con quiénes quiere jugar y dirigirse hacia ellos; saber a qué están jugando y cómo se juega... Pero lógicamente, él también necesita relacionarse con sus iguales. Por ello, hemos de estar más pendientes en este período en el que se le presentan experiencias interesantes, pero que entrañan a la vez dificultades.

Es normal que los adultos, y particularmente los padres, vivan estos momentos con desazón al percibir la diferencia del niño con respecto a los demás, y las dificultades que van a suponer para él estos primeros pasos hacia la vida en sociedad. Este temor es normal, pero podemos en alguna medida allanar al niño este camino.

Durante un tiempo, los adultos más próximos, debemos estar disponibles para hacer de mediadores entre él y sus compañeros. Sin duda, la escuela favorece también este proceso. podemos Inicialmente, facilitar situaciones de juego con un solo niño. Por ejemplo, jugar a rodar un balón de chapas entre ellos, cantar juntos una canción o contarles un cuento... Más adelante, puede ir ampliándose el número de niños, facilitando así su incorporación al grupo. Puesto que en muchas situaciones sociales el niño ciego estará en una situación de cierta desventaja, es conveniente buscar juegos en los que pueda sentirse cómodo. Así, podemos organizar corros sencillos, juegos de piscina con otros niños, turnos para deslizarse por un tobogán, parejas para subirse a columpios o balancines...

Más adelante también tendrá que asumir que hay algunas cosas que no va a poder hacer por su deficiencia visual, aunque ello no le impedirá encontrar otras con las que disfrutar, desarrollarse y tener amigos con los que compartir intereses.

El lenguaje oral predomina sobre cualquier otra forma de comunicación gestual
Hacia los tres años el lenguaje de los niños ciegos es bastante similar al de sus compañeros videntes. Mantienen conversaciones relativamente largas y utilizan frases complejas. No obstante, los niños sin visión suelen emplear más descripciones verbales sobre lo que están haciendo o lo que van a hacer, reclaman y preguntan más a los adultos y, en general, disfrutan mucho con la comunicación verbal. Es habitual que muchas de las preguntas que hacen no esperen respuesta.

No es extraño que un niño ciego pregunte para reclamar nuestra atención. Por ejemplo, si no sabe qué hacer o dónde estamos. En estos casos es mejor tranquilizarle, y descubrir para qué nos necesita, que dar sucesivas respuestas a una retahíla de preguntas que en realidad no puede asimilar. Otras veces lo que necesita es calmarse. Por ejemplo, porque le ha asustado un ruido o porque no sabe bien qué va a pasar cuando llegue al cumpleaños de un compañero al que ha sido invitado. Por último, a veces, pretende realmente obtener información. Los niños sin visión necesitan frecuentemente preguntar muchas cosas que los niños videntes comprueban por sí mismos.

En este caso es adecuado responder a sus preguntas, teniendo siempre en cuenta que debemos dar una información asequible para su edad y cuidando en lo posible que la información tenga un correlato experiencial o pueda ser al menos integrable en su mundo de experiencias. Todas estas situaciones resultan comunes y naturales entre los niños con deficiencias visuales graves. Ahora bien, cuando las preguntas no tienen ninguna finalidad o carecen de sentido o, al menos, nosotros no alcanzamos a dárselo, puede tratarse de alguna señal de desviación del desarrollo o de que algo no marcha bien.

Es también posible que se dé un cierto retraso en el empleo correcto de pronombres personales, posesivos o demostrativos que impliquen formas verbales distintas en función del sujeto que hable. Por ejemplo, es muy común que un niño sin visión diga, hacia los dos años y medio y refiriéndose a sí mismo: “dáselo” en vez de “dámelo”; o que utilice incorrectamente los pronombres que implican referencias espaciales como: “este”, “ese”, “aquel”. Sin embargo, cuando no hay alteraciones significativas, la mayoría de los niños ciegos emplean correctamente los pronombres antes de los tres años. Existe además una dificultad específica en la adquisición del lenguaje en niños sin visión: el impedimento para aludir a un referente, el que media entre el significante y el significado. Esto es, cuando un adulto pone palabra a un objeto o acción mira a la vez a ese objeto y cuando el niño lo mira también, lo nombra, emparejando así consistentemente el símbolo y lo simbolizado, al menos en los comienzos del lenguaje. Es preciso cuidar en las primeras etapas que el niño ciego ponga palabras a objetos o acciones de las que tenga experiencias reales.

En resumen, cuando el niño ciego realiza un desarrollo favorable, o sea, adaptado a su déficit, adquirirá un lenguaje rico y expresivo. Si el lenguaje se hace ecolálico y descontextuado, se hace difícil de comprender y/o pierde capacidad comunicativa, es preciso realizar un diagnóstico diferencial que ayude a comprender y remediar, en lo posible, lo que pueda estar ocurriendo.


7.2. Área de compresión sensoria motora y cognitiva


Puede elegir entre dos alternativas propuestas
Hacia los tres años el niño es ya una persona con gustos bastante definidos. Cada niño, cada sujeto, es diferente y sólo podrá progresar si actúa desde su propia motivación. Es verdad que los adultos, como padres o como educadores, tenemos que orientar y a veces dirigir sus actividades, pero es importante procurar que el niño tome iniciativas y decida en lo posible de acuerdo con sus intereses y con lo que en un momento pueda apetecerle. Si los adultos son siempre los que deciden o dirigen las tareas, los niños tenderán a hacerse sometidos, inseguros y desmotivados.

Procuraremos pues, ante muchas actividades cotidianas o de aprendizaje, ofrecerle dos o tres alternativas siempre que sea posible. Por ejemplo podemos darle a elegir entre varios postres; preguntarle si prefiere un cuento o escuchar una canción; si quiere trabajar con las construcciones o intentar hacer un collar... Realiza diferentes acciones simbólicas de forma aislada A esta edad el niño ciego puede ya realizar diversas acciones simbólicas referidas a un mismo sujeto, aunque no tengan una secuencia lógica entre sí. Por ejemplo, da de comer a su muñeco, lo viste, lo acuesta y lo lleva de paseo.

Posteriormente este conjunto de acciones se organizará para poder realizar la representación de papeles o roles sociales. Esto es, hacia los tres años, representa varias acciones sin tener todavía en su cabeza que el conjunto de estas actividades integra un papel, por ejemplo, el de madre, o el de maestro. Las acciones, además, no respetan una ubicación en el espacio ni una organización temporal coherente: puede peinar a la muñeca y a continuación bañarla, o darle de comer y acostarla en el mismo lugar.

Inicia el trabajo en espacios bidimensionales Hacia los tres años la mayoría dé los niños videntes trabajan habitualmente con lápiz y papel y otros materiales gráficos. Los niños ciegos se incorporan algo más tarde al trabajo en espacios bidimensionales; sin embargo, algunos materiales facilitan el paso desde el espacio tridimensional al plano. Merece la pena referirnos aquí a tres materiales especialmente idóneos para niños ciegos, que son equivalentes a las pizarras y sustituyen de alguna manera el material gráfico. Con ellos podemos trabajar conjuntos, conceptos numéricos como ninguno, muchos, uno, dos, nociones espaciales como dentro / fuera... Y otros objetivos de etapas posteriores:

• Tableros de pinchitos: es un material común de venta en cualquier juguetería. Son paneles perforados con juegos de chinchetas de plástico de distintos tamaños. Hay que completar este material con uno o dos aros de plástico o madera y alguna goma o cinta gruesa que servirán para delimitar espacios.

• Franelograma: es un material de confección artesanal. Puede fabricarse con un tablero de contra chapado de madera de un tamaño aproximado de 40 por 30 cm. que hay que forrar con una tela en la que se adhiera fácilmente la cinta de velero. Para pegar esta tela es necesario utilizar un pegamento sólido (de barra) y distribuirlo muy homogéneamente por el tablero. Si no es así el pegamento puede filtrarse a través de la tela y ocasionar manchas o bolsas. Sobre este “franelo” el niño podrá colocar y retirar siluetas rígidas de texturas o formas diferentes en cuya cara posterior irá adherido un trozo de la parte áspera del velero.

Un material especialmente idóneo para esta actividad y de gran interés para todo el período de la educación infantil son los “bloques lógicos” o colecciones de figuras geométricas de diferentes formas, tamaños, grosores y colores (en el caso de los niños deficientes visuales pueden sustituirse artesanalmente por texturas). También son útiles las bolsas de siluetas que se venden para pegar en los baldosines de las bañeras. Para trabajar conjuntos o acotar espacios se pueden también utilizar aros aplanados en los que igualmente se pegarán tres o cuatro trocitos de velero.

• Pizarras magnéticas: es un material de venta en jugueterías que incluye una plancha metálica y conjuntos de fichas imantadas que se pueden completar con otras de elaboración artesanal.

Domina los conceptos “dentro-fuera”
Trabajar los conceptos “dentro-fuera” de forma emparejada facilita su aprendizaje. Al principio, se experimentarán con relación al propio cuerpo: entrar dentro de la bañera/ salir fuera de la misma; meter la mano dentro de un bote, o sacarla fuera...

Posteriormente trabajaremos con elementos tridimensionales (botones, cascabeles, canicas, nueces...) que colocaremos dentro o fuera de un bote. Es conveniente emplear recipientes no muy grandes y algo profundos para que el niño pueda sentir con sus manos la sensación de cavidad.

Las cajas planas y muy anchas hacen que esta sensación sea menos precisa. Una vez que el niño haya adquirido el concepto dentro / fuera en tridimensional, hacia los tres años, podemos ya iniciar el trabajo de estos conceptos en un material más plano, específico para niños deficientes visuales, que favorece el paso a lo bidimensional, pero conserva aún algunas propiedades de lo tridimensional, en el sentido de ser un material manipulable: franelograma, tablero de pinchitos y pizarras magnéticas, descritos en el objetivo anterior.

Inicia la diferenciación de tamaños “grandepequeño”
Para iniciar el aprendizaje de los conceptos “grande / pequeño” con niños ciegos hay que trabajar con elementos muy claramente diferenciados. Por ejemplo, “Papá es grande, Luis es pequeño, la pelota de playa es grande, la de tenis es pequeña”. Tengamos en cuenta que no existen objetos grandes o pequeños por sí mismos, sino que son conceptos relativos: una cosa es grande sólo con relación a otra que es pequeña. Primero utilizaremos únicamente dos o tres pares de objetos, pero cuando el niño sepa diferenciarlos, es necesario que generalice estos conceptos. Así, al principio, el niño puede entender que la pelota grande es únicamente esa pelota con la que él ha aprendido. Para la generalización de conceptos es preciso diversificar los materiales: cubos, cucharas, platos, vasos, muñecos... Lógicamente, la diferencia de tamaño entre los pares, se irá reduciendo progresivamente.

Empieza a distinguir los conceptos “encima-debajo”
Antes de cumplir los tres años el niño ha vivenciado ya muchas experiencias corporales relativas a estos conceptos, aunque no se hayan trabajado específicamente. Ahora, el lenguaje y la capacidad cognitiva le permitirán nombrarlos y generalizarlos. Para conseguir esta generalización es importante proporcionar al niño experiencias diversas, tanto referidas al propio cuerpo como a relaciones entre objetos.

Podemos realizar con él juegos motrices como subir encima del tobogán, esconderse debajo de una mesa, pasar por debajo de un puente, saltar encima de la cama, etc. Para trabajar las relaciones entre objetos podemos hacerlo con un juguete que coloquemos encima de la mesa, y que lo escondamos después debajo de ésta. Al principio, guiaremos las manos del niño. Después, podemos pedirle que lo busque dándole pistas sonoras, situando, por ejemplo, una caja de música debajo de la mesa. Por último, le pediremos que lo busque encima o debajo sin ayudarle con otras pistas.

Inicia la diferenciación de formas “redondo, no redondo”
A lo largo del tercer año de vida los niños han manipulado en numerosas ocasiones objetos redondos como canicas, pelotas, naranjas... En esta edad, podemos empezar ya a referir el concepto “redondo” a estos objetos que les resultan tan familiares. Después se irá ampliando el concepto a elementos circulares no esféricos: ruedas, platos, cajas redondas... Es importante trabajar con elementos de tamaños abarcables por la mano del niño (8 ó 10 cm. aproximadamente).

Finalmente, se trabajarán los conceptos “redondo”-”no redondo” con material específico didáctico (bloques lógicos). Así, podemos ofrecerle al niño dos círculos, dos cuadrados y dos triángulos, pidiéndole únicamente que diga cuáles son redondos o no redondos. Al comienzo de esta tarea, podemos facilitarle esta identificación si le decimos que los objetos redondos no tienen picos o esquinas. Para trabajar con los bloques lógicos son muy útiles los franelogramas.

Es importante que el material menudo no se desperdigue por la mesa y que esté siempre en un espacio acotado, en el que el niño pueda localizarlo. Para esto son de gran utilidad las bandejas rectangulares, aproximadamente de las siguientes dimensiones: 25 ó 30 cm de largo por 15 ó 20 cm de ancho y rebordes de unos 4 ó 5 cm. Estos contenedores son imprescindibles cuando estemos trabajando con objetos que rueden. Inicia actividades de clasificación A esta edad los niños ya tienen capacidad de agrupar objetos en categorías o clases. Podemos, por tanto, empezar a plantearles algunas actividades sencillas de clasificación.

Como siempre, debemos empezar por objetos familiares y de fácil identificación. Es divertido, por ejemplo, aprovechar la cesta de la compra para colocar los plátanos en un frutero y meter las naranjas en la nevera, o separar los tenedores y las cucharas al ir a recogerlos... También podemos ofrecer al niño un recipiente con dos tipos de elementos y pedirle que nos dé solamente uno de ellos; por ejemplo, colocar en un recipiente caramelos y macarrones y decirle que nos dé sólo los caramelos.

Después podemos hacer clasificaciones con objetos menos significativos como palos y bolas, o canicas y botones. Recordemos que este material pequeño se debe presentar en recipientes estables y no muy hondos. Usaremos una bandeja rectangular, como las descritas en el objetivo anterior para el conjunto de los objetos y dos cubiletes, uno para cada categoría. Es muy importante que el material se presente y se mantenga bien organizado. Por ejemplo colocaremos la bandeja delante del niño y los dos recipientes pequeños a cada lado de la misma. Si vemos que el niño desbarata el material, debemos prestarle ayuda para facilitarle la tarea, sosteniéndole los botes o fijando la bandeja grande para que no se desplace. En caso de que no pueda llevar a cabo esta tarea aún con ayuda, es preferible plantear actividades más sencillas hasta que el niño sea capaz de mantener un mínimo orden. Más adelante, realizaremos actividades de clasificación en espacios bidimensionales: en los “franelos” o en las pizarras magnéticas, empleando dos aros para delimitar los conjuntos, tal y como se explicó en el objetivo “inicia el trabajo en espacios bidimensionales”.

Domina los conceptos uno-muchos-ninguno
En este período, los niños adquieren las nociones de cantidad a través de situaciones vivenciadas, como ocurre también con otros conceptos. Como es habitual, al principio utilizaremos elementos tridimensionales y siempre que sea posible con significado para el niño. El concepto “ninguno” está en estrecha relación con el de “vacío”. A lo largo del tercer año de vida, el niño se habrá ido familiarizando con esta noción, cuando le decimos, por ejemplo, “no hay ninguna galleta”, “el plato está vacío”, “ya no, hay más bolas”, etc. El niño identificará más fácilmente el concepto “muchos” si experimenta con elementos no muy grandes y con una cantidad suficiente para que pueda sentir su mano llena. Así, por ejemplo, si al niño le gustan las galletitas saladas podemos colocar en un pequeño recipiente muchas galletas y después vaciarlo, o decirle que coja las galletas de una en una, que coja muchas...

Más adelante podemos utilizar, como ya hemos dicho en referencia a otros conceptos matemáticos, elementos menos concretos: fichas, cubos, judías... Hacia los tres años muchos niños ciegos pueden ya trabajar estos conceptos en espacios bidimensionales como son los tableros de chinchetas, las pizarras magnéticas o los franelogramas.

Recuenta un grupo de 1 y 2 elementos
El niño empieza a interiorizar las nociones numéricas de 1 y 2 en referencia a su propio cuerpo: una boca, dos manos, una nariz... Cuando empecemos a incorporar elementos físicos ajenos a su cuerpo lo haremos con cosas que tengan interés para él: galletas, caramelos, coches, o cualquier otra cosa que sepamos que le gusta. El niño sin visión no puede comprobar fácilmente la existencia simultánea de un par de elementos. Para facilitarle esta constatación debemos ofrecer-le un objeto en cada mano: si le damos dos galletas juntas en la misma mano puede darle la sensación de tener una sola. Una vez que tenga las nociones del 1 y el 2 podemos incluir un material más neutro que facilite la simbolización: fichas, botones, anillas...

Cuando trabajemos con este material hay que cuidar algunos aspectos:

• que los objetos se mantengan fijos sobre una superficie para evitar que se deslicen cuando el niño los toque;
• que tengan un tamaño adecuado a su mano. Si los elementos son muy grandes no podrá abarcarlos y si son excesivamente pequeños puede tener dificultades para su localización;
• que estén situados cerca uno del otro para que pueda percibirlos simultáneamente, pero no tan próximos que pueda identificarlos como un único elemento.


7.3.  Área de manipulación

Realiza una exploración organizada de los objetos
Para que los niños sin visión realicen una identificación correcta de los objetos, la exploración de los mismos debe reunir algunas características. Ahora bien, muchas de ellas son de orden cualitativo y están estrechamente relacionadas con otras áreas del desarrollo y con algunos rasgos de la personalidad de cada niño; por esto, no se adquieren en un momento determinado del desarrollo y no dependen directamente de los aprendizajes programados. Cuando el niño explora adecuadamente los objetos, lo hace lenta y suavemente; sus manos están distendidas aunque conservan el tono muscular necesario para sostener el objeto y poderlo tocar; explora activamente y con ambas manos, ya que la mano en reposo no es capaz de percibir; los movimientos son variados y poco uniformes. Las manos del niño realizan funciones y movimientos especializados:

• movimientos envolventes amplios, que giran en torno al dedo pulgar. Éste ofrece el punto de referencia para calibrar las dimensiones del objeto, posicionarlo en el espacio y representarse su forma global;

• movimientos leves, que son los encargados de la exploración de los rasgos particulares y significativos de cada objeto. En estos movimientos, los dedos índices adquieren especial movilidad y las yemas de los dedos perciben ya de forma muy especializada. Por ejemplo los botones de una radio o la ranura de una hucha.

Realiza una explorácion organizada de los objetos
En estas edades, la lateralidad no está completamente definida, pero, en general, la mano menos dominante sostiene el objeto a explorar y proporciona referencias fijas, mientras que la dominante es más activa. Cuando los objetos son muy grandes y no resultan abarcables por las manos del niño, los movimientos exploratorios serán más amplios y simétricos. El niño usará entonces como referencia el eje vertical de su propio cuerpo. Por ejemplo, si quiere conocer un mueble de su habitación o un elemento del parque, se colocará frente a él y, sin desplazarse, usará sus manos y sus brazos como abrazándolo.

Es normal que la exploración no sea todavía óptima, pero si el niño explora de forma muy precipitada o excesivamente pasiva, si explora muy desorganizadamente, si realiza movimientos muy repetitivos, si tiene un tono muscular alterado, si se niega a explorar de forma sistemática, es conveniente consultar con algún profesional que estudie las posibles razones que estén ocasionando estas alteraciones.

Desenrosca y casi enrosca
Para comenzar con la tarea de abrir y cerrar frascos con tapones de rosca, utilizaremos botes redondos de un tamaño abarcable por la mano del niño en los que hayamos colocado previamente algunas baratijas o golosinas. Procuraremos que al principio no sean roscas muy largas o bien le daremos la tapa a medio desenroscar. El niño sostendrá con su mano menos dominante el bote y rodeará el tapón con su mano preferente. Normalmente, puesto que ya sabe abrir otro tipo de botes, tratará de abrirlo tirando hacia arriba.

Para enseñarle a desenroscar, guiaremos sus manos para realizar los movimientos de “girar-soltar-volver a la posición inicialgirar-soltar...” hasta que consiga destapar el bote, que una vez abierto, podrá volcar para obtener las baratijas colocadas en el interior. Para enroscar, primero deberá encajar el tapón en la boca del bote, y le ayudaremos a hacer el giro a la inversa.

Hace torres de piezas sencillas con ayuda
Como ya dijimos, apilar cubos es una tarea clásica de coordinación visomotora, que los niños ciegos realizan más tardíamente, ya que requiere movimientos precisos y bien coordinados. A esta edad la lateralidad todavía no está definida, pero muchos niños muestran ya preferencia para emplear una de sus manos.

Si el niño es diestro los cubos sueltos estarán a su derecha sobre una bandeja o en una caja amplia. Como en otras actividades de coordinación bimanual, colocará su mano izquierda rodeando el borde del cubo superior, lo que le permitirá a la vez localizar y sostener la torre. A continuación, irá tomando los cubos de uno en uno con su mano derecha y los irá colocando en el lugar indicado por su mano izquierda.

Para esta tarea podemos utilizar tanto cubos apilables por tamaños, como piezas de construcciones con formas y tamaños diferentes. También puede resultar divertido apilar otros objetos no destinados específicamente a este uso, como latas de conserva envasadas en cajas rectangulares, tetrapacks de leche o jugos...

Mete monedas en huchas
Esta es una tarea del mismo tipo que las anteriores, en las que la coordinación visomotora debe sustituirse por la bimanual. En general, este tipo de tareas entraña bastante más dificultad para los niños sin visión que para sus compañeros videntes porque la ejecución de estas tareas sin visión requiere mayor control y coordinación motriz. Una vez que el niño haya explorado la hucha, la sostendrá con la mano no dominante, cogiéndola por la parte superior de la misma y colocando suavemente su dedo índice sobre el extremo de la ranura en la que deben ser insertadas las fichas o monedas.

Tomará la moneda entre el dedo pulgar y los dedos índice y corazón de la mano dominante, para controlar que la posición de la moneda sea adecuada, o sea, vertical. En esta posición dirigirá su mano al sitio exacto donde le indica el dedo índice de la otra mano.

Utilizaremos al principio huchas redondas u ovaladas del tamaño adecuado a la mano del niño (6-8 cm de diámetro aproximadamente). Es conveniente que la hucha pueda abrirse y cerrarse, a fin de que el niño compruebe que la moneda que él ha insertado cae al fondo de la misma.

Ensarta cuentas gruesas una en cuerda semirrígida
Es una de las actividades más complejas del periodo referidas a la coordinación bimanual y requiere unas ciertas habilidades motrices: control tónico-muscular, independencia funcional de brazos, manos y dedos, flexibilidad de las articulaciones, coordinación de movimientos... Antes de empezar a ensartar cuentas en cuerdas, es aconsejable ensartarlas en palos verticales con soporte (existen en el mercado materiales variados muy adecuados para ello).

Al principio utilizaremos cuentas cilíndricas u ovaladas, no muy grandes (2 ó 3 cm. de largo por 1,5 ó 2 de diámetro). Las primeras cuerdas que empleemos tienen que estar enhebradas en una “aguja” rígida de plástico o madera. Luego podemos utilizar cuerdas semirrígidas, por ejemplo, macarrón de plástico. El niño debe sostener la cuenta entre los dedos pulgar, índice y corazón de su mano izquierda, aproximando el dedo índice al borde del orificio. En la mano derecha sostendrá la aguja entre los dedos corazón y pulgar y adelantando el dedo índice hacia el extremo que debe insertarse en el orificio. Una vez encajada la aguja, correrá la cuenta sobre ella hasta que sobresalga por el otro orificio. En esta posición, cogerá la cuenta con la mano derecha y tirará del palo con la mano izquierda, haciendo que ésta pase a la cuerda. En el caso de que el niño muestre preferencia por la utilización de su mano izquierda, las posiciones serán las inversas.

Dirige una mano donde le indica la otra en espacios bidimensionales
Ya hemos repetido en varias ocasiones que una adecuada coordinación de ambas manos es imprescindible para que los niños ciegos puedan realizar eficazmente las funciones de percepción y ejecución. Es necesario que el niño consiga dirigir su mano dominante al lugar preciso que le indica su otra mano. Si ambas manos no trabajan en “equipo”, el resultado final de la tarea es imposible.

Ya desde los dos años aproximadamente habíamos empezado a sistematizar actividades con material tridimensional en las que una mano percibía y la otra ejecutaba la tarea de precisión. Hacia los dos años y medio o tres años podemos ya trabajar con material bidimensional, iniciando así tareas preescolares y como paso previo para la lecto-escritura.

La realización de actividades en espacios bidimensionales, equivalentes a las tareas de papel y lápiz de los niños videntes, requiere el dominio de las habilidades manipulativas de las que venimos hablando y una relativa organización espacial. A la adquisición de estas habilidades han contribuido todos los juegos motrices que el niño haya realizado: tapar, meter, apilar, ensartar, etc. Pero ejercicios ya específicos para este objetivo son los que podemos realizar con los tableros de “colorines” o pinchitos, los franelogramas y las pizarras magnéticas.

Pediremos al niño que sitúe su mano menos dominante en un punto concreto del tablero y que coloque en ese lugar una de las piezas con las que estemos trabajando. Es importante que la mano que indica la posición donde debe situar la pieza no se desplace ni se levante del tablero.

Encaja un círculo en un tablero individual
El encaje de formas en tableros excavados es una tarea perceptivo cognitiva en la que interviene en buena medida la coordinación viso-motora, por lo que resulta más complicada para los niños sin visión. Existen en el mercado tableros excavados con tres o cuatro formas geométricas básicas que por el momento no son adecuados para los niños ciegos. Algunas marcas comerciales tienen encajes de una sola forma que resultan mucho más idóneos para comenzar este trabajo.

Procuraremos que estas formas tengan algún pomo para que puedan asirse con más facilidad. El orden lógico de aprendizaje es primero el círculo y posteriormente el cuadrado, el triángulo y el rectángulo, aunque hacia los tres años trabajaremos normalmente sólo con la primera figura. Permitiremos que el niño explore el círculo, lo ruede y lo manipule hasta que se familiarice con esa forma.

Después, le haremos tocar el tablero excavado, haciendo que pase su mano por los bordes de la forma y cuidando que el tablero no se desplace. Le daremos bastante tiempo, ya que los bajorrelieves entrañan mayor dificultad para ser percibidos. Una vez hechas estas actividades preparatorias, el niño podrá deslizar la ficha dentro del hueco correspondiente.


7.4.  Áreas de motricidad gruesa, esquema corporal y organización espacial


Se desplaza con intencionalidad
Hacia los tres años, el niño ciego ya puede dirigirse con bastante eficacia hacia un destino concreto en interiores conocidos. Así, por ejemplo, si quiere desplazarse desde su cuarto hasta la cocina sabe que tiene que encontrar la puerta del armario, doblar la esquina que le lleva a la puerta del dormitorio, seguir después la pared del pasillo y entrar por la primera puerta donde espera encontrar alguna experiencia agradable. Es importante que el niño se desplace habitualmente con una intención determinada (ir a la cama, al baño, a la mesa de la cocina para merendar...)

Es indicador de un desarrollo más adaptado que desee claramente llegar a la mesa aunque se desvíe un poco en su itinerario, que camine sin finalidad, aunque llegue a ella por azar. Si observamos una marcha deambulante, sin intencionalidad, y esto es habitual en el niño, es aconsejable consultar con un profesional con experiencia en niños deficientes visuales.

Monta en triciclo sin utilizar los pedales
Montar en triciclo es una actividad divertida a la vez que un buen ejercicio de coordinación motriz y supone una nueva forma de desplazamiento.

Para el niño ciego, además, es una forma segura de desplazarse ya que la rueda delantera hace de parachoques y él se siente protegido.

En etapas anteriores, ya estaba acostumbrado a subir en el balancín y el correpasillos. El triciclo es el siguiente escalón y no supone dificultad especial, siempre que lo haga por espacios interiores, salvo que requiere algo más de equilibrio.

El niño sujetará el triciclo por el manillar y se montará a horcajadas pasando una pierna por encima del sillín. Caminar hacia adelante no le supondrá problemas y pronto manejará el vehículo con soltura.

Cuando lo controle y lo maneje con seguridad podemos ayudarle para que suba los pies a los pedales y guiarle hasta que comprenda que si empuja alternativamente con uno y otro pie el coche avanza. Avanzar con los pies en los pedales es bastante difícil para los niños ciegos y la mayoría de ellos lo consiguen entre los tres y los cuatro años. Es difícil porque removimientos quiere de las piernas bien coordinados y porque supone despegarse del suelo, que es su referencia más segura. No debemos tener ninguna prisa, pero sí darle la oportunidad de que lo conozca para que lo aprenda cuando tenga madurez suficiente.

Salta con los pies en el suelo con algún apoyo
Hacia los 18 meses la mayoría de los niños sin visión pueden saltar con los pies juntos sobre una pelota grande o encima de una cama elástica, sujetos a nuestras manos. Es un poco más difícil impulsarse sobre una superficie rígida. Podemos ayudar al niño a dar este impulso poniéndole sobre un escalón o un pequeño trampolín y tomándole de las manos, tirar levemente hacia arriba y, así mantenido, frenar la bajada. Luego repetiremos este ejercicio ya en el suelo, primero cogido de ambas manos, después con un solo dedo de cada mano y, posteriormente con otros apoyos (una silla o una barandilla...) Lógicamente, haremos estos ejercicios al ritmo de alguna música o canción alusiva al salto.

Puede correr de la mano del adulto
La ejercitación motriz resulta placentera para todos los niños y además les ayuda a un crecimiento saludable. Los niños ciegos tienen estas posibilidades en cierto modo limitadas. Por eso es importante proporcionarles ocasiones para gozar de un movimiento vigoroso, cuidando en cualquier caso que no se sobreexcite.

Es peligroso que un niño sin visión corra solo por espacios abiertos. Sin embargo, le resultará divertido correr de la mano del adulto. Es muy agradable para el niño al principio que ambos padres o dos adultos de confianza corran con él, tomándole cada uno de una mano. En esta situación no tendrá ningún temor. Se puede iniciar esta tarea en un espacio libre de obstáculos, por ejemplo, en un camino de campo, en una playa, etc.

Experimenta diferentes formas de desplazarse
Una vez que el niño camina de forma independiente, puede aprender a desplazarse de diferentes formas: lateralmente, hacia atrás, cambiando de ritmo, de puntillas, con los talones... lo que le permite incrementar sus habilidades motoras y posibilidades de diversión. Sin embargo debe evitarse la realización de este tipo de ejercicios aisladamente fuera de un contexto de juego.

Es aconsejable, siempre que se pueda, realizarlo con algún otro niño en el marco de algún juego o alguna canción infantil. Existen canciones y juegos de este tipo en los programas utilizados en escuelas infantiles (“pasito a pasito”, “que viene mamá pata”...) o dentro de los folclores típicos de cada cultura. Procuraremos iniciar la actividad junto a una pared como punto de referencia. Por ejemplo: colocados los niños con la espalda en la pared, caminarán hacia adelante y, sin girar su cuerpo, deberán volver al punto de partida. O, desde esta misma posición, y sin despegar la espalda de la pared, alcanzar un punto a la derecha o a la izquierda del niño.

Puede seguir un ritmo
El sentido del ritmo se inicia desde el comienzo de la vida y posiblemente antes de nacer: cuando nos dirigimos a los bebés con un lenguaje entonado, cuando les cantamos canciones de cuna, cuando les acariciamos y les mecemos... En la capacidad que cada niño tenga para seguir o marcar un ritmo determinado intervienen múltiples factores: control motriz, capacidad para la inhibición del movimiento, capacidad de atención, percepción auditiva, etc.

A su vez, el sentido del ritmo incide en muchas facetas del aprendizaje y, en particular, en la adquisición y el dominio de la lecto-escritura. Hay algunos juegos y actividades que podemos realizar de forma intencional encaminadas a favorecer el sentido del ritmo: cantar con el niño canciones infantiles repetitivas y cortas, marcar con palmadas los estribillos repetidos de las canciones infantiles (“el auto de papá”, “debajo un botón”...), marcar un ritmo sencillo con pianos o tambores; marcar las sílabas de palabras sonoras como “to-ma-te”, “pata-ta”, etc. Otras actividades que le ayudan a interiorizar el sentido del ritmo son los juegos motrices: bailar al son de alguna melodía, realizar corros en los que deben hacerse movimientos específicos con ritmos determinados...


7.5.  Área de hábitos y autonomía

Puede quitarse algunas prendas de ropa
Como ya hemos repetido en distintas ocasiones, la independencia en actividades de vida diaria facilita el camino que el niño debe realizar en su proceso de crecimiento. El crecimiento psicológico no es un proceso abstracto sino que se va consiguiendo a través de logros concretos. En este orden de cosas, la independencia en las actividades de vida diaria provoca en el niño una grata sensación de eficacia y normalmente en los padres un sentimiento de satisfacción cuando comprueban que aquel bebé, extremadamente vulnerable y dependiente, empieza a poder manejarse solo en las tareas cotidianas, paso ineludible para conseguir su autonomía en la vida adulta.

A los tres años un niño sin visión puede, si previamente se le ha permitido experimentar y se le han valorado los sucesivos intentos encaminados a conquistar su independencia, caminar solo, beber de forma independiente, utilizar la cuchara, hacer “recaditos” en casa... Y puede también tener una cierta autonomía en las tareas de vestirse y desvestirse. En concreto, puede quitarse los pantalones, y el abrigo o la chaqueta cuando estén desabrochados. Le enseñaremos primero a bajarse los pantalones tirando con ambas manos de la cinturilla o elástico hacia abajo, y, después sentarse para tirar de ambas perneras.

Para aprender a quitarse el abrigo o la chaqueta le sacaremos nosotros una de las mangas y después él deberá únicamente tirar con su mano libre de la otra. Más adelante, y seguramente bastante después de los tres años, podemos enseñarle a quitarse la chaqueta de forma autónoma, tirando con ambas manos de los bordes hacia atrás y cruzando los brazos por la espalda. En esta posición, tirará primero del borde de una manga y después, por delante, se quitará la otra.

Utiliza la cuchara para remover líquidos
En las actividades de vida diaria, la cocina ofrece múltiples oportunidades. Enredar con los utensilios de cocina y manipular líquidos y alimentos variados resulta muy divertido y enriquecedor. A esta edad el niño está familiarizado con el manejo de la cuchara para comer purés y otros alimentos sólidos y semisólidos y puede ya empezar a utilizarla para remover líquidos. Para ello, podemos ofrecerle un cuenco del tamaño de un tazón de desayuno y poner en el fondo un poco de azúcar, cacao o cualquier producto en polvo que sea fácilmente soluble. Permitiremos que el niño toque los polvos en el fondo de la taza y luego añadiremos leche. Es conveniente que la taza quede a medio llenar para que no salpique. Después ofreceremos una cuchara al niño y cogiendo su mano, le haremos remover suavemente el contenido. Es interesante que pruebe la leche antes y después de haberla removido.

Cuando le hayamos ayudado varias veces, él querrá hacerlo solo. Únicamente queda explicarle, cuantas veces sea preciso, que debe hacerlo con cuidado y mantener el tazón bien apoyado en la mesa.

Abre y cierra llaves de agua
Probablemente hace ya algún tiempo que estamos enseñando al niño a enroscar y desenroscar el tapón de una botella y a dar cuerda a alguna caja de música, pero seguramente no queremos en absoluto que enrede en el lavabo o se moje jugando con agua. Estamos tentados quizá de no dejarle que descubra la facilidad con la que puede abrir un grifo, pero a veces los intereses de los adultos entran en conflicto con las demandas del crecimiento de los niños. Controlar el mecanismo de los grifos es necesario a la vez que apasionante para todos los niños y los niños sin visión no son una excepción.

Abre y cierra grifos
Intenta secarse las manos Con cierta frecuencia, la tentación de los padres y de los adultos que rodean al niño sin visión es facilitarle la tarea, porque cuesta trabajo verle cómo se enfrenta a alguna actividad sin poderla realizar al principio correctamente. Es importante soportar ese primer impulso de hacer por él las cosas, que con un poco de paciencia pronto podrá hacer solo. Después de lavarse las manos podemos ofrecerle la toalla y animarle a que se seque. Es una tarea que no entraña ningún peligro ni una especial dificultad. Podemos colocar la toalla entre sus manos y ayudarle a que se seque como si envolviera una mano con otra.

Como ya dijimos anteriormente, es conveniente que el niño toque el toallero, sepa que ese es el sitio destinado a la toalla y aprenda poco a poco a descolgarla y colgarla en el mismo.

Pide ir al lavabo
Ya hablamos en su momento del control de esfínteres y de la importancia de tener paciencia mientras que el niño lo consiga. Hasta ahora hemos tenido que estar pendientes de recordarle que debe ir al servicio. En esta edad debemos ya ir retirando este recordatorio y permitir que sea el propio niño quien sienta y exprese su necesidad.

A veces los padres, temiendo que se produzca algún “incidente”, se adelantan sistemáticamente a las necesidades del niño. Esto en ocasiones es conveniente. Por ejemplo, cuando va a permanecer un tiempo fuera de casa. Sin embargo, es necesario darle tiempo suficiente para que experimente la sensación de necesitar evacuar y de esta manera poder conseguir la regulación de esta función. En cualquier caso, no es extraño que se produzca algún episodio de pérdida de control por una situación de estrés, por hallarse muy interesado en una tarea o por cualquier alteración de la vida cotidiana. Si esto ocurre, hay que aceptarlo con naturalidad, no darle importancia, no castigar al niño ni hacerle sentirse culpable.

Tira de la cadena
Es imprescindible enseñar a los niños a convivir en sociedad y a respetar las normas propias de cada cultura. Pero en ocasiones los padres, si su hijo padece alguna discapacidad, piensan que éste tiene más derechos que obligaciones y le piden pocas responsabilidades. Sin embargo, después de los dos años, aunque los niños padezcan una deficiencia visual grave, deben paulatinamente ir saliendo del cómodo “refugio familiar” e incorporarse a grupos más amplios.

La convivencia armónica en estos grupos pasa necesariamente porque “todos” respetemos las normas sociales. Una de estas primeras normas es el uso correcto de los inodoros. Así, debemos explicar a los niños que siempre que terminen de utilizarlos, deben tirar de la cadena de la cisterna para mantener la taza limpia. Lógicamente, si el niño tiene una deficiencia visual, es necesario enseñarle el mecanismo de las cisternas de los váteres que utiliza habitualmente. Le indicaremos dónde se encuentran los botones o las palancas que las activan, y como siempre, llevándole la mano, realizaremos con él el movimiento preciso hasta que pueda hacerlo solo.

Colabora en algunas tareas de orden
Hacia los tres años, los niños pueden ya colaborar en casa en algunas tareas de orden. Al principio, algunos pueden resistirse y pretender aferrarse a los privilegios de los más pequeños, o sea, a que les sigan haciendo las cosas sin tener que esforzarse demasiado. Sin embargo, si les ayudamos a entender que hacerse mayores tiene sus ventajas, posiblemente lo intentarán.

Tener las cosas ordenadas es bastante cómodo para los niños deficientes visuales, aunque a veces ordenarlas puede resultar algo complicado para ellos.

No debemos ponernos exigentes y hay que ser realistas cuando les pidamos colaboración, o sea, pedirles tareas que sean sencillas o prestarles ayuda si ellos no pueden hacerlas totalmente solos. Podemos pedirles, por ejemplo, que guarden los calcetines en un cajón, que nos ayuden a colocar las naranjas en un frutero, que cuelguen la toalla después de secarse las manos o que recojan con nosotros los tacos de las construcciones. Cuando consigan algunos logros, ellos mismos se sentirán satisfechos y comprobarán que el esfuerzo ha merecido la pena.

 

***
Guia para padres de niños ciegos desde 0 meses a 3 años
Guia para padres Bienvenido
San Miguel Santiago de Chile
Primera Edición, 2008


Publicado por MJA
[15-Dez-09]